Decálogo de Comunicación clara para el día a día de los juristas

Decálogo de Comunicación clara para el día a día de los juristas

1 / 04 / 2017 05:58

Actualizado el 24 / 07 / 2023 17:54

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Desde la Asociación Internacional Clarity, un cada vez más numeroso grupo de miembros, todos interesados en la claridad del Derecho y la mejora de su comunicación, lanzamos el mensaje de que una parte relevante del trabajo por hacer para conseguir ese interés está en las manos del jurista que trabaja día a día con ese Derecho. En nuestras manos.

El Informe de la Comisión de Modernización del lenguaje jurídico demandó esa claridad, así como quienes desde las universidades de Barcelona, Valencia, León, Salamanca y Pontificia Comillas realizamos estudios de campo previos para dicha comisión. Desde el Grupo de Investigación Derecho y Lenguaje de Comillas-ICADE, del que formo parte, lo venimos reivindicando desde hace muchos años; páginas web, como la del lenguaje administrativo o la de Lenguaje Jurídico, se han movido en la misma línea para llamar la atención sobre las dificultades de comprensión de un Derecho que va dirigido a toda la ciudadanía.

Periodistas y amigos como Luis Javier Sánchez o Javier Badía, animan a la profesión jurídica en esta tarea de la claridad. Somos muchos. Cada día, más.

Con la magistrada Natividad Braceras, del TSJ de Cataluña, ya hemos hecho alusión a esa necesaria claridad en alguna otra ocasión en este medio.

Recientemente, hemos colaborado varias personas en la iniciativa del Instituto Lectura Fácil con su presidente Jorge Pérez, para redactar una breve Guía de lenguaje claro que está enfocada al lenguaje claro en general y además, a la accesibilidad de los mensajes y a la lectura fácil La Comisión Europea editó en el año 2013 un sencillo manual: Cómo escribir con claridad, que proporciona consejos precisos al respecto.

Tratando de aportar, y con esta Guía y experiencias como faro, dejamos unas breves sugerencias por si pueden arrojar alguna luz en el, en ocasiones, oscuro océano de la expresión del Derecho. Al fin y al cabo, hay claridad allí donde no hay oscuridad.

  1. Piense antes de hablar o de escribir. Tenga siempre presente:
  1. a) quién será el destinatario de sus palabras. Recuerde cambiar de registro para adecuar su mensaje a dicho destinatario (si es técnico en la materia o no);
  2. b) cuál es la intención que tiene su mensaje; y
  3. c) qué temas va a tratar.

Como sugirió la Comisión Europea, no olvide, en general, ofrecer una información completa de aquello que debe informar. Hay siete preguntas clave que pueden ayudar a no olvidar ciertas cuestiones al tratar un tema: qué, quién, cuándo, dónde, cómo, por qué y cuánto.

  1. Forma del documento o del discurso. Una fórmula aplicable a numerosos discursos suele contener tres partes: 1) introducción, exposición inicial o encabezamiento; 2) cuerpo del mensaje y, finalmente, 3) pie con mensaje, petición o decisión, final.

No minusvalore el apoyo de información útil como gráficos o imágenes cuando procedan. Son utilísimos.

  1. Orden en las frases. No falla: Sujeto, verbo y predicado (por ese orden). Además, resulta primordial nombrar al sujeto de cada acción y colocar las acciones en el orden en que se producen, sin esconder la información importante en mitad de la frase y reforzando el final de las frases.
  1. Concisión y sencillez. Son aliados de la claridad.

Concisión, o brevedad. No siempre es posible, aunque sí, deseable. Consideramos ideal: alrededor de dos o tres líneas por frase como media y entre doce y quince líneas por párrafo.

Sencillez: emplear expresiones directas y naturales, sin ambigüedades ni circunloquios; y, mejor, en formulación positiva que negativa.

  1. Resulte explicativo en todo aquello que resulte complejo o con datos o cifras que no resulten bien conocidos.
  1. Sea concreto y no abstracto. No divague y sea preciso.
  1. Utilice preferiblemente la voz activa frente a la pasiva.
  1. Olvídese de las subordinadas de las subordinadas. Solo producen cadenas de subordinación incomprensibles.
  1. Evite los términos arcaicos así como los latinismos y extranjerismos en general. Si necesita introducirlos, hágalo con traducción.
  2. Revise y compruebe el contenido de su discurso escrito u oral y ensaye su “puesta en escena”. Sea crítico con su intervención -ni muy severo ni muy condescendiente- y asegúrese, para finalizar, de que su mensaje está suficientemente claro.

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