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¿Quién se inventó lo de la balanza y la mujer portándola en una mano y la espada en la otra para simbolizar a la Justicia?

Sobre la cúpula de los tribunales de Old Bailey, en Londres, se encuentra esta estatua de bronce dorado de la dama de la Justicia, obra del escultor británico Frederick William Pomeroy, que fue elevada a su actual lugar en 1906.

La balanza de la Justicia actual procede del Antiguo Egipto, pero no era el símbolo de Maat, la diosa de la Justicia egipcia.

Era el instrumento en el que Anubis, el dios de la muerte que aparecía como un hombre con cabeza de chacal o perro salvaje, pesaba los corazones de los difuntos para determinar si las almas merecían bien el paraíso o ser devoradas por un monstruo horrible.

En esa época, cuando un egipcio –pudiente, se entiende- moría se procedía a la momificación de su cuerpo.

En ese proceso, se le extraían todos los órganos internos y se sustituían por mirra y otro tipo de sahumerios. El único órgano que se dejaba en su interior era el corazón.

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¿Y por qué?

Muy simple: Porque el corazón era la llave hacia el paraíso.

EL LIBRO DE LOS MUERTOS Y EL DESCENSO AL INFRAMUNDO

En el interior del sarcófago, o al lado del cuerpo, se dejaba un rollo de papiro, conocido como “El libro de los muertos”. Este texto era de vital importancia para el “Ba”, como se denominaba al alma del difunto, que era el que tenía que iniciar su camino hacia la otra vida.

Porque para llegar a ella tenía que pasar por el inframundo o Duat, un peligroso lugar habitado por monstruos de todo tipo, lagos de agua hirviente, ríos de lava y de fuego.

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Para superar todas las pruebas el Ba, a guisa de un Indiana Jones de hace 4.000 años, tenía que afrontar todos los peligros sirviéndose de los conjuros contenidos precisamente en “El libro de los muertos”.

Si conseguía el éxito, llegaba a las puertas de la otra vida de la civilización egipcia, al “Yarú”.

EL JUICIO DE OSIRIS

Ese éxito, sin embargo, no garantizaba disfrutar del paraíso eterno, aunque es verdad que, como aliciente, como suele ocurrir en programas de gran audiencia como “Splash, famosos al agua”, “Gran Hermano” o cualquier otro “reality” de televisión, se dejaba que los almas de familiares y amigos difuntos lo recibieran y le dieran ánimos –desde las gradas de la otra vida, se entiende- ante la gran prueba que todavía le restaba por pasar.

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La más importante de todas.

Una prueba que se denominaba el “Ritual del pesado del corazón”.

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«¿CUÁNTO PESA TU CORAZÓN?»

Esa última gran prueba tenía lugar en la Sala de las dos Verdades.

Y ante tres dioses: Osiris, el dios egipcio de la resurrección, símbolo de la fertilidad; Tot, el dios de la sabiduría, la escritura, la música, los conjuros y los hechizos mágicos, representado con cuerpo de hombre y cabeza del ave ibis; y Anubis, que aparecía como un hombre con cabeza de chacal o perro salvaje.

Anubis era el dios del inframundo o de la muerte (antecedente de Hades en la Antigua Grecia o de Satanás, en nuestra civilización cristiana).

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En ese escenario el “Ba” entregaba a Anubis su corazón, que contenía las buenas obras hechas en vida

LA PLUMA DE MAAT

Éste dios lo colocaba sobre el platillo izquierdo de una balanza enorme.

Sobre el otro platillo, el derecho, ponía la «Pluma de la Verdad», una pluma de avestruz –la pluma de Maat, el verdadero símbolo de la Justicia de Egipto-, que contenía las malas obras perpetradas a lo largo de la vida.

Si el corazón -que contenía sus buenas acciones, a modo de un disco duro- pesaba más que la pluma quería decir que el difunto había sido una buena persona en vida.

El tribunal colegiado formado por los tres dioses citados, en consecuencia, abrían al «Ba» las puertas del «Yarú», para que disfrutara, junto con sus familiares y amigos, de un paraíso merecido por toda la eternidad.

Si, por el contrario, la pluma pesaba más que el corazón significaba que la persona había sido mala.

NO HAY INFIERNO SINO UNA «DEVORADORA DE ALMAS»

En ese preciso momento hacía acto de presencia el Ammyt  la“Devoradora”, un monstruo espantoso, mezcla de león, cocodrilo e hipopótamo; una pesadilla genética digna de la mente del doctor Moreau. 

El «Devorador» seguramente haría hoy las delicias de cualquier programa de televisión y dispararía los índices de audiencia hacia alturas inimaginables. Con los consiguientes ingresos publicitarios y la felicidad de los dueños de la cadena.

El «Devorador» se abalanzaba, de forma violenta y ruidosa sobre el corazón del difunto y se lo comía, impidiendo la inmortalidad del «Ba».

Una faena.

Y el castigo supremo.

¿Y DE DÓNDE VIENE LA MUJER CON LA BALANZA Y LA ESPADA?

La balanza egipcia fue luego adoptada por los griegos, como accesorio identificativo para Themis, su diosa de la Justicia, significando su esencia: la igualdad con que todos los ciudadanos son tratados.

De Grecia la tomaron los romanos para Iustitia, su versión nacional de la justicia griego, a la que añadieron la espada, que representa la fuerza coercitiva para imponer sus mandatos. Una fuerza simbolizada en el poder de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, en el caso de España en nuestros días.

Y de ahí ha llegado hasta nosotros, en un largo periplo de más de cinco mil años desde la primera dinastía del Imperio Antiguo de Egipto, en el año 3.000 antes de Cristo, cuando el ser humano comenzó a forjarse a sí mismo.