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Después de 25 años La Lista de Schindler sigue sobrecogiendo al mundo

Ben Kingsley, Liam Neeson y Caroline Goodall, en una escena de la película.
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Este año se cumplen 25 años del estreno de una de las películas más estremecedoras sobre el Holocausto,”La lista de Schindler”, el film de Steven Spielberg que sacudió las conciencias de millones de espectadores y que a pesar del tiempo transcurrido mantiene intacta su vigencia al narrar los horrores que nunca deben ser olvidados y aún hoy sobrecogen.

“Those who cannot remember the past are condemned to repeat it” (“Aquellos que no recuerdan el pasado están están condenados a repetirlo”), como dice la frase escrita por el poeta y filósofo español Jorge de Santayana que da la bienvenida en polaco a los visitantes del bloque número 4 del campo de Auschwitz.

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Esta película sobre el Holocausto en Polonia  ganó siete premios de la Academia, incluyendo mejor película y mejor director, mejor banda sonora de John Williams, mejor guión por Steven Zaillian, el Óscar a la mejor Fotografía de de Janusz Kaminski, la dirección artística de Allan Starski y Ewa Braun, la edición de Michael Kahn y a los productores Spielberg, Gerald R. Molen y Branko Lustig.

Un filme basado en la novela histórica de Thomas Keneally, “Schindler’s Ark” (“El Arca de Schlinder”), publicada en 1982.

La película fue rodada a pocos metros del campo de concentración de Auschwitz, en otro levantado específicamente para el rodaje.

Steven Spielberg, alma máter del proyecto se ha encargado de remasterizar el negativo original con motivo de su 25 cumpleaños en 4K, Dolby Cinema y Dolby Atmos.

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Un palmarés impresionante para una obra en blanco y negro que se filmó durante 72 días en Polonia y que tiene una apariencia de documental a pesar de sus protagonistas, Liam Nesson como el empresario alemán Oskar Schindler, miembro del Partido Nazi, que salvó la vida de 1.200 judíos dándoles empleo en su fábrica polaca;  Ralph Fiennes encarnando al psicópata oficial de las SS, Amon GöthBen Kingsley  en el papel del contable judío de Schindler, Itzhak Stern.

La Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos seleccionó la “La lista de Schindler” para su preservación en el National Film Registry en 2004.

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En 2007, el American Film Institute la colocó en el octavo lugar de su lista de las 100 mejores películas estadounidenses de todos los tiempos.

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Y es que aunque pasen los años, a pesar de no ser en color y de narrar hechos pasados y sobradamente conocidos, la película tiene una vigencia que los nuevos espectadores descubren con asombro y que brilla inamovible para quienes la ven una y otra vez.

La historia

Oskar Schindler era miembro del Partido Nazi. Hombre astuto y con talento para las relaciones públicas, consiguió la propiedad de una fábrica en Cracovia cuando los nazis acababan de invadir Polonia.

Era un hombre elegante y cuidadoso que escogía con parsimonia su corbata, sus gemelos, su pañuelo y que acude en una de las primeras escenas a un cabaret a confraternizar con los jerarcas nazis.

Su objetivo es hacerse rico aprovechando sus contactos con las altas esferas del partido y por esa razón, en un primer momento y convencido por su contable Stern, emplea a cientos de trabajadores judíos como obra de mano barata y así prosperar rápidamente.

Mujeriego, fumador, bebedor, jugador, está dispuesto a todo para enriquecerse aprovechando la situación bélica de toda Europa.

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Tiempo después y tras la masacre del gueto de Cracovia, toma conciencia de la crueldad del Holocausto y decide proteger las vidas de sus empleados, aun asumiendo graves riesgos personales.

El empresario observa desde su caballo –es una especie de camino de Damasco- cómo los nazis asesinan y deportan a los judíos del gueto.

