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El presidente del Constitucional impone a Rosalina Díaz Valcárcel la Cruz Oficial de la Orden del Mérito Civil

Juan José González Rivas, le impuso a Rosalina Díaz Valcárcel la Medalla al Mérito Civil en un entorno especial: el muro de los magistrados, antecesores suyos, en el tribunal de garantías en el vestíbulo principal del interior de la pirámide truncada, sede de la institución. A la derecha, Manuel Tuero, presidente del BOE, quien propuso a Díaz Valcárcel para esa distinción. Foto: TC.
| | Actualizado: 16/12/2020 10:38

El Tribunal Constitucional es un órgano poco dado a abrir sus puertas porque, por su naturaleza, prefiere el silencio de la clausura. Por lo que la celebración del acto de imposición de la Cruz Oficial de la Orden del Mérito Civil a Rosalina Díaz Valcarcel, que se celebró ayer por la tarde, tuvo un marcado significado.

Y fue el de resaltar una figura a la que ha admirado toda la comunidad jurídica española, como directora general primero y, después, como presidenta de Wolters Kluwer, multinacional jurídica editora, entre otras, de la Ley.

Díaz Valcárcel, además, es la presidenta de la pujante Asociación de Juristas y Profesionales del Derecho San Raimundo de Peñafort, que recientemente entregó sus primeros premios. 

Con la sobriedad impuesta por el protocolo del COVID-19, se celebró el sencillo e íntimo acto a primera hora de la tarde en el vestíbulo que precede al salón de actos principal del Tribunal Constitucional.

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Junto a las fotografías en blanco y negro de los que han sido, desde su creación 1980, magistrados de esa Casa, Manuel Tuero, director general del Boletín Oficial del Estado y promotor del merecido reconocimiento, hizo las veces de secretario y leyó la orden por la que se concedía la condecoración a Rosalina Díaz Valcarcel.

Juan José Gonzalez Rivas, presidente del Tribunal Constitucional, acompañado por los magistrados Pedro González Trevijano, Santiago Martínez Vares y el secretario general del Alto Tribunal, Andrés Gutiérrez, le correspondió imponer la orden a la condecorada.

Durante su intervención, el presidente del máximo tribunal de garantías de España destacó la labor de Rosalina Díaz Valcárcel como editora de grandes obras como los «Comentarios a la Constitución» y los «Comentarios a la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional», obras señeras y de referencia para los juristas.

Entre los invitados estuvieron el catedrático de Derecho Constitucional, Enrique Arnaldo, Gregorio García, director de Colectivos –entre los que se encuentra Justicia– del Santander, Rosalina Díaz Valcárcel, la agasajada, Enrique López, consejero de Interior, Justicia y Víctimas de la Comunidad de Madrid y exmagistrado del Tribunal Constitucional, y Pedro González Trevijano, magistrado del máximo tribunal de garantías.

González Rivas resaltó la justicia de este reconocimiento honorífico que premia una persona emprendedora en el campo del conocimiento y las publicaciones jurídicas de prestigio muy apreciada por los profesionales del Derecho.

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Breve pero emocionadamente, le contestó, agradecida, Rosalina Díaz Valcarcel, quien tuvo palabras sentidas hacia su marido, José Ramón Menéndez, y sus dos hijas, Ana y Blanca, presentes en el acto.

Al acto asistieron también Enrique López, consejero de Interior, Justicia y Víctimas de la Comunidad de Madrid y exmagistrado del Tribunal Constitucional, Gregorio García Torres, director de Santander Justicia, Salvador Fernández, exconsejero delegado de Wolters Kluwers, y Enrique Arnaldo Alcubilla, catedrático de Derecho Constitucional y abogado, todos ellos amigos de la condecorada.

Enfático fue el agradecimiento de Díaz Valcárcel a Manuel Tuero por su generosidad al solicitar para ella la distinción.

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La distinguida, sin embargo, subrayó “su cierta temeridad, al pensar que la merezco y su mucho ingenio, al ser capaz de argumentar mis méritos con suficiente contundencia”.

Rosalina Díaz Valcarcel, finalmente, acreditó públicamente su amor por la literatura y por uno de los mejores ensayistas españoles, Javier Gomá, a quien citó: “Dice Javier Gomá que la ambición de producir con la propia vida una imagen ejemplar y luminosa, lejos de ser privilegio de una minoría, nos interpele a todos sin excepción, universalmente”.

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Por eso la condecoración que –a diferencia de Unamuno– dijo no entender si merece, la entiende únicamente ateniendose al artículo 6 del Reglamento de la Orden de 1998 que establece que premia “la laboriosidad puesta de manifiesto en bien del interés general, y ahí me puedo reconocer un poco más”, concluyó Díaz Valcárcel.