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Francisca de Pedraza y la primera sentencia contra un maltratador en 1624

Francisca de Pedraza, imagen de la portada del libro "Una alcalaína frente a un mundo".

La Asociación de Mujeres Progresistas de Alcalá de Henares (Ampadh) creó el Premio Francisca de Pedraza contra la Violencia de Género, en honor a la primera mujer en España que denunció este tipo de violencia y consiguió una sentencia condenatoria para su marido, el maltratador, en 1624.

«Francisca de Pedraza simboliza la lucha que mantenemos las mujeres por nuestros derechos, por no sufrir violencia y sobrevivir incluso a leyes que menoscaban nuestra independencia y libertad», añade.

Francisca de Pedraza ocupa un papel destacadísimo en la lucha contra la violencia machista porque  fue la primera mujer que denunció los maltratos de su marido hasta conseguir el divorcio; un episodio completamente inusual en la fecha en que se produjo, allá por el siglo XVII.

Por ello, es considerada como un ejemplo, un personaje fundamental en la lucha contra la lacra machista.

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Su lucha ha sido rescatada recientemente por los historiadores Ignacio Ruiz Rodríguez y Fernando Bermejo Batanero, profesores de la universidad Rey Juan Carlos de Madrid, en el libro ‘Una alcalaína frente a un mundo: el divorcio de Francisca de Pedraza’.

UNA MUJER INVENCIBLE

Si algo caracteriza la figura de Francisca de Pedraza es su carácter invencible. En un tiempo «nada favorable a los derechos de las mujeres», ella acudió a tantas vías judiciales como  fueron precisas para conseguir separarse de su marido y maltratador.

Presentó su primera denuncia  el 28 de julio de 1620 ante el canónigo de la Colegial de la villa de Alcalá. Las constantes humillaciones y agresiones físicas motivaron la solicitud de divorcio, que en cualquier caso no era un procedimiento como hoy conocemos, sino la posibilidad de poder tener un domicilio distinto, para que pudiese vivir lo más alejada de su agresor.

Pese a los numerosos testigos que confirmaron el maltrato, la sentencia, de 16 de septiembre del mismo año, simplemente requirió a su marido, Jerónimo Jaras, «que de aquí adelante trate bien y amorosamente» a su mujer. Algo que evidentemente no hizo.

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Por ello, Francisca de Pedraza interpuso una nueva demanda de divorcio el 6 de julio de 1622, esta vez ante la corte arzobispal. De nuevo, la acusación estuvo ratificada por parte de una multitud de testigos, pero el vicario general simplemente dictaminó el 13 de octubre una amonestación contra Jaras: «de aquí en adelante trate a la dicha su mujer con mucho amor y no le haga semejantes malos tratamientos».

Este segundo reves no arredró a Pedraza, segura de que debía agotar las vías disponibles para liberarse de la condena en vida que pasaba junto a su marido. Después de nuevos pronunciamientos de las autoridades que le obligaban a hacer «vida maridable», Francisca de Pedraza acudió a una instancia todavía mayor: el nuncio del Papa ante los reinos de España, que autorizó llevar el caso ante otra jurisdicción, la Audiencia Escolástica de la Universidad de Alcalá de Henares.

Ella comprendió que en la universidad habría de conseguir justicia. Tras diez años de maltrato continuado, fue en la corte de justicia de la Universidad de Alcalá en donde vino a celebrarse el pleito de divorcio de Francisca de Pedraza, mujer y madre, contra su maltratador.

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Al frente del tribunal una de las personalidades más ilustres de esa histórica Universidad: el afamado jurista Don Álvaro de Ayala, primer colegial con los grados de licenciado en Derecho Canónico y Civil revocó todas las resoluciones anteriores y permitió la separación de Francisca de Pedraza.

Además, ordenó a su marido maltratador que devolviera la dote entregada en el matrimonio y se concedió algo «parecido» a una «orden de alejamiento».  «Y prohibimos y mandamos al dicho Jerónimo de Jaras no inquiete ni moleste a la dicha Francisca de Pedraza… por sí ni por sus parientes ni por otra interpósita persona”, rezaba la resolución.

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Por fin se hizo algo de justicia.

El galardón Francisca de Pedraza, que se entrega en torno al día 25 de noviembre, coincidiendo con el Día Internacional contra la Violencia de Género, para «reconocer a todas las mujeres que sufren la violencia de género».

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