Hoy la muerte de Alfonso Coronel de Palma nos ha sorprendido en esta madrugada gélida del 6 de Febrero de 2018. Como helado está el sentimiento de desolación y tristeza que embarga nuestra mirada.
Alfonso salta el laberinto de la vida y se refugia en las mansas aguas de la laguna estigia.
Donde el cielo es trasparente y su mirada se hará siempre eterna.
Compartimos despacho y amistad, por eso le conozco y puedo decir sin ambages que fue un hombre de compromiso. No tenía más dogmas que su fe, ni más objetivos que hacer lo correcto.
Por eso el destino con certeza le deparará su sitio en el Hades donde reposan los justos.
Fue un abogado de una pieza, cabal y bien formado en nuestra casa común el CEU que también compartimos.
No decía una cosa y hacia otra. Practicaba con el ejemplo. Ejercía la praxis jurídica tanto en el foro como en la moqueta de los despachos.
Se movió en las complejas bambalinas de los poderes fácticos y en los procelosos Piélagos de los medios de comunicación , y en ellos aprendió la lección de Seneca «inurias accipendo, gratias agendo» ( aceptando las injurias y dando gracias).
Pero su corazón profesional latía por el Derecho.
Siempre amable con una sonrisa en los labios en los momentos difíciles trataba de apoyarte. Así lo hizo en cuantas iniciativas tuve como Comisario de exposiciones de arte de la Fundación pintor Enrique Ochoa.
De mirada vivaz, verbo fácil e inteligencia emocional, pensaba más en los ideales que la vida puede engendrar que en las sórdidas pasiones humanas.
Un caballero de la Abogacía y un entrañable amigo se nos ha ido. Aunque solo nos ha tomado la delantera.
Sin duda, para encontrarnos de nuevo en el más allá , en nuestros almuerzos jurídicos y deportivos , donde el afecto siempre alimenta a los que creen el nuevo día.