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Y ahora, ¿qué va a pasar en España con el joven Thomas Charles?

El Imagine transportaba casi 500 kilos de coca en compartimientos ocultos. El joven Thomas Charles dejó el barco tres meses antes y se encontraba a miles de kilómetros cuando fue interceptado en Las Azores. A pesar de que los empleadores que lo contrataron han corroborado que el joven nada sabía, ha sido acusado.
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Hoy llega a Madrid, procedente de Amsterdam, el joven británico Thomas Charles, que lleva con su vida pendiente de un hilo desde hace un año y un día.

La cosa parece una condena, y, en parte, lo ha sido. Porque toda su vida se ha trastocado por una Orden Europea de Detención y Entrega (OEDE) procedente del Juzgado de Instrucción 2 de Orihuela, Alicante.

El joven afincado en Holanda, carpintero de profesión y ahora con el título de patrón de yate, fue detenido el 23 de julio del año pasado en la capital de ese país.

Trece días antes el velero en el que había hecho las horas preceptivas para obtener dicho título, el Imagine, había sido interceptado en Las Azores con 497 kilos de cocaína ocultos en habitáculos camuflados.

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Fue una operación policial coordinada en la que participaron las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado de Portugal, Estonia, Holanda y España.

Los supuestos cabecillas han negado que el joven supiera nada de lo que contenía el barco pero, al parecer, no ha servido de nada.

Durante este año, Thomas Charles ha estado en libertad bajo fianza. Ni que decir tiene que su situación le ha afectado en su trabajo, en su bolsillo –se ha tenido que endeudar en más de 37.000 euros para contratar a abogados en Portugal, España y Holanda– y su ánimo, el cual se encuentra muy bajo. 

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Desde julio de 2019 hasta la fecha han sido cuatro los intentos de enviarlo a España.

Nunca se ha negado.

El penúltimo se malogró por la declaración, en España, del estado de alarma, y el último porque a alguien, en la Policía holandesa, se les olvidó que tenían que ponerlo en el avión.

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Hoy llega al aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas, precisamente, procedente del aeropuerto de Schipol, al que se ha desplazado voluntariamente, maleta en ristre, desde su casa.

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Es cierto que, en los últimos días, han sucedido cosas que invitan a la esperanza. Como que la titular del Juzgado de Orihuela se ha inhibido a favor de los Juzgados Centrales de la Audiencia Nacional, por considerar que la competencia del caso les pertenece a ellos.

Pero esa no es la cuestión.

El problema es que el joven puede convertirse en una pieza de la “maquina trituradora” de la Justicia.

¿Por qué? Porque cuando llegue a Madrid, que será hacia las 18.30, será trasladado a una Comisaría, donde pasará la noche. Mañana será enviado al juez de Guardia de Plaza de Castilla, donde decidirá, con un 95 por ciento de probabilidades, mandarlo a la prisión de Soto del Real a la espera de su destino. 

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La Audiencia Nacional todavía tiene que decidir si es competente. Si no lo es, lo enviarán a Orihuela.

Si dice que sí, lo llamarán a comparecer la próxima semana, y a ver qué pasa.

Como mínimo, el joven Thomas Charles se va a pasar entre 7 y 15 días en prisión preventiva. Y si las cosas se complican, meses. 

Su vida, hay que decirlo, no volverá a ser lo mismo.

Su abogado español, Jaime Campaner, solicitó en su momento una Orden Europea de Investigación para que su cliente declarase telemáticamente por videoconferencia desde Amsterdam ante la magistrada de Orihuela.

Pero se le denegó. 

Para el letrado, el internamiento en prisión del joven es una medida desproporcionada, innecesaria y gravosa, y está fuera de línea con la doctrina del Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

No se dan ninguno de los tres requisitos del artículo 503 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal: riesgo de fuga, evitar la ocultación, alteración o destrucción de las fuentes de prueba relevantes y evitar que el investigado pueda actuar contra bienes jurídicos de la víctima o que cometa nuevos delitos.

Durante todo el año precedente ha ido a la Policía y a la Justicia las veces que le han llamado.

No ha faltado ni una.

La colaboración del joven ha sido completa, esperando comprensión desde la parte de la autoridad.

La respuesta ha sido cero.

Thomas Charles se pasará “una temporadita” en lo que algunos internos llaman jocosamente el “Hotel Las Rejas”.

Y no precisamente de vacaciones. Una experiencia que el sistema judicial español le podía haber ahorrado –con el costo consecuente para el erario público– simplemente con una mera reflexión de cinco segundos.

Y un caso menos de posible denuncia de responsabilidad patrimonial por anormal funcionamiento de la Administración de Justicia si los cargos finalmente fueran retirados.

Como decía el popular detective creado por Agatha Christie, Hercules Poirot, “tenemos dejar que nuestras pequeñas células grises trabajen”. Lo que no parece que sea el caso. Porque tiene toda la pinta.