El PSOE tiene la llave de la gobernabilidad de España en sus manos. Y lo sabe. Así se desprendió de la comparecencia televisiva de su secretario general, Pedro Sánchez, después de que la consulta ilegal llegara a su fin. Una consulta «que pervierte el concepto de democracia», afirmó. Y advirtió a los separatistas que debían guardarse de utilizarla «como coartada para declarar unilateralmente la independencia en Cataluña».
«Quiero manifestar, en este sentido, el respaldo del Partido Socialista Obrero Español al Estado de derecho, a sus reglas y a sus instituciones. El respaldo del PSOE a la integridad territorial de nuestro país que hoy está en riesgo», manifestó, en lo que resultó ser una declaración de intenciones en toda regla.
Una amenaza que parece inminente, pues el presidente Carles Puigdemont, convocó ayer noche una reunión extraordinaria de su Consejo Ejecutivo para las 10.30 de la mañana en el Palacio de la Generalitat.
Todo parece indicar que Puigdemont llevará al Parlamento autonómico el resultado del 1 de octubre con el fin de que se aplique lo que prevé la ley del referendum anulada por el Constitucional: declarar la independencia de Cataluña si gana el sí, cosa que todo el mundo «da por seguro».
Sánchez, después de criticar al Gobierno del PP y al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, así como a Puigdemont, por llevar a España a esa situación, reiteró que pese a las «enormes discrepancias» políticas que separan al PSOE del PP, incluido el modelo territorial, los socialistas están «con el Estado de derecho».
El mensaje de Sánchez al PP y al Gobierno catalán es diáfano: Hay que negociar, encontrar una solución al callejón sin salida en el que se han metido Rajoy y Puigdemont. Una solución negociada dentro de un proyecto de «regeneración política nacional».
«Nos encontramos en un escenario en que las discrepancias ideológicas deben quedar en segundo plano» enfatizó Sánchez, para quien la unidad debe de primar «sobre las siglas de partido y los cálculos electoralistas», porque es el momento de «la razón y el sentido común».
«No hacer nada es la peor forma de abordar cualquier problema», insistió, para recalcar que la mejor estrategia es la del diálogo, por eso exigió al presidente Rajoy una «solución política» y que «negocie» con la Generalitat.
A cambio, se comprometió a garantizar al PP la estabilidad de su gobierno, alejando así la presentación de una moción de censura contra Rajoy, como le exige Podemos.
En la actualidad, el PP cuenta con 137 diputados que, sumados a los de Ciudadanos, hacen 169, 7 menos de la mayoría absoluta, establecida en 176.
Los 85 diputados del PSOE prestarían la solidez necesaria en el Congreso de los Diputados al Gobierno para encarar la búsqueda de una solución con seguridad pues todos juntos sumarían 254 diputados en una Cámara en que el resto de la oposición, todos juntos, harían 100 miembros parlamentarios más.
¿Qué hará el PSOE si Puigdemont hace omiso y sigue adelante con la declaración de independencia, que según la ley tendrá que proclamarse 48 horas después, es decir, entre el nartes y el miércoles?
La referencia al PSOE como un partido de Estado, lleva a pensar que abriría la posibilidad a apoyar a la aplicación del «tan temido» -para muchos- artículo 155 de la Constitución, interviniendo el gobierno de la Generalitat, o incluso, induciendo la intervención del Tribunal Constitucional para que inhabilite temporalmente a Puigdemont y a su gobierno autonómico.