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El laberinto de la deuda estudiantil en los Prestamos Renta Universidad: Anatomía de una victoria

Miguel Ángel Llamas
El laberinto de la deuda estudiantil en los Prestamos Renta Universidad: Anatomía de una victoria
Miguel Angel Llamas, el autor de esta columna, es el abogado defensor de los jóvenes que han visto eliminadas sus deudas del Prestamo Renta Universidad por un Real Decreto Ley impulsado por el ministro de Ciencia y Universidades, Pedro Duque, convalidado recientemente por el Gobierno.
07/3/2019 06:15
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Actualizado: 07/3/2019 08:22
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Contexto: último año de la primera legislatura de Zapatero. La crisis aún era invisible. Pretexto: la enseñanza universitaria se bifurca en el marco del proceso de Bolonia.

El máster comienza a ser oficial.

Texto: el Gobierno de España crea y financia los llamados Préstamos Renta Universidad, un programa público que pretendía facilitar el acceso a los estudios de máster y, posteriormente, también de doctorado.

Un préstamo renta, por definición, es un préstamo que sólo se tiene que reembolsar si el prestatario alcanza un determinado nivel de renta, fijado por el Gobierno en 22.000 euros anuales.

Un préstamo renta puede gustar o no. Es, sin duda, un instrumento menos equitativo que las becas. Pero sí debe ser considerado una ayuda al estudio.

Sin embargo, en sucesivas convocatorias hasta la extinción del programa en 2011, el Ministerio de Educación decidió eliminar el umbral de devolución, esto es: el llamado préstamo renta dejó de ser un préstamo renta.

Un préstamo sin más no es un instrumento de ayuda al estudio, sino una herramienta de financiación que implica un grave riesgo de sobreendeudamiento para quien ni siquiera ha comenzado a desarrollar una carrera profesional.

La eliminación del umbral de renta, de consecuencias colosales, pasó desapercibida.

Incluso la propia Administración seguía hablando de Préstamos Renta Universidad.

Falsos préstamos renta.

El sistema de Préstamos Renta Universidad se financia exclusivamente con fondos públicos.

El Ministerio, a través del ICO, cuenta con la colaboración de entidades financieras ávidas de fidelizar a jóvenes clientes.

Los bancos ofrecen su red de oficinas. Nada más. Y nada menos.

Más de 10.000 personas suscribieron estos préstamos.

Desde el año 2013, aproximadamente, centenares de prestatarios, ya titulados, comenzaron a percatarse progresivamente de la realidad de las operaciones: tenían que devolver los préstamos con independencia de su renta anual.

ORGANIZADOS A TRAVÉS DE FACEBOOK Y LOOMIO 

Por su dispersión geográfica, los afectados por los Préstamos Renta Universidad se organizaron desde el principio en comunidades virtuales como Facebook y Loomio.

Deciden buscar asesoramiento jurídico.

Los despachos de abogados concurren con sus respectivos proyectos y presupuestos. La mayoría de despachos plantea una estrategia de litigación individual contra las entidades financieras.

Quien escribe se decanta por la vía colectiva, más asequible y más idónea para afrontar el principal problema: la subrepticia desaparición del umbral de renta.

Se vota.

¡Más de mil personas votan telemáticamente la elección del despacho!

Gana la acción colectiva.

Las dificultades que me encontré al inicio eran incontables: los afectados carecían de recursos económicos; la justicia gratuita resultaba inviable; la Administración y la banca compartían responsabilidad en las deficiencias del programa de préstamos; los bancos colaboradores eran numerosos, cada uno con prácticas abusivas diferentes; la plataforma carecía de personalidad jurídica, etc.

El primer objetivo que me marqué fue reducir el número de adversarios.

HABÍA QUE ACLARAR LA NATURALEZA Y EL ORIGEN DE LOS PRÉSTAMOS 

Si se afianzaba la tesis del origen público del dinero, la concesión del préstamo como procedimiento administrativo y el papel meramente colaborador de los bancos, la Administración podría convertirse en una aliada en la lucha contra los abusos bancarios.

Además, encauzaríamos el problema nuclear de la desaparición del umbral de renta frente a un solo sujeto: el Ministerio de Educación (posteriormente, de Ciencia).

Así lo hicimos. Las reclamaciones presentadas ante el Ministerio y el ICO dieron sus frutos. Las entidades financieras comenzaron a devolver las cantidades indebidamente cobradas en concepto de comisiones, intereses moratorios o descubiertos.

Cuando algún banco se excedió y acudió a los Juzgados, nos defendimos con éxito: recientemente, la Audiencia Provincial de Madrid incluso ha condenado en costas a la entidad demandante.

En esta causa he podido corroborar la importancia de tener una formación multidisciplinar.

Gracias a mi vocación de especialista en Derecho Administrativo, pude subsumir la desaparición del umbral en un supuesto de responsabilidad patrimonial de la Administración por su actividad informativa y procedimental, lo que nos permitía enfocar el asunto de manera colectiva en una sola reclamación.

Gracias a mi experiencia en pleitear contra las entidades bancarias (forzosa en esta década de desmanes financieros), pude detectar e impugnar las prácticas abusivas de las entidades financieras.

Y gracias a mi licenciatura en Ciencias Políticas y de la Administración, conocía el proceso político, el Derecho Parlamentario, las políticas públicas de ayuda al estudio o la mediatización de lo político.

Desde el primer momento tuve claro que había que politizar nuestra demanda. Politizar tiene una acepción vulgar o peyorativa que todos conocemos. Pero politizar es algo más. Politizar es incorporar una demanda social al proceso político. Y ese fue nuestro empeño.

El procedimiento de reclamación de responsabilidad patrimonial seguía su curso.

El Ministerio no cuestionó la legitimación de la asociación de afectados que habíamos constituido.

POLITIZAR EL CASO 

De esta manera, todas las personas afectadas, más de 10.000, y no sólo las 220 reclamantes iniciales, pudieron ser defendidas.

Si politizábamos el caso, forzaríamos una negociación en el marco del procedimiento de reclamación patrimonial.

Y así sucedió.

Tocamos todas las puertas del Parlamento.

Y se abrió una.

El Grupo Parlamentario de Unidos Podemos, con su portavoz de Educación a la cabeza, el diputado murciano Javier Sánchez Serna, se mostró siempre atento y proactivo.

Sánchez Serna logró aprobar una Proposición No de Ley con negociaciones de infarto.

El Congreso de los Diputados instó al Gobierno a tomar las medidas que reclamamos desde el principio.

El mandato parlamentario coincidía con el petitum de nuestra reclamación de responsabilidad patrimonial.

Habíamos ganado una primera batalla de relevancia. El Gobierno dilataba el procedimiento de reclamación y, ciertamente, el tiempo jugaba en nuestro contra, porque la situación económica de los jóvenes prestatarios no mejoraba.

Había que acelerar la solución.

¿Qué más podíamos hacer?

Lo cierto es que teníamos una mayoría parlamentaria, como evidenció la aprobación de la PNL.

¿Por qué no hacer una ley?

La doctrina académica siempre ha rechazado las leyes de caso único.

Había que actuar con suma prudencia y extremar el rigor jurídico.

Nuevamente, Unidos Podemos mostró su disposición a llevar nuestra causa al Parlamento, esta vez asumiendo nuestra Proposición de Ley. La moción de censura propició un nuevo escenario político.

Pensamos que para el PSOE era políticamente más beneficioso solucionar el caso desde el Gobierno que verse forzado a votar la Proposición de Ley de Unidos Podemos.

Tener una ley en la (re)cámara, junto al contencioso, el ruido mediático -nos subimos a la ola de los casos Cifuentes, Montón y Casado- y otros factores menos confesables, nos hizo fuertes en la negociación.

Una hábil pregunta parlamentaria de Javier Sánchez Serna aceleró la solución. El ministro Pedro Duque tenía que responder sí o sí en el Pleno.

¿Qué podía decir?

Duque se comprometió a solventar el problema y, desde aquella respuesta en el Congreso, las negociaciones fluyeron, también gracias al talante dialogante del equipo de Duque.

Las medidas sobre los préstamos universitarios se incorporaron en el Real Decreto-Ley sobre ciencia aprobado y convalidado en el Congreso de los Diputados el último día de la legislatura.

¡El último día!

El umbral de renta se incorpora a los préstamos de todas las convocatorias.

Miles de personas sólo tendrán que devolver los préstamos universitarios cuando obtengan ingresos anuales de 22.000 euros. Miles de personas verán mejoradas sus expectativas vitales.

Victoria, alivio, felicidad.

DOS ELEMENTOS CONTRIBUYERON AL ÉXITO 

Además de la necesaria formación multidisciplinar, me gustaría apuntar dos elementos que contribuyeron a nuestro éxito.

En primer lugar, la capacidad de iniciativa: si quieres soluciones, hay que ponerlas encima de la mesa.

La politización de una demanda social debe ir acompañada de un arsenal de soluciones jurídicas.

Los grandes lobbies que sirven a los poderes privados siempre redactan borradores de leyes.

Necesitamos juridificar las exigencias de justicia social que surgen en la sociedad civil.

El proceso contra la deuda estudiantil tornó en un elenco de subprocesos multisectoriales: administrativos, judiciales, políticos, parlamentarios, mediáticos, etc.

Los esquemas tradicionales del sector jurídico no sirven.

Para ganar hace falta algo más que demandar.

El Derecho no es más, ni tampoco menos, que una técnica sofisticada del poder. El Derecho, sin inventos, no es nada, como dice Juan-Ramón Capella.

Y, en segundo lugar, es muy positivo contar con entornos organizativos adecuados: unidad, disciplina, lealtad, autocrítica y confianza mutua fueron valores siempre presentes en un movimiento social no precisamente fuerte, pero sí cohesionado en torno a un objetivo claro y compartido.

Además, la presidenta de la Asociación de Afectados por el Préstamo Renta, Tamar, actuó con gran inteligencia a la hora de coordinar espacios de trabajo y asumir imprescindibles tareas de gestión.

¡Cuánto talento nos estamos perdiendo como país por la precariedad!

Advertencia: cuidado con fomentar la deuda estudiantil.

Los sueños mercantilistas producen monstruos.

En Estados Unidos la situación es verdaderamente dramática. Que nuestra lucha no sea en vano.

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