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Una mirada histórica al pasado y al futuro de las huellas dactilares como método de identificación

Casi un tercio de los asuntos consultados a través del SAID, el sistema informático de identificación dactilar que utilizan conjuntamente la Policía y la Guardia Civil, han sido resueltos.
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Desde los tiempos más remotos de la historia el hombre ha intentado establecer sistemas de identificación para diferenciarse unos de otros. Se han utilizado diversos métodos, como la impregnación de dedos en arcilla en la antigua Persia, o en cerámicas en China y Japón.

Durante siglos se han aplicado métodos barbaros y vejatorios como marcas con hierros candentes o tatuajes. Hasta que llegó el siglo XIX, con el nacimiento de la antropometría y de la moderna dactiloscopia, que se ha venido utilizando durante los últimos 130 años.

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La dactiloscopia es la rama la más importante de la lofoscopia y consiste en identificar a las personas a través de los dibujos de las crestas papilares en las yemas de los dedos de las manos, los dactilografías.

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No es un mero estudio anatómico sino un medio de investigación que, en el caso del proceso penal, comprende el análisis de los dibujos analizables, visibles o no, dejados en la superficie adecuada, y su reproducción con el objeto de atribuir a un sujeto la autoria de un delito.

Un tema de frecuente interés en delitos de trascendencia pública en los medios de comunicación, como casos de violaciones, secuestros, asesinatos, etc. Pero su aplicación trasciende a otros supuestos ajenos al proceso penal a los que luego nos referirimos brevemente.

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Se atribuye el descubrimiento de este método al policía de la Sureté francesa Alphonse Bertillón, que inició sus trabajos en 1879, y se reconocen oficialmente en 1884, aplicándose desde 1885 en los centros penitenciarios de Francia.

Antes ya habían hecho investigaciones en la materia los británicos William J. Herschel, administrador del distrito de Hooghly, en Bengala, India, que entonces parte del Imperio británico. Este alto funcionario descubrió la singularidad de las huellas casi por casualidad hacia 1858, como una añagaza para atemorizar a los nativos cuando firmaban contratos con la Administración británica.

Herschel descubrió la importancia que tenía como medio de identificación, con aplicaciones prácticas, como impedir que se pagaran pensiones a impostores en su distrito, un delito muy común en la India en aquel tiempo.

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Aunque ofreció su descubrimiento a sus superiores, no le hicieron caso. Su vida transcurrió plácidamente hasta 1880, cuando leyó en la revista científica Nature un artículo de un compatriota, el escocés, Henry Faulds, especialista en cirugía, que trabajaba como superintendente en el hospital Tsukiji de Tokio, Japón, en el que describía la potencialidad de las huellas como herramienta de identificación en las investigaciones criminales.

Sin embargo, ninguno de los dos pasó a la historia, sino un tercero y un cuarto. El tercero fue Francis Galton, médico antropólogo y estadístico y primo del famoso Charles Darwin. 

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Galton estudió a Herschel y a Faulds y terminó concediendo más importancia científica al primero. La gran aportación de Galton fue su clasificación de tres aspectos de las huellas dactilares: arco, lazos y vertical, junto a los denominados «accidentales». El primo de Darwin volcó todos sus hallazgos en un libro que publicó en 1892 titulado «Fingerprints» (Huellas dactilares), que tuvo la suerte de caer en manos del irlandés Edward Henry, entonces inspector general de la Policía de Bengala.

Henry fue la última pieza, el «cuarto hombre» que convirtió la dactiloscopia en un sistema eficaz de identificación. Este propuso un sistema de clasificación w2perfecto» que permitía el archivo de huellas indubitadas y su comparación con las huellas objetivo de investigación -dubitadas- de una forma relativamente fácil.

El sistema fue estudiado en 1897 por una comisión oficial del gobierno británico, que recibió el encargo de compararlo con el sistema antropométrico francés, imperante entonces. Las conclusiones supusieron el abandono del sistema de Bertillon y la adopción de la dactiloscopia en 1900.