Entre ellos hay una niña con un abrigo de color rojo, el único punto de color de toda la película. Posteriormente vislumbra el abrigo rojo entre un montón de cadáveres.

Un fotograma de la niña con el abrigo rojo.

A partir de este momento cambia su actitud y termina sobornando  a todo el que puede para salvar la vida de 1.100 judíos a lo largo de la de la Segunda Guerra Mundial.

En la escena final de la película, Schindler se derrumba ante los trabajadores de su fábrica y se culpa por no haber podido salvar más vidas. Es entonces cuando Stern pronuncia la famosa frase: “quien salva una vida salva al mundo entero”.

La película se gestó durante varios años. Leopold Pfeffeberg, uno de los judíos supervivientes de la lista, trató sin éxito durante años interesar a productores, guionistas o directores para que rodaran la historia.

En 1980, cuando entró en su tienda de Beverly Hills el escritor Thomas Keneally, le llevó a la trastienda y le enseñó todos sus archivos para que escribiera un libro sobre la lista de Schindler.

Thomas Keneally aceptó el reto y escribió “El Arca de Schindler”.

Thomas Keneally, el autor de la novela histórica sobre la que se basó la película.

 Sid Sheinberg, de la Universal Pictures, compró los derechos de la historia para Steven Spielberg.

Aunque Billy Wilder se interesó por el proyecto, el director pensó en Roman Polanski, superviviente del gueto de Cracovia que había perdido a varios familiares en Auschwitz, pero que al igual que Spielberg, no se consideró preparado en ese momento para rodar un tema que le afectaba cercana y personalmente.

El rodaje

Finalmente y tras muchos años, fue Spielberg quien decidió ponerse detrás de la cámara, aunque muchos pensaron que no era el más adecuado –estaba terminando de rodar “Parque Jurásico”- para emprender un proyecto de estas dimensiones, tan alejado de sus películas habituales de puro entretenimiento.

Tras la sorprendente decisión de no utilizar el color para desarrollar el relato, la producción se trasladó a Polonia para recrear los escenarios auténticos.

Al no obtener el permiso de rodaje  en Auschwit , se  construyó una réplica al otro lado del puente que lleva al campo de concentración, por lo que durante un tiempo dos siniestros campos se levantaron en el lugar.

Del mismo modo, se buscó ropa de aquella década por toda Polonia para vestir a los intérpretes. En definitiva, Spielberg no cejó hasta lograr la mayor verosimilitud posible, creando para ello la película en blanco y negro más cara de la historia del cine.

En cuanto a los actores, Spielberg no quería grandes estrellas, para que no interfirieran con la historia que se estaba narrando. Para interpretar a Schindler se pensó en el suizo Bruno Ganz quien, años más tarde, hizo de Hitler en “El hundimiento” (2004) aunque finalmente el papel fue a parar a Liam Neeson.

El director y productor de la película, Steven Spieldberg -él mismo judío- con los dos actores principales de la película, Beng Kingsley y Liam Neeson, durante el rodaje, que se realizó a pocos metros del auténtico campo de concentración de Auschwitz, en Polonia.
Ralph Fiennes interpretó al jefe del campo de concentración, el SS Amon Göth, que se entretenía disparando contra los presos con un rifle de precisión desde su apartamento.

El papel del sádico Amon Göth se lo llevó el entonces desconocido Ralph Fiennes, que engordó a base de beber cerveza Guinness para encajar mejor en el papel.

Estaba tan convincente con su terrible frialdad que cuando fue presentado a una de las supervivientes del campo de Plaszow ésta comenzó a temblar de miedo por el parecido que guardaba con el auténtico Göth.

El siempre eficiente Ben Kingsley quedó magnífico como Itzhak Stern, el papel de ayudante de Schindler.

Hay escenas inolvidables, bien por su humanidad, bien por su extrema crueldad, que quedan grabadas en la retina del espectador. La película relata muchas historias grandes y pequeñas, emocionantes o terribles, como la de la limpieza del gueto de Cracovia, en la que Spielberg nos lleva por todo el gueto mientras los judíos son trasladados o simplemente acribillados.

