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Anillos de libertad

El abogado Jesús Seligrat en la Academia de Jurisprudencia y Legislación, donde presentó la propuesta del 'Defensor del Mayor'. Foto: Carlos Berbell/Confilegal.
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De niño quedé enamorado del corazón de las estrellas por su apasionada forma de brillar en el firmamento, y de mayor descubrí, que cuando no pagamos el recio de su luz, el cielo se ensombrece.

En el amor, como en el dolor, cada ser humano lo sentimos de una forma diferente, y no todos los sentimientos se manifiestan por igual en los corazones enamorados.

Si el amor resulta ser lo que nos une sin mezclarnos, constituye una expresión emocional unitiva en la suma y restrictiva en su desarrollo dimensional.

Pienso, que el amor adolece de tantas definiciones como latidos poseen los corazones amantes y amados, resultando la menos ambigua definición, el trascurso de la convivencia entre corazones unidos por la pasión, entrelazados por la libertad y entregados en lealtad.

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Recientes estadísticas indican que de cada cinco matrimonios que se contraen, tres van a terminar en la separación o divorcio, y los otros dos, alternan entre la estabilidad y el de “juntos, pero cada uno por su destino encontrado”.

Sin utopías, sin demagogias, sin habladurías conservadoras, el matrimonio como institución tradicional, como ancestral templo de convivencia, amor y lealtad se encuentra en crisis, al unísono con la actual crisis mundial económica, social, asistencial, sanitaria, cultural y vivencial.

En nuestro país la magistral y necesaria reforma de las Leyes de 13 de Mayo de 1.981 y 7 de Julio 1.981 colocaron a España, a la cabeza de Europa en igualdad jurídica de derechos entre la mujer y el hombre, y en igualdad ante la Ley, de los hijos matrimoniales, no matrimoniales y adoptivos, regulándose con la referida normativa la disolución del vínculo jurídico matrimonial, y constituyéndose los Juzgados de Familia y Salas de Familia (Real Decreto de 3 de Julio 1.981 ), como órganos judiciales especializados para resolver los distintos procesos de filiaciones, separaciones, divorcios, nulidades civiles, estableciendo los más legítimos y avanzados cauces procesales de la época, gestando resoluciones judiciales, magistrales en la forma, en el contenido y en sus efectos jurídico-sociales, económicos y asistenciales.

Plausible labor de sus magistradas y magistrados, fiscales, profesionales del derecho, psicólogos de familia y asistentes sociales, dictando resoluciones judiciales, que sentaron precedentes no sólo en España sino también en Europa.

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La igualdad entre familias, erradicando la discriminatoria clasificación entre familias legítimas y familias ilegítimas, fue realizada con brillante eficacia y solvente solución por resoluciones judiciales, que están en la historia jurídica de este país, escritas en letras de libertad, progreso y realismo.

Las uniones consensuales, las parejas de hecho, los convivientes de ambos sexos, gozarán y gozan de igualdad en derechos y libertades, por magistral reforma legal progresista y avanzada en el año 2.005, regularizando los matrimonios civiles entre personas del mismo sexo, haciendo justicia a la realidad sentimental, social y vivencial de tantos seres humanos, que durante años estaban aberrantemente discriminados.

La familia, como núcleo social de libertad y convivencia, jamás morirá, ya que la historia de la Humanidad, bien podría definirse, como dos corazones que se unieron por el amor, gestando anillos de libertad.

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Cuando el desamor, la incompatibilidad de caracteres o el fallecimiento de la convivencia, ponen fin a las relaciones de pareja o matrimoniales, en nuestro país disfrutamos de un sistema legal a la cabeza de Europa, con grandes profesionales de la justicia, el derecho y la psicología social para garantizar los derechos jurídico-sociales, económicos y asistenciales a mujeres y hombres, en plena igualdad jurídica, sin ningún tipo de discriminación.

El derecho, como medicina social de las relaciones humanas, constituye el cauce adecuado para solucionar los distintos efectos jurídicos, sociales, económicos y asistenciales de las rupturas matrimoniales o de parejas, evitando indefensión, inseguridad o discriminación, haciendo de la Justicia camino de verdad, reparando al justiciable, perjudicada o perjudicado sin que las disoluciones o separaciones, bien matrimoniales o de parejas constituyan “instrumento equilibrador de economías dispares”, como dice una prestigiosa e histórica sentencia del Juzgado de Familia número 22 de Madrid ratificada por la Sala de Audiencia de Familia, hace ya más de veinticinco años.

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El amor, como todo lo que nace, tiene derecho a morir y cuando fallece, jamás deben brotar odios, rencores, vejaciones, violencia ni deslealtades, siendo la Administración de Justicia la solución viable, reinsertora y eficaz.