La Audiencia Nacional (AN) ha absuelto al etarra Alberto María Ilundain, alias ‘Mollejas’, del intento de asesinato en octubre 1990 de un vecino de Pamplona, Enrique Muñoz Berrio, «Brillantinas», por falta de pruebas.
El tribunal de la Sala de lo Penal (Sección Tercera) considera probado que Ilundain prestó su coche, un Seat 133, a uno de los miembros del comando ‘Amaiur’, Mikel Castillo, quien resultó herido y falleció, pero no que conociera la estrategia diseñada por éste y los ya condenados por este intento de asesinato (una patrulla policial abortó el atentado).
Por estos hechos ya fueron sentenciados en firme los etarras Bautista Barandalla Iriarte y Juan Carlos Pérez Ojuel.
La Fiscalía y acusación popular pedían para Ilundain 18 años de prisión.
Francia lo entregó el pasado 27 de mayo para este juicio y desde entonces estuvo en prisión preventiva en la cárcel madrileña de Soto del Real.
Tras celebrarse el juicio el pasado jueves, el tribunal ordenó su puesta en libertad provisional, con medidas cautelares hasta que dictara la sentencia.
El tribunal relata en los hechos probados que pasadas las nueve de la mañana del 13 de octubre de 1990, tres miembros del comando -Bautista Barandalla, Mikel Castillo y un tercero no identificado- estaban repartiéndose las armas en el Seat 133.
Indica que en un control rutinario de policías de paisano, fueron sorprendidos y emprendieron la fuga enmedio de un tiroteo con los agentes.
Barandalla fue detenido, Castillo resultó herido y más tarde falleció.
Otro etarra del comando, Juan Carlos Pérez Ojuel, quien en el momento de los hechos se encontraba en otro vehículo para dar cobertura a sus compañeros, también se fugó y fue arrestado dos meses después.
El tercer ocupante del Seat 133 también huyó y nunca fue localizado.
La Fiscalía sostuvo durante el juicio, celebrado la semana pasada, que esta persona era Ilundain, pero en opinión del tribunal «no consta» que esto fuera así.
Los magistrados manifiestan que «no existe prueba alguna objetiva» de la implicación de Ilundain en los hechos relatados.
Barandalla y Pérez Ojuel le incriminaron durante su propio juicio.
En el juicio a Ilundain volvieron a declarar, pero en esta ocasión manifestaron que habían mentido porque entonces el acusado se encontraba huido y creían que no podían causarle ningún perjuicio.
En todo caso, el tribunal señala que las declaraciones incriminatorias de Barandalla y Pérez Ojuel, aunque hubieran sido ratificadas en el juicio a Ilundain, no hubieran sido «bastantes para dictar sentencia condenatoria» contra el acusado, pues «carecen de elemento externo objetivo de ratificación que incida sobre la autoría».
El tribunal tampoco ve una prueba suficiente el hecho de que el Seat 133 fuese propiedad de Ilundain, y destaca que tanto el acusado como Barandalla y Pérez Ojuel coincidieron en manifestar que se lo había prestado a Mikel Castillo «puesto que ambos eran amigos», pero que «desconocía el uso que iban a hacer de dicho vehículo para huir tras la comisión de un atentado».
Además, el tribunal explica que el agente que pidió la documentación al tercer ocupante del Seat 133 que no se ha identificado nunca efectuó una diligencia de reconocimiento fotográfico o de descripción de tal individuo y que ni un solo testigo vio corriendo por las calles de Pamplona al acusado tras el incidente con la Policía.
Tampoco existe prueba dactiloscópica del vehículo que acreditase la presencia del acusado en el mismo dicho día.
«Ninguna prueba existe que acredite la autoría del hoy acusado y su participación en tales hechos. No puede sustentarse una sentencia condenatoria sobre la base de unas declaraciones de coimputados, por muy detalladas que sean, por muy coincidentes que sean, si no existe el imprescindible elemento externo, objetivo, de corroboración de tales testimonios, que incida, precisamente, sobre la autoría. Y tal elemento no existe en el caso», concluye el tribunal.
Ilundain negó en el juicio haber pertenecido al comando ‘Amaiur’ de ETA, así como su participación en el intento de asesinato.
Rechazó contestar a la Fiscalía y a la acusación popular y sólo respondió a las preguntas de su abogada.
Dijo que a la hora en que los terroristas fueron descubiertos por agentes de la Policía Nacional, antes de que pudieran cometer el atentado, él se encontraba en clase de euskera en el casco viejo de Pamplona.
Admitió que conocía a uno de los miembros de ese comando, Bautista Barandalla, y que le dejaba el coche habitualmente cuando lo necesitaba, pero que no sabía para qué lo quería.
Dijo que cuando salió de dar clases ya había rumores del enfrentamiento entre policías y etarras y que las Fuerzas de Seguridad ya habían empezado a buscarle en cuanto supieron que el coche estaba a su nombre.
«Entonces pasé a la clandestinidad», explicó.
Ilundain fue detenido en septiembre de 2001 en Francia y cumplió allí condena por robar 1.650 kilos de dinamita.
En 2006 también fue condenado en el país galo a 17 años de cárcel por delito de asociación de malhechores para fines terroristas por hechos cometidos en 2001, en relación al zulo de Txernóbil, descubierto en 2002 en el Rivière-Saas-et-Gourby (País Vasco francés) en el que la banda terrorista escondió un arsenal durante años.