Todo el acto culmina con esa casi onírica imagen de la niña con el abrigo rojo, solitaria y perdida que destaca en medio de la terrible realidad en blanco y negro. Una niña que existió de verdad, Roma Ligocka y que a diferencia del personaje que vemos en la película, logró sobrevivir al holocausto y publicar un libro de memorias titulado “The Girl in the Red Coat” (La niña del abrigo rojo).

Aunque la pequeña actriz le había prometido a Spielberg no ver la película hasta su mayoría de edad, Oliwia Dabrowska lo hizo a los 11 años y quedó conmocionada por las escenas que había rodado sin ser consciente de lo que hacía, pues tenía tan solo tres años.

Especialmente terribles son las escenas en el campo de concentración de Plaszow, donde el sangriento Amon Göth, se divierte disparando desde la terraza de su casa y cuyo retrato psicópata culmina cuando Schindler le relata lo poderosos que eran los emperadores romanos al saber perdonar.

Rodar la escena de las cámaras de gas en Auschwitz fue también muy duro para todos. Spielberg dijo que había sido el día más traumático de su vida. Varias de las actrices, algunas de ellas judías polacas que “no estaban actuando”, sino “experimentado” el horror de las cámaras de gas, sufrieron crisis de ansiedad.

La escena de la cámara de gas fue de las más duras de rodar.

En Cracovia vivían entre 60.000 y 80.000 judíos antes de la invasión nazi de Polonia. Tras enviar a miles de ellos a los campos de exterminio, los nazis hacinaron a unos 15.000 judíos en una zona de la ciudad polaca donde antes vivían 3.000. En marzo de 1943 llegó la «liquidación final» del gueto.

Varios miles terminaron en un campo de trabajo, otros en Auschwitz y muchos murieron.

Los 1.200 de la lista de Schindler sobrevivieron.

El alemán mantuvo el contacto con varios de los judíos, incluidos Stern y Pfefferberg, y sobrevivió gracias a donaciones de los “Judíos de Schindler”, que le llegaron de todo el mundo. Al finalizar la guerra, había gastado toda su fortuna en sobornos y suministros para sus trabajadores.

Sobrevivió como pudo hasta 1949, en que emigró a Argentina, país en el que trató de hacer negocios con la cría de pollos y nutrias.

El negocio quebró en 1958, se separó de su mujer y regresó a Alemania, pero los negocios que emprendió no prosperaron, entre ellos una fábrica de cemento.

Se declaró en bancarrota en 1963 y un año después sufrió un infarto.

Murió el 9 de octubre de 1974.

Está enterrado en un cementerio del Monte Sión, de Jerusalén. Es la única persona que fuera miembro del partido nazi que goza de ese honor. 

Por su hazaña, protegiendo a “sus judíos”, Schlinder fue nombrado Justo entre las Naciones, una distinción que otorga Israel a los no judíos que jugaron un papel activo en defensa de ellos durante la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto. El empresario también recibió en 1966 la Orden del Mérito de la República Federal de Alemania. 

El escritor Herbert Steinhouse, que lo entrevistó en 1948, escribió que «las excepcionales acciones de Schindler provenían de un elemental sentido de la decencia y la humanidad en el que nuestra sofisticada época ya apenas cree. Un oportunista arrepentido vio la luz y se rebeló contra el sadismo y la vil criminalidad que le rodeaba».

En un documental de 1983 se citaban unas palabras de Schindler: «Sentí que los judíos estaban siendo destruidos y tenía que ayudarlos, no había otra opción”. 

Oskar Schlinder es el único miembro del partido nazi que está enterrado en el cementerio de Monte Sión, en Jerusalén; su tumba está llena de piedras, siguiendo la costumbre judía de poner piedras en vez de ramo de flores. Wikipedia.