ARGENTINA

Cuando eso estaba sucediendo en Londres, en Argentina el jefe de la Policía de La Plata, Juan Vucetich, un croata nacionalizado argentino, llegó por su cuenta a las mismas conclusiones que Galton, incluyendo los cuatro tipos de huellas y desarrolló e implementó un sistema propio de identificación.

Sistema que el gobierno argentino adoptó en 1895 después del gran éxito obtenido por Vucetich en 1892 con la identificación de la asesina Francisca Rojas en Necochea, provincia de Buenos Aires. Pronto se extendió por Iberoamérica y algunos países africanos, como Egipto.

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España lo adoptó también con pequeñas modificaron que lo perfeccionaron, principalmente la realizada por el doctor Federico Olóriz. Por eso el sistema español recibe el nombre de sistema de identificación Vucetich-Aguilera. Fue implementado en nuestro país en 1909 por el Cuerpo de Prisiones, en 1911 lo hizo suyo la Policía y en 1914 la Guardia Civil.

El dactilograma al que antes aludíamos, puede ser de las siguientes clases: natural, que es el dibujo existente en la yema de los dedos; visible, directamente perceptible por los sentidos; y latente, el producido por el contacto de los dedos con cualquier superficie lisa, no apreciables a simple vista, que requieren para su análisis tratamiento físico, químico, rayo láser o electricidad estática; y artificial, producido sobre papel previamente impregnado de materia colorante.

Los dactilogramas tienen los caracteres de perennes. Duran toda la vida en el individuo. Son inmutables, no cambian y son diversiformes, diferentes en cada individuo.

A los efectos identificativos de autora penal, se trata de contrastar las huellas halladas en un entorno criminal (huellasdubitadas) con las recogidas directamente al sospechoso (huellas indubitadas).

PUNTOS CARACTERÍSTICOS

Las huellas tienen lo que se llaman puntos característicos, que son las principales variantes que presentan las crestas papilares según morfología, ramificación y dirección e interrupciones. Las predominantes son las terminaciones en forma abrupta y las bifurcaciones ,que se conocen técnicamente como minucias.

Los puntos característicos que tienen una frecuencia muy distinta en los dibujos papilares importan a efectos del contraste entre las huellas dubitadas y las indubitadas, teniendo en cuenta como dijimos que científicamente las huellas son irrepetibles y distintas en cada persona del mundo.

Para concluir si dos huellas dactilares corresponden o no a la misma persona se lleva a cabo un procedimiento que comienza con la clasificación de la huella y termina con el «matching» (coincidencia ) o comparación de las aludidas minucias de ambas huellas.

El criterio de cada país,es distinto para exigir el minimo de puntos coincidentes para establecer acreditada la identidad entre el autor de la huella dubitada y el de la indubitada.

En Alemania son 12 puntos, en Gran Bretaña 16, en Colombia 10, por poner algunos ejemplos.

En España se exige judicial y administrativamente de 8 o 10 puntos coincidentes, según sentencias del Tribunal Supremo del 2 de diciembre de 1992 y de 2 de noviembre de 1994.

HUELLAS Y LECRIM

Entrando en la repercusión de la dactiloscopia en el proceso penal español, la referencia a nivel de rango legal en lo que a las huellas se refiere se encuentra en el artículo 326.3 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, que establece que cuando se pusiera de manifiesto la presencia de huellas el Juez de instrucción adoptará u ordenará a la Policia Judicial, o al médico forense, que adopte las medidas necesarias para que la recogida, custodia y examen se verifique en condiciones que garanticen su autenticidad.

La doctrina, siguiendo la jurisprudencia, perfila la naturaleza, garantías y regulación del examen de las huellas como medio de prueba que examinaremos sintéticamente.

La jurisprudencia y doctrina encuadran la prueba dactiloscópica en la de pericial con el carácter de reconstituida, siendo prueba directa en cuanto a la acreditación de la presencia de una persona en un lugar determinado, de acuerdo con la sentencia del Tribunal Supremo de 31 de diciembre de 1999.

