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Un tiempo nuevo para la Biblioteca del ICAM

Imagen de la Biblioteca del Colegio de Abogados de Madrid. ICAM.
| | Actualizado: 21/04/2018 1:29

No es casual que a iniciativa de la UNESCO se nombrara a Madrid hace ya 17 años Capital Mundial del Libro.

Como no es casual que más de 77.000 abogados y abogadas sintamos orgullo de pertenecer a uno de los Colegios más importantes del mundo; no en vano es el más grande de Europa.

Precisamente uno de los motivos de ese orgullo de pertenencia a la institución es algo tan básico pero al mismo tiempo tan valioso y tan útil como su Biblioteca.

Desde que en 1851 Manuel Cortina y Arenzana expusiera por primera vez a la Junta de Gobierno la idea de crear un espacio destinado a la formación de los letrados “para su mejor instrucción”, el ICAM se ha convertido en lugar destinado al conocimiento y al encuentro entre profesionales.

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De aquel ‘Casino de los Jurisconsultos’, denominación que no hizo fortuna finalmente, heredamos en pleno siglo XXI un fondo documental y un archivo histórico de absoluta referencia internacional para quienes acuden a él en busca de ciencia jurídica y de comentarios a las leyes, de doctrina y formularios, de sentencias…, un catálogo que contiene más de 160.000 referencias y depósitos que alcanzan los 112.000 volúmenes.

Centenarios de legajos, auténticas reliquias y patrimonio de todos los colegiados, fueron dejando paso a ficheros de tarjetas perforadas por los ordenadores y, con la irrupción en irrefrenables oleadas de nuevas aplicaciones tecnológicas, a un verdadero y potente sistema integral de gestión bibliotecaria.

En una corporación orientada al siglo XXI, al servicio de los numerosos y complejos desafíos que encara la Abogacía -algunos aún apenas descifrables-, el conocimiento debe ordenarse, clasificarse, manejarse y explotarse de acuerdo a principios de pura eficacia, más orientados al mundo de la informática que al de las Humanidades.

El proceso de transformación digital, en pleno desarrollo en la Biblioteca del ICAM, no sólo debe entenderse como un cambio profundo pero a nivel técnico sino como una verdadera revolución en el núcleo de las unidades de información, afectando al acceso, a la lectura y hasta a la propia capacitación y formación de usuarios con un elevadísimo nivel de exigencia que nos ponen el listón altísimo.

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Más allá de la dualidad y del choque entre lo que ayer era una prestación de servicios profesionales de carácter físico y hoy lo es virtual, en la era digital no podemos dejar de concebir nuestra biblioteca como un espacio abierto, efervescente, bidireccional,multimedia, silenciosamente bullicioso, interactivo, en el que sea posible la búsqueda de sinergias entre abogad@s y el desarrollo de proyectos colaborativos.

Sí. Entre nuestras paredes guardamos -tocada por incunables, caligrafías y manuscritos medievales- una de las colecciones de libros más prestigiosas del viejo continente.

Son nuestro más sólido aval para mirar a un tiempo nuevo.

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No se puede pretender ejercer el liderazgo social o buscar la excelencia sin las herramientas adecuadas para la organización del trabajo, para una mejor respuesta al cliente, para una segura y adecuada relación con los distintos operadores jurídicos.

Es el futuro.

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Ahí estamos.