ALGUNAS HISTORIAS REALES

Itzhak Stern era un judío polaco, contable industrial de Oskar Schindler  en su empresa de menaje de cocina esmaltado, Deutsche Emailwarenfabrik, situada en el centro de Cracovia. Fue el artífice de la redacción de la lista, al informar a Schindler que podía utilizar mano de obra barata judía como personal de su fábrica a un precio más bajo que los obreros polacos. Schindler, reconociendo la ventaja, aceptó la sugerencia de Stern, quien aprovechó esta oportunidad dando trabajo a un gran número de judíos que de otra manera habrían sido calificados como «no esenciales» y posiblemente condenados a un campo de exterminio. En muchas ocasiones tuvo que falsificar documentos de trabajo para hacer que profesores e intelectuales pudieran ser calificados como trabajadores esenciales.

Abraham Bankier era el antiguo propietario de la fábrica de Oskar Schindler y cuyo trabajo y conocimiento de la industria fue quizás el verdadero cerebro detrás la segunda oportunidad brindada a los judíos. Bankier murió de un ataque al corazón en Viena en 1956.

Mieczysław “Mietek” Pemper, secretario personal y taquígrafo de Amon Göth, el comandante del campo de Plaszow, posición que le dio un acceso privilegiado a documentos enviados a las autoridades nazis. Itzhak Stern, contable y el amigo más cercano de Pemper en la oficina de Göth, le convenció de que se podía confiar en Schindler. Pemper ayudó a recopilar y mecanografiar la famosa lista.

Kuba y Helen Beck, números 18 y 611 en la Lista de Schindler, fueron arrancadas de sus familias cuando eran adolescentes y enviadas al campo de concentración de Plazow. En 1944, Helen estaba entre las 300 mujeres enviadas a Auschwitz y milagrosamente rescatadas por el empresario. Solo después de la guerra, mientras buscaba a su familia, supo que había perdido a sus padres y a seis de sus nueve hermanos.

Hela Brzeska, tenía 15 años cuando fue destinada al campo de Göth como ayudante de cocina. Describió a Göth como “un increíble sediento de sangre; caminaba por la fila con sus perros y ordenaba que separaran a la gente. Y tras torturarles, les disparaba a todos en la frente …”

Anna Duklauertambién fue una de las supervivientes. Tras el estreno de la película, recorrió centros escolares transmitiendo a las próximas generaciones un testimonio vivo de Oskar Schindler. Durante los últimos 28 años de su vida, Anna vivió en paz en Virginia Beach.

Rena Ferber, tenía solo 10 años cuando los nazis invadieron Polonia. Más tarde escribió: “No estaría viva hoy si no fuera por Oskar Schindler, mi madre sobrevivió y también mi abuelo. Es una tragedia que Oskar Schindler haya muerto joven antes de que el mundo pudiera reconocer su heroísmo. Sus compatriotas lo tacharon de traidor, para nosotros era nuestro Dios, nuestro Padre, nuestro protector”.

La sirvienta de Amon Goeth, Helena Hirsch, fue liberada por Oskar Schindler de una vida de terror y humillación y de la muerte segura en el campo de exterminio de Auschwitz, tras “ganarla” a Göth en un juego de cartas.

Stella Muller, tenía 14 años y tras la guerra, ayudada por notas, diarios y un vívido recuerdo, logró capturar sus recuerdos del período en un libro: A través de los ojos de un niño, que merece un lugar al lado del Diario de Ana Frank.

Murray Pantirerperdió a sus padres, dos hermanas y cuatro hermanos durante el Holocausto. Después de la guerra, acumuló una gran fortuna en los Estados Unidos y honró a Schindler de una manera especial. Cada vez que se planificaba y construía un nuevo distrito, al menos una calle llevaba su nombre. Solo en Nueva Jersey hay 21 calles de Schindler, e incluso una Plaza Schindler.