La huella dubitada puede obtenerse sin necesidad de presencia del juez y del secretario judicial (sentencia del Tribunal Supremo de 7 de octubre de 1994) dado su carácter técnico, redactándose el atestado con arreglo al artículo 293 y concordantes, y del 334 -referido al cuerpo del delito- de la LeCrim.

Respecto de la huella indubitada, puede obtenerse con el consentimiento del sujeto y también sin él según dos sentencias del Supremo de 12 de abril de 1992 y de 13 de junio de 1994, que lo supedita a previa resolución judicial.

En cuanto a las garantías, el Supremo exige, en primer lugar, la regularidad formal del proceso de obtención y su ratificación en el juicio oral, del que el Alto Tribunal  excluye a los Gabinetes Centrales de Investigación de la Policia y de la Guardia Civil (STS de 6.7 1988 y de 19.1.1990), admitiendo, por razones serias, pedir una contrapericia (STS 31.3.1989 y de 4.7.1990).

Y en segundo lugar un juicio lógico que permita concluir que el autor de la huella indubitada es el del hecho delictivo.

En el plano administrativo las huellas han de constar en el Documento Nacional de Identidad y el pasaporte. Y según el artículo 18 del Reglamento Penitenciario, al ingresar un recluso en prisión se hará su identificación mediante reseña alfabética dactilar y fotográfica.

El articulo 22 establece el cotejo de huella en las excarcelaciones.

Las instrucciones de la Secretaria General de Instituciones Penitenciarias del Ministerio del Interior desarrollan la forma de realización del control de huellas en los diversos casos de salidas de una prisión como permisos,o traslados.

HUELLAS ELECTRÓNICAS, TODAVÍA SIN REGULACIÓN LEGAL

Las huellas electrónicas carecen de regulación legal, pues la Ley 15/1999 de Protección de Datos no alude a ellas  y han tenido que ser objeto de informes del Organo Regulador en España, la Agencia Española de Protección de Datos, y se discute su legalidad en cuanto a su uso en medios de pago que se considera desproporcionado.

Así como tambien en el caso de su uso en el control de ausencia y retraso de alumnos (Informe del Gabinete Juridico 0368/2006), mientras que no se considera desproporcionado en el control del horario de trabajadores.

En Argentina se ha considerado por el Organo Regulador Legal el Banco de Datos de huellas de aficionados de fútbol con la finalidad de garantizar la seguridad en los estadios.

Un informe del Consejo de Europa de 2001 dice al respecto que la recogida y proceso de datos biomédicos debe evaluar su conveniencia frente a otras opciones, tener fines legítimos, informar a la persona y desarrollar procedimientos de certificación y control.

Finalmente nos vamos a referir a dos avances recientes en la investigación dactiloscópica.

En España se comenzó la digitalización de las huellas dactilares en septiembre de 1986 por medio del ACOS-4, un precedente del Sistema Automático de Identificación Dactilar (SAID), con el que fue sustituido en el amo 2000. El SAID es la versión española del AFIS-21 de los norteamericanos y permite la captura, consulta y comparación automática de huellas dactilares agrupadas en fichas decadactilares, monodactilares o en forma de rastro o latente a partir de la lectura de una imagen alineada de rasgos integrales paralelos. Se escanea la huella o se introduce directamente.

Lo más relevante del sistema es que el ordenador coteja la información de su archivo y averigua antecedentes del sujeto investigado o cambio de nombres, si existen sus impresiones dactilares en el sistema. Con ello se averigua en minutos lo que manualmente llevaría año.

En segundo lugar se propugna el estudio de las comunidades de bacterias de la piel como medio de identificación forense. Así lo hace el trabajo no traducido aún el español de la Universidad de Colorado de Estados Unidos y del Instituto Médico Howard Hughes, publicado en 2010 bajo el titulo “Forensic identification using skin bacterias communities» (identificación forense usando las comunidades de bacterias de la piel “ ) dirigida por el profesor Noah Fierer en la revista Proceedings de la National Academy of Sciencies de Estados Unidos.