«Tiene la palabra el señor Lesmes Serrano», Margarita Robles a Carlos Lesmes.
Con esta frase, pronunciada en un tono neutral, se dirigió Margarita Robles, diputada y presidenta de la Comisión de Justicia del Congreso de los Diputados, a Carlos Lesmes Serrano, presidente del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) y del Tribunal Supremo.
No hubo saludo previo de ningún tipo al comienzo de la comparecencia, en la tarde del miércoles, en el marco de la Sala Constitucional de la Cámara Baja.
Ni los dos besos típicos en la mejilla. Ni se estrecharon sus manos.
La relación fue gélida. Tan fría como puede ser el peor invierno siberiano. Pero, eso sí, muy educada.
Era la primera vez que Lesmes y Robles coincidían formalmente en una mesa oficial después de que la Comisión Permanente del CGPJ, verdadero órgano de poder de ese organismo -que preside Lesmes-, quitara a Robles su condición de magistrada del Tribunal Supremo por presentarse a diputada, como independiente, en las listas del PSOE por Madrid.
Ni Lesmes ni el CGPJ tenían la obligación de tomar una decisión sobre ese asunto, pero lo hicieron.
Robles denunció por escrito, en los recursos consiguientes, la existencia de una inquina personal de Lesmes contra su persona.
¿Quizá no ve con buenos ojos que una magistrada del Supremo sea diputada por el PSOE?, le plantearon algunos informadores por aquel entonces.
«Olvidáis que Lesmes fue director general en el Ministerio de Justicia durante ocho años, bajo los dos gobiernos de José María Aznar, con el PP, entre 1996 y 2004. Y aquí está hoy, de presidente del CGPJ y del Tribunal Supremo. ¿Cuál es la diferencia?», respondía tajante en esos días precedentes a las últimas elecciones.
Una «inquina» que aparentemente no sólo sentía dirigida hacia ella sino también contra el CGPJ del que formó parte como vocal hasta diciembre de 2013.
Algunas de las primeras declaraciones del nuevo presidente, a principios de 2014, tras tomar posesión, tuvieron ese sentido.
De hecho, tanto el discurso de ayer de Lesmes, como sus intervenciones posteriores, contestando a los diputados, contuvo referencias comparativas específicas al Consejo del que formó parte la actual presidenta de la Comisión de Justicia con el suyo, el actual.
Y lo hizo en un tono de lectura cadenciosa, preparada con cuidado en los días precedentes, conocedor del terreno que pisaba. No en vano, su «coachman», el vocal, exdiputado por el PSOE y antecesor de Robles en la presidencia de esa Comisión, Álvaro Cuesta, ya le reveló los secretos para una comparecencia «eficaz».
«El Consejo ha funcionado a lo largo de 2016 -dijo- como ya hizo en 2015, con un presupuesto de 54,8 millones de euros, que recordemos son 23,2 millones de euros, un 29,7 por ciento menos que en 2010 (el Consejo de Margarita Robles). Esto nos permite afirmar que con menos presupuesto hemos hecho más», primero.
Segundo: «Las partidas destinadas a gastos de protocolo ha descendido en un 77’23 por ciento entre 2013 y 2016». «Si en 2013 se gastaron 32.062 euros en atenciones protocolarias, en 2016 se han gastado únicamente 3.125 euros, como les decía , un 90 por ciento menos».
Tercero: «En 2016 el número de visitas a la web pública poderjudicial.es ha alcanzado la cifra de 5.472.033 visitas (un 60 por ciento más que las contabilizadas en 2012)».
Se le «olvidó», quizá, al presidente del CGPJ, que esa nueva web fue puesta en marcha en la última etapa del anterior Consejo.
Cuarto: «El gran número de jueces en esta situación ‘precaria’ [jueces en expectativa de destino] era, probablemente, el gran problema de la Carrera Judicial y preocupó de manera especial al,actual Consejo desde el inicio de su mandato. En aquel momento, a finales de 2013, nos encontramos con 395 a Jueces en expectativa de destino». «Hoy por hoy no tenemos jueces sin plaza».
En aquel año, de 2014, el ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, suprimió de un plumazo la figura de los jueces sustitutos, dejando a más de mil en la calle, lo que contribuyó a facilitar ese problema.
Y quinto: «Tenemos una excelente política de comunicación -dijo respondiendo a las críticas que haya vertido el representante de Podemos, Jaume Moya-. Aquí hay periodistas, pregúnteles a ellos. Pregunte usted su señoría los periodistas que llevan información de tribunales. Nunca se ha informado tanto y tan pronto como lo hace este Consejo. Siempre. Desde una posición neutral y jamas filtrando e intoxicando. Que es como hay que llevar en una institución una política de comunicación».
Margarita Robles y sus 19 compañeros vocales cumplieron su mandato en diciembre de 2013.
Muchos de sus componentes no llevan nada bien esta dicotomía de «malos», o sea, ellos, los del pasado Consejo, frente a los «buenos», los del actual.
Y mucho menos que a estas alturas de la película, cuando ya han pasado tres años y tres meses de mandato, a un año y nueve meses de su final, se los siga tomando como cabezas de turco.
Lo paradójico es que Lesmes fue nombrado magistrado de la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Supremo por el Consejo de Robles.
Con el voto de Robles, para más inri.
La diputada por el PSOE cumplió con su función de presidenta de la Comisión de Justicia como correspondía y como se esperaba de ella.
Como una señora.
Cuando le volvió a dar la palabra a Lesmes para que respondiera a los señores diputados de la Comisión, le dijo, «señor presidente, tiene usted la palabra». Y él respondió, «muchas gracias, señora Robles».
Eso fue todo.
La frase colofón, con lo que dio carpetazo a la intervención del magistrado fue: «Darle las gracias al compareciente y a las señoras y señores vocales del Consejo así como a todo el personal del Consejo que ha comparecido aquí. Se levanta la sesión. Nosotros continuamos. Reunión de la mesa y portavoces».
Nada más.
La comparecencia de Lesmes había durado un total de 5 horas y 47 minutos.
Sin parar. Sin descansos.
A palo seco.
El presidente del CGPJ aplicó, durante su intervención, la estrategia del aburrimiento, alargándose innecesariamente en explicaciones y repitiendo cosas que ya había dicho antes a sus señorías, dando vueltas y más vueltas.
Un tiempo en el que dejó claro que todo lo bueno en el CGPJ había sucedido desde que él es presidente.
Robles no le hizo ni una concesión. Fue toda formalidad.
Pura apariencia.
Lo que tocaba.