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Legal Army estudia reorientar su negocio con un posible socio financiero y arrancar su expansión internacional en Nueva York

El próximo mes de mayo este despacho, encabezado por Natalia Martos, cumplirá tres años.
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Natalia Martos, socia directora del despacho Legal Army, que este próximo mes de mayo cumplirá sus primeros tres años, afirma que este 2021 será un año clave para la firma que arrancó en solitario tras su salida de Pérez-Llorca.

El día después de esta salida constituí ante notario Legal Army”, explica Martos a Confilegal. Al poco tiempo contrató a una abogada, esto le permitió que en el segundo mes de vida “el despacho ya estaba en ‘breakeven’, facturábamos más que los gastos que teníamos”, recuerda.

Martos atesora una experiencia de doce años como abogada ‘inhouse’, primero en el grupo Prisa y más tarde en la red social Tuenti, a la que hay que unir su experiencia en dos despachos de primera fila como Andersen y Pérez-Llorca. “Todo eso me ayuda a entender qué esperan las empresas de nuestro despacho, como ‘partner’ en el sector tecnológico”.

Desde el principio tuvo claro que “íbamos a poner en marcha un despacho de abogados, alternativo a la convencional. Tuvimos claro que para ser más eficientes era el momento de combinar nuestros abogados con otros profesionales de corte tecnológico para dar un servicio excelente”.

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La clave del crecimiento estos años, con ratios del 33% a nivel de facturación, pasa por contar con los profesionales adecuados “junto a una buen uso de las herramientas tecnológicas y de la gestión de proyectos. Al mismo tiempo se ha trabajado mucho la comunicación, más estrecha que en un bufete convencional”.

El despacho se adaptó de forma rápida al entorno de la pandemia en modo teletrabajo, “la mayor parte de nuestros clientes digitales también tuvieron que asumir este nuevo escenario para trabajar en remoto. Nuestro despacho esta acostumbrado a trabajar en la metodología ‘agile’ y siempre con tecnología en remoto. Eso nos dio una ventaja respecto al resto y seguir en la brecha”.

Eso ha hecho que la actividad de Legal Army no se haya detenido en estos meses complicados de pandemia. “Hemos conocido muchos modelos de negocio de emprendedores, cien por cien digitales, que se han acercado a ver la formula de colaborar con ellos. Muchos de ellos son muy útiles para capear los efectos de la pandemia”.

La estructura de esta firma legal la configuran ahora diez profesionales, de ellos seis abogados y cuatro expertos en el campo tecnológico, de gestión de proyectos y de recursos humanos, para poder ofrecer a las empresas el asesoramiento jurídico adecuado en materia de derecho tecnológico y privacidad.

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La cartera de clientes de este ALSP nacional, firma alternativa en cuanto a servicios jurídicos, la configuran tanto empresas del IBEX que necesitan consejos claros y definidos sobre alguna cuestión tecnológica, como emprendedores y ‘startups’ que buscan el amparo legal para poder crecer como empresas fuera de cualquier infracción jurídica.

2021 año clave para el despacho

Ahora Martos debe tomar decisiones importantes sobre el futuro de Legal Army. La primera, si de las ofertas que tiene sobre la mesa da entrada a un fondo de capital riesgo como socio en la firma. Una situación importante en la que esta jurista no quiere perder el control del despacho.

Esta decisión es importante para definir el futuro a medio y largo plazo de Legal Army, “queremos ser una alternativa a los despachos tradicionales, como actor consolidado en el mercado español e internacional. Debe ser una opción alternativa a nivel tecnológico a las estructuras jurídicas ya existentes”.

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En este desarrollo en los próximos cinco años “será clave tener un tamaño razonable sin llegar a ser una gran estructura jurídica. Se trata de lograr la máxima escalabilidad sin crear una macroestructura. Sería razonable contar treinta profesionales en la firma, siempre buscado una mayor rentabilidad y penetración con los clientes”, apunta.

El crecimiento de Legal Army podría pasar por contar más músculo financiero y dar entrada a capital riesgo como soporte. Esta es una de las opciones que Martos estudia con sus colaboradores en estos momentos. Se trataría de tener un mayor respaldo financiero sin hipotecar la forma de hacer las cosas que tienen estos profesionales.

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Natalia Martos, socia directora de Legal Army.

Ese respaldo financiero serviría al proyecto profesional de Martos para captar más tecnología, más talento y hacer alguna compra inorgánica de algún despacho que pudiera ser interesante.

Ahora, indica, se trata de estudiar si es el momento de incorporar a ese socio financiero que ayude a un crecimiento mas acelerado de Legal Army. Se trata de encontrar un compañero de viaje experimentado que apostase a largo plazo por este proyecto empresarial en el sector legal.

Esta experta en tecnología reconoce que los retornos de un proyecto de este tipo no se consiguen en cuatro