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La falsificación y la piratería generan pérdidas de más de 8.800 millones de € y de 98.500 empleos al año en España

La falsificaciones nos rodean, como en el caso de los llamados "manteros".
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La falsificación y la piratería causan unas pérdidas de más de 8.800 millones de euros y de 98.500 empleos al año en España, según la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea (EUIPO) que alerta del “efecto negativo” sobre la economía de España que supone la compra de productos falsificados en la campaña de Navidad.

Así, cifra las pérdidas registradas anualmente por nueve sectores productivos en 48.000 millones de euros en la Unión Europea (UE), el 7,4 por ciento del total de las ventas anuales.

Además, se pierden al año otros 35.000 millones de euros en el conjunto de la UE por los efectos indirectos de la falsificación y la piratería debido a las menores compras de productos y servicios que hacen los fabricantes a los proveedores, con la consiguiente repercusión en otros ámbitos.

España es el segundo país por pérdidas totales de ventas y de empleo y el tercero por las pérdidas relativas de empleo en los sectores indicados.

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Es el que mayores pérdidas de ventas acumula en cosmética y bebidas alcohólicas y vino, así como con mayores pérdidas de empleo en estos sectores y en el de vestidos, accesorios y calzado.

Los nueve sectores afectados son: cosmética y cuidado personal, industria de indumentaria, calzado y accesorios, artículos de deporte,  juguetes y juegos, joyería y relojes, bolsos, industria discográfica, bebidas alcohólicas y vino, e industria farmacéutica.

Los cálculos en pérdida de empleos rondan los 290.000 empleos en la UE mientras que a nivel de ingresos públicos consecuencia de la falsificación y la piratería en esos nueve sectores, en concepto de impuesto sobre la renta, IVA e impuestos especiales, se estima en 14.300 millones de euros.

En opinión de Andy Ramos, responsable del área de propiedad intelectual e industrial de Bardaji & Honrado, “Las empresas deberían tener una política bien definida para la protección de sus activos, pensando en la piratería desde el momento de concepción de la creación y durante toda la cadena de producción, distribución y comercialización. Cualquier producto exitoso será pirateado; nos guste o no, ese es un hecho”.

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Contar con política activa de protección de sus activos

Desde su punto de vista “lo esencial es que los creadores, productores, diseñadores, etc., tengan un buen plan de protección para dificultar la realización de copias, para proteger correctamente sus activos y, finalmente, tener recursos en caso de infracción. En los últimos meses estamos comprobando cómo, por la automatización de las industrias, las falsificaciones que antes se hacían en China ahora provienen de la propia Europa, por lo que el tiempo de respuesta de los piratas ante lanzamientos de productos es muchísimo menor al de antes”.

En este contexto, nuestro interlocutor indica que “es fundamental que el creador o productor tenga en cuenta esta tendencia y la prevea en el mismo momento de concepción de su producto para que, posteriormente, los abogados tengamos recursos con los que dirigirnos contra los falsificadores o sus distribuidores”.

Para la abogada y experta en propiedad industrial María Eugenia Mateu, del despacho Mateu & Padres, es evidente que las cifras de este estudio son demoledoras e indican que algo está fallando en el sistema “tampoco se tienen en cuenta las consecuencias nocivas de la piratería para el empleo o para la salud propia. En este sentido, la compra de falsificaciones, por ejemplo, de un bolso o de unas zapatillas lejos de revertir en el tejido empresarial y social español, lo empobrece. “

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La piratería tiene consecuencias nocivas para el empleo y la salud

A su juicio “las especialidades creativas o del sector humanidades, poco o nada pueden hacer si se las sesga alentando la piratería, a saber: una empresa española que invierte en diseño y tecnología deportiva necesita que su esfuerzo creador se vea respetado para poder retroalimentar a todo su ecosistema, nóminas y cotizaciones a la seguridad social incluidas”.

Respecto a la solución a este problema, Mateu señala que es necesario un replanteamiento en favor del respeto a la propiedad intelectual e industrial, máxime porque la era Internet facilita la proliferación de comportamientos infractores cada vez más sofisticados.

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En su opinión “este replanteamiento y sensibilización pasa no sólo por un cambio de conducta en el consumidor sino también por la habilitación de remedios policiales y judiciales más ágiles que permitan a los autores, creadores y empresas operar con la tranquilidad del que se sabe protegido. Eso y un poco más de autoestima, más que merecida, porque España es un país de talento, donde se trabaja mucho y muy bien”.

Para Ramos hay que darse cuenta que “la Ley de Marcas, de Propiedad Intelectual, de Diseño Industrial, etc., da buenas herramientas para poder ir contra fabricantes, distribuidores, comercializadores, responsables de plataformas de Internet o cualquier otro que contribuya a la venta de productos falsificados. En muchos casos no se trata de un problema legal sino de recursos económicos y, especialmente, de mentalización de los productores y diseñadores, ya que no son muchos los que tienen dentro de su ADN la protección de sus activos intangibles”.

 

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