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El conflicto legal por la propiedad de los manuscritos de Kafka desemboca en un juicio «kafkiano»

Benjamin Balint con su libro "El último proceso de Kafka. El juicio de un legado literario", convertido en "best seller" mundial.
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Kafka dejó una nota para que todos sus manuscritos fueran destruidos tras su muerte, lo que afortunadamente lejos de cumplirse, desencadenó una batalla legal que se prolongó durante décadas, como revela el libro de Benjamin Balint “El último proceso de Kafka. El juicio de un legado literario”, recién publicado por Ariel.

Su autor desvela para Confilegal las claves del proceso más kafkiano que Kafka podría haber imaginado.

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Kafka agonizaba en 1924 a causa de la tuberculosis cuando envió un carta a su amigo, discípulo, agente y albacea: «Querido Max», decía, «tal vez esta vez no me recuperaré en absoluto …» Salvando entre otras El proceso y La metamorfosis,  todo lo demás que existe.  -exigió Kafka- todas esas cosas sin excepción deben ser quemadas, y te ruego que lo hagas lo antes posible».

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Si no hubiera sido por la insistente defensa de Brod del genio de su amigo, Kafka podría haber destruido todo su trabajo mucho antes de morir.

Al leer sus instrucciones póstumas, Brod no quiso seguirlas.

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Conservó todos sus manuscritos, cartas, anotaciones, incluso garabatos y esta decisión dio lugar a una batalla legal que se ha ejecutado desde la muerte de Brod, en Tel Aviv en 1968, hasta que hace algo más de un año un tribunal de Tel Aviv zanjó la cuestión de una vez por todas.

HUYENDO DE LOS NAZIS

Benjamin Balint relata en el libro medio siglo de juicios y decisiones contradictorias sobre el destino de los manuscritos de Kafka, que Brod llevó consigo cuando en 1939 escapó de Praga ante la llegada de los nazis.

Con los papeles de su gran amigo en una vieja maleta, se dirigió a Jerusalén, donde después de la guerra se dedicó a editar los documentos, que incluían el manuscrito inacabado de El proceso, además de su correspondencia y sus diarios personales, entre otros muchos legajos.

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Después de su muerte, dejó todos los papeles de Kafka al cuidado de su secretaria, Esther Hoffe, con vagas instrucciones sobre los mismos.

Hoffe se resistió a los intentos de la Biblioteca Nacional de Israel, que argumentó que Brod quería que los documentos fueran entregados a su archivo y vendió algunos escritos en una subasta.

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El Archivo de Literatura Alemana en Marbach pagó un millón de libras esterlinas por el manuscrito de El proceso y en el momento de la muerte de Hoffe con 101 años en 2007, estaba negociando con ella para adquirir el resto de la colección.

Kafka murió en 1924 a causa de una tuberculosis. Fue el autor de dos clásicos de la literatura mundial: «El proceso» y «La metamorfosis».

LA GRAN DISPUTA LEGAL

Aquí comenzó la gran disputa legal, cuando la propiedad de los documentos fue reclamada por las dos hijas de Hoffe, Ruth y Eva, derechos contestados en el tribunal de sucesiones por los estados de Israel y Alemania, a través de los representantes de sus respectivas bibliotecas.

Durante todos estos años de litigios, el legado literario de uno de los escritores más famosos del mundo se almacenó en un apartamento de tres habitaciones en Tel Aviv y en dos cajas de seguridad bancarias, una en Israel y la otra en Suiza.

El primer juicio tuvo lugar en 2007, proceso en el que Eva Hoffe  defendió sus derechos sobre los documentos, pero perdió contra el Archivo de Jerusalem una y otra vez.

El libro de Balint comienza en 2016, tras las apelaciones fallidas de la infatigable Eva, que entonces tenía 82 años.

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En ese momento el caso judicial se había convertido en una larga batalla por el legado literario y en una confrontación  en toda regla entre Alemania e Israel, pero como señala el tío de Josef K, en la novela de Kafka, «Un juicio como este siempre se pierde desde el principio».

UNA GUERRA «KAFKIANA»

El autor que había conseguido ser una consonante –K– y que el adjetivo kafkiano se incorporara al lenguaje común para describir toda clase de situaciones absurdas y esperpénticas, se había convertido a su vez en un objeto de litigio que iba más allá de la simple propiedad de sus manuscritos.

Benjamin Balint cree que la historia de los documentos de Kafka es la relación profundamente ambigua del escritor con Israel, aunque mantuvo una actitud escéptica sobre la «cuestión judía», tanto en lo personal como en lo público: «¿Qué tengo en común con los judíos?», se preguntaba en su diario en 1914, y agregaba con humor sombrío, «casi no tengo nada en común conmigo mismo».

Todos estos aspectos de la cuestión son pertinentes al tema de Balint, que es la batalla entre Alemania e Israel por la posesión del legado literario de Kafka, y la difícil situación de las dos mujeres, Esther Hoffe y su hija Eva, atrapadas en un fuego cruzado pero luchando denodadamente contra dos Estados.

La Biblioteca Nacional de Israel estuvo representada durante los ocho años de litigios por Meir Heller. La otra parte interesada fue el Archivo de Literatura Alemana en Marbach, bajo la dirección de Ulrich Raulff, que, como escribe Balint, «deseaba agregar los manuscritos de Kafka a las propiedades de más de 1.400 escritores almacenados en instalaciones mantenidas -muy al estilo alemán- a unos constantes 18- 19 grados centígrados y una humedad relativa de 50 al 55 por ciento”.

LA DECISIÓN FINAL

Finalmente,  en agosto de 2016, el Tribunal israelí dictaminó que los documentos debían ser entregados a la Biblioteca Nacional de Jerusalén sin compensación financiera. El otro litigante, el Archivo de Literatura Alemana en Marbach ,ya se había retirado del juicio para no ser acusado de apropiarse de la herencia nacional judía.

Balint, en un pasaje que Kafka seguramente habría admirado, resume el asunto de manera certera cuando escribe: «Como el hombre de campo en la parábola de Kafka Ante la ley, Eva Hoffe permaneció varada y confundida ante de la puerta de la ley… Su herencia fue el proceso mismo. Paradójicamente, había heredado su desheredación, la imposibilidad de llevar a cabo la voluntad de su madre. Ella solo poseyó su desposesión”.

Eva Hoffe enfermó de cáncer y murió en agosto de 2018 a la edad de 84 años.

La catalogación de los papeles de Kafka aún no ha terminado.

EL AUTOR

Benjamin Balint es investigador de archivos en el Van Leer Institute de Jerusalen y profesor de Literatura en  el Bard College en la universidad Al-Quds de Jerusalem  Colabora en diversos medios de comunicación, The Wall Street Journal, The Weekly Standard y Die Zeit y sus traducciones de poesía hebrea han aparecido en el New Yorker.  Es también autor de Running Commentary y Jerusalem: City of the Book (en colaboración con Merav Mack).