Todo el mundo sabe cómo funciona el protocolo del besamanos del Palacio Real, cada 12 de octubre. Los Reyes se colocan en posición y dan la mano a todos y cada uno de los invitados. Y se comienza con el presidente del Gobierno de turno y su esposa, en este caso, Pedro Sánchez y María Begoña Gómez Fernández.
Detrás, por orden de autoridades, la presidenta del Congreso de los Diputados, y consorte, el presidente del Senado y así, en orden decreciente.
Lo que nadie esperaba es que el presidente Sánchez y su señora, después de dar la mano a los Reyes, se pusieran a continuación a dar la mano ellos también a los que les seguían.
Pero fue lo que pasó.
Sánchez y su esposa dieron la mano a los asistentes, hombro con hombro con doña Leticia y don Felipe.
Fue durante apenas unos segundos, pero les dio tiempo a hacerlo con la siguiente autoridad que les seguía, Ana Pastor, que, muy prudente ella, se limitó a sonreír y a hacer un gesto con la cabeza, como diciendo, «vaya, esto es nuevo».
La intervención del protocolo de la Casa Real impidió que el presidente prosiguiera en esa nueva función.
De inmediato abandonó el lugar con un gesto de contrariedad, consciente de la metedura de pata que había protagonizado y que las cámaras de televisión recogieron puntualmente.