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Por una Abogacía unida que nos sitúe en el lugar que merecen 250.000 abogados

Marcos CamachoEl decano del Colegio de Abogados de Jerez, Marcos Camacho O'Neale, rompe aquí una lanza en defensa de la Abogacía institucional y del papel que juegan los 83 colegios de abogados españoles en la defensa de la profesión.
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Tras el estado de alarma, y tras diez años de decano del Ilustre Colegio de Abogados de Jerez de la Frontera, asisto con cierta perplejidad y no cierta admiración al creciente auge y nacimiento de multitud de asociaciones de abogados, que con alguna legitimidad y con intención de defender los intereses de la abogacía ponen en tela de juicio a los colegios de abogados y a la abogacía institucional en general.

El motivo, es que no se sienten representados por sus colegios y piensan que el futuro de la Abogacía, entre otras muchas cuestiones, sólo es posible a través de las asociaciones y al margen de la colegiación obligatoria.

Y es, por ello, que me veo en la obligación de exponer mi humilde punto de vista y mi defensa a ultranza de los colegios de abogados.

No es esto un acto de jactancia ni de notoriedad, es simplemente una opinión tan válida como cualquier otra.

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Este pensamiento que cada vez está más arraigado entre los abogados y al que responde la cultura anglosajona con asociaciones de abogados, creo que es fruto del desconocimiento de la realidad colegial que impera en España.

De la situación de pánico económico que sufre la profesión por la liberalización de precios que roza la indignidad de en muchos casos.

De la crisis económica que vivimos en muchas ciudades desde el 2008 que ha incluido a la mayoría de nuestros clientes en el arco económico de acceso a la justicia gratuita (TO) con la lógica consecuencia en una merma sustancial de los clientes “privados”.

Del importante censo de abogados ejercientes en una situación económica negativa, larga y mala.

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De la publicidad engañosa que ha generado en la sociedad el pensamiento de que los abogados solo cobran si hay condena en costas.

De la aplicación de las tecnologías, el «big data» y la digitalización al ejercicio profesional, que hace que ahora el despacho rápido se coma al lento y que muchos abogados se vean desbordados y sin capacidad de reacción para conseguir nuevos clientes.

Entre otras muchas circunstancias asistimos a una crisis de valores profesionales en la que muchos creen que todo vale y donde la ganancia y el éxito de hoy es el hambre de mañana.

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LA ABOGACÍA, SOLO UNIDA EN TRES OCASIONES

En mis dieciocho años participando en la abogacía institucional (ocho años de tesorero y 10 años de decano), solo he visto a la abogacía unida y comprometida en una lucha común en tres ocasiones: La lucha por el turno de oficio y la justicia gratuita, la derogación de las tasas judiciales y la reciente habilitación de agosto de 2020 que tantas conciencias ha despertado.

En la Abogacía que conozco y que me ha tocado vivir, siempre ha primado el individualismo y nadie se queja nunca mientras no entren en su cortijo, momento en el cual nos revolvemos contra nuestro colegio y le hacemos responsable de todos nuestros males: el decano debió hacer…, el colegio no hace …, el colegio solo sirve para…, como si fuéramos niños de pecho.

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Pero, ¿alguien que no integre en una Junta de Gobierno se ha parado a pensar si ha estado a la altura?, ¿si ha estado pendiente de que se hagan las cosas que cree importantes?, si ha informado a su colegio de las cosas que le ocurren como abogado, si le ha pedido que se ocupen de tal o cual asunto.

¿Cuántas veces ha acudido a una Junta General?, ¿cuántas veces ha estudiado unos presupuestos colegiales y ha hecho observaciones o peticiones por escrito para que se tomen los mejores acuerdos?.

¿Alguien ha pensado que ha tenido y tiene un colegio a su servicio y que le ha apartado de su vida, pero que aún está a tiempo de servirse de él y cambiar las cosas?

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Mi Junta de Gobierno y yo nos iremos, dejaremos la abogacía institucional pero los colegios seguirán.

Aprovecha el momento y participa, cambia las cosas. Pero no dejes caer tu colegio, por qué no habrá mejor defensa para la profesión de abogado que la acreditada supervivencia de los colegios.

LAS CRÍTICAS TIENEN CIERTA RAZÓN

Los colegios y la abogacía estamos siendo criticados y quizás no sin razón y, si hay que pedir disculpas porque haya asuntos que no han salido como nos hubiera gustado o porque no hayamos sabido parar la habilitación del mes de agosto, pues se piden, todos somos abogados y todos nos hemos visto afectados por la medida y digo todos.

Si hay que pedir disculpas por que la abogacía no ha conseguido aún ser el «lobby» que necesita la profesión pues se pide.

Ni los decanos ni las juntas de gobierno somos infalibles, pero desde luego lo que no voy a hacer, es decir que las asociaciones de abogados con intereses partidistas y particulares son el futuro que la abogacía necesita.

Ya que pienso que son más bien el apocalipsis de la profesión si trabajan al margen y contra los colegios.

Si no se integran en los mismos sumando, en vez de dividir.

Mi visión personal y apocalíptica de la desaparición de los colegios es el fin de la colegiación obligatoria y el fin de la deontología profesional como la conocemos.

El fin del turno de oficio y de justicia gratuita, alguien piensa que si no existieran los colegios de abogados en Andalucía un mini presupuesto de Asistencia de Justicia Gratuita (AJG) de 42 millones de euros en un presupuesto de la Junta de más de 33.000 millones de euros justifica que la Administración soporte la actual presión de la abogacía institucional para mantener la administración del servicio y la mejora de las retribuciones.

¿Quién iba entonces a administrar el servicio de AJG?

Las asociaciones o se privatizaría el servicio o lo asumiría la propia junta. Cuántos de los 43.000 abogados de Turno de Oficio (TO) y AJG que hay en España podrían continuar ejerciendo si no existiera el TO y de AJG tal y como lo conocemos y si no tuvieran a sus colegios luchando permanentemente por el mantenimiento y mejora del servicio con mayor o menor éxito (más del 60 % de los esfuerzos del colegio se destinan a AJG).

¿Quien piensa que, si desaparecen los colegios, no tendrán que pagar cuota a las asociaciones de abogados para que les representen? ¿O es que somos tan ingenuos de pensar que esos representantes van a trabajar poniendo dinero de su propio bolsillo?

¡Por favor!, que somos abogados…, no seamos ilusos.

DE LA LEY A LA LEY

Puede que haya formulas mejores que los colegios profesionales o no, pero debo recordar, que los cambios solo pueden ser duraderos como se hizo en el proceso constituyente si es de “la Ley a la Ley”.

No se trata por tanto de destruir sino de transformar y mejorar, pues solo actuando como grupo profesional organizado, se puede garantizar la estabilidad y fortaleza que la profesión de abogado necesita.

Pero para ello los abogados deben saber y entender cómo nos hemos organizado hasta la fecha y que se pueden cambiar las reglas de juego. Que el cambio está al alcance de todos, sin necesidad de destruir nuestra historia y nuestra profesión.

Lo primero que debemos tener presentes es la función que cumplen los 83 colegios de abogados.

Y como no debo hablar de otros, pondré de ejemplo al colegio de Jerez al cual represento.

Nadie puede poner en duda la legitimación de un colegio de abogados fundado en 1.763 y que desde entonces ha prestado servicio de forma ininterrumpida a sus colegiados y a la sociedad.

El colegio está representado por el decano y la Junta de Gobierno, elegidos por sufragio libre, directo y secreto, siendo el órgano soberano para la toma de decisiones la junta general, ya sea en sesiones ordinarias o extraordinarias convocadas al efecto.

En las que pueden y deberían participar todos los abogados, única y posible forma de cambiar las cosas.

Por lo tanto, es un órgano democrático elegido por todos los colegiados y que representa a todos sus colegiados hayan acudido a votar o no.

Colegio que igualmente está regido por unos estatutos aprobados por la junta general ¿hay algo más democrático?

CONCLUSIONES

Por lo tanto y primera conclusión: todos pueden acudir a las elecciones incluso amparadas o apoyadas por concretas asociaciones de abogados (ya ha ocurrido en algunos colegios con algunas asociaciones).

Este sería un buen principio para el cambio: involucrarse en el colegio y utilizar los medios colegiales para cambiar o transformar las cosas.

La función esencial del colegio es la defensa de los intereses profesionales por medio de su decano y la prestación de servicios de valor añadido a sus colegiados, sin olvidar el control deontológico de la profesión y la defensa de los derechos de la sociedad dentro de su partido.

Para su mantenimiento se nutre de cuotas que abonan sus colegiados y que son aprobadas anualmente con los presupuestos del colegio por la junta general.

Con estas cuotas se paga la infraestructura colegial, el personal y los servicios de valor añadido (gestión de la AJG, bases de datos, programas de gestión de despacho, seguro de accidentes, seguro de Responsabilidad Corporativa, formación, salas virtuales, biblioteca, siga…).

Por lo tanto, ya tenemos la segunda conclusión: si te involucras en el colegio a través de su junta de gobierno y acudes a las juntas generales puedes participar directamente en la toma de decisiones económicas y cambiar las cosas.

El decano representa al colegio y a todos los colegiados y es elegido para llevar a cabo un programa de gobierno colegial con el que se presentó a las elecciones.

Es, además, el interlocutor con la administración de justicia, quien vela por la dignidad de la profesión, quien defiende y ampara a sus colegiados en el ejercicio profesional y quien vela porque la profesión de abogado sea respetada y tratada dignamente en su ámbito territorial.

De este modo, cualquier abogado, aunque no disponga de una situación económica holgada, puede aspirar a la junta de gobierno y al decanato. Lo que desde luego democratiza el acceso a la representación de la corporación colegial.

Los habrá más o menos beligerantes, más o menos dedicados, pero todos desempeñan su función con lealtad al colegio y a sus colegiados ante los que rinden cuentas en las juntas generales.

Esto nos lleva a la tercera conclusión: cualquiera puede acceder al decanato y tratar de cambiar las cosas, sirviéndose para ello de la infraestructura colegial.

Eso sí, siempre que estés dispuesto a renunciar a tiempo de trabajo y a tiempo de familia en beneficio de los abogados y la sociedad.

Y para ello puedes contar con el apoyo de todo tipo de asociaciones de abogados.

Todos los decanos de Jerez que he conocido son “abogados de a pie” y yo llevo casi 25 años de alta en el turno de oficio y trabajo con mi hermano en el mismo despacho (2 abogados).

Ya no estamos en épocas de decanos que venían a poner fin a su carrera profesional, hablamos de que la mayoría de los decanos acceden al cargo cuando están en su plenitud profesional y son elegidos con una media de 40 o 45 años.

Todos han quitado tiempo a sus despachos y familias y lo han sufrido profesionalmente, pueden creerlo o no, pero es así.

Por lo que tenemos la cuarta conclusión: ser decano no es un regalo sino una carga. Es un compromiso que carece de reconocimiento. Es un cargo sin remuneración y que impía costes personales.

Es un cargo que te sitúa de forma constante en el disparadero de tus compañeros y que pocas veces se ve recompensado con una simple palmadita en la espalda. Es un cargo que te obliga a representar a todos tus colegiados: los de turno de oficio, los que no lo están, los jóvenes, los mayores…, y tus decisiones se basan en el interés general y no en el de un colectivo concreto como podría ocurrir con determinadas asociaciones de abogados con intereses particulares.

Es un cargo que te exige responsabilidad y generosidad, amor y respeto a la profesión de abogado.

Pero si te involucras en tu colegio y te presentas a decano te puedes servir de los medios colegiales para trabajar por los abogados, la sociedad y así cambiar las cosas.

DEBATE ABIERTO

Y para ello puedes contar con el apoyo de todo tipo de asociaciones de abogados.

Por lo tanto, me congratulo de que se abra este un debate sobre el presente y futuro de la profesión como no se había dado hasta ahora. De que todos quieran mejorar la profesión.

Y espero que todos se animen a participar activamente en sus colegios como cauce para cambiar las cosas, a meditar y analizar las consecuencias que tendría terminar con los colegios para empezar de nuevo sin saber cómo ni a donde nos llevará el futuro.

El cambio de la Ley siempre debe ser desde la Ley.