El Colegio de Abogados de Madrid refrenda a su director de Comunicación, Alfonso Merlos, con condiciones

5 / 05 / 2020 00:25

Actualizado el 20 / 05 / 2020 17:10

El decano del Colegio de Abogados de Madrid (ICAM), José María Alonso, dirigió ayer el debate sobre el futuro del director de Comunicación, Alfonso Merlos, con el mismo oficio que un práctico de puertos atracando los barcos bajo su responsabilidad. Como había previsto previamente a su celebración.

Evitó una votación en favor o en contra del cese de Merlos, convertido, contra su voluntad, en el protagonista de un culebrón que ya dura 14 días en televisión, en medios de comunicación digitales y en redes sociales.

Obtuvo un acuerdo de consenso, evitó la temida imagen de la división y que la sangre llegara al río. 

Consiguió sus objetivos.

Los 14 miembros de la Junta de Gobierno optaron por la segunda opción, de las tres que habíamos enumerado: mantener a Merlos como director de Comunicación pero con condiciones. 

«Vamos a dar una segunda vuelta a la cosa. Se va a revisar su contrato, se va a estudiar si es más apropiado un contrato laboral o como autónomo y si puede seguir yendo a las televisiones, como hasta ahora, porque consideramos que muchas de esas apariciones son incompatibles con ser director de Comunicación del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid«, explicaron fuentes oficiales del ICAM a Confilegal.

Merlos venía operando, hasta ahora, con el ICAM mediante un contrato mercantil suscrito con su empresa, Trocadero Comunicación, S.L., por un total de 180.000 euros, el cuál estaba formado por un fijo de 120.000 euros y un «bonus» de 30.000 euros por objetivos. Los 30.000 euros restantes corresponden al IVA.

La reunión comenzó telemáticamente –a través de la aplicación Zoom– a las 17 horas y duró cinco horas.

El «caso Merlos» no estaba en el orden del día pero la Junta de Gobierno es soberana para debatir lo que considere oportuno y votarlo, si así lo considera. Y lo debatió. Vaya si lo debatió. 

El asunto fue incluido para dar salida a una necesidad que varios diputados consideraron ineludible, después de 13 días de silencio del Colegio.

Cada uno de los miembros de la Junta tuvo acceso a un informe sobre el impacto que el «Merlos Place», como ya se conoce al escándalo que avivó el periodista Javier Negre, dando aire público al plano de la entrevista que le hizo a Merlos en la que una joven periodista amiga de este aparecía, al fondo, semidesnuda, caminando, y que, después, el presentador de Sálvame, Jorge Javier Vázquez, terminó por «universalizar».

Los miembros de la Junta de Gobierno del Colegio de Abogados cuando eran candidatos, en 2017. De izquierda a derecha, Begoña Castro, Ángela Cerrillos, Eugenio Ribón, María Dolores Fernández, Juan Gonzalo Ospina, Manuel Martín, Luis Fernando Guerra, José María Alonso, Raúl Ochoa, María Segimón, Esther Montalvá, Ignacio Monedero, Isabel Zapata y Emilio Ramírez.

Durante el debate, que tomó la forma del río Guadiana, porque se intercaló con otros temas, el caso apareció y desapareció.

Hubo, al menos, tres opiniones críticas, que apoyaron la salida de Merlos del Colegio.

Los hombres de confianza, Manuel Martín, Luis Fernando Guerra e Ignacio Monedero, argumentaron, como era de esperar, su inocencia en el origen del caso.

No fue buscado por él y fue, más que nada, una víctima.

Defendieron su derecho a la privacidad.

Además, recordaron que hasta ese momento nadie había identificado a Merlos como director de Comunicación del Colegio de Abogados.

Ha sido después, cuando el culebrón tomaba forma, cuando afloró su dedicación a la abogacía madrileña. Y se produjo por la denuncia de algunas asociaciones de abogados, recordaron.

Algunas de las ideas que se esgrimieron contra la rescisión del contrato mercantil de Merlos, y, por lo tanto, su despido, fue que eligiendo esa salida se reconocía, por una parte, el supuesto error del Colegio por su contratación.

El murciano, hasta ese momento, había respondido a lo que la institución había esperado de él. Y había satisfacción, si no general, sí mayoritaria, con su trabajo.

Y se le castigaba por algo que él no había buscado de forma expresa y por lo que no tenía culpa alguna.

Por el otro lado, se dijo que la reputación del Colegio había recibido un fuerte golpe y que era necesario tomar medidas tajantes.

Después de cinco horas de debate telemático, cuando el cansancio ya era patente y era evidente que había acuerdo en que la primera solución –que todo siguiera como hasta ahora–, no era aceptable o que se le rescindiera el contrato ipso facto, la cual no tenía mayoría suficiente, el decano Alonso propuso la salida de compromiso relatada.

Sin votos a favor ni en contra. Sin retratarse. Lo que satisfizo a la mayoría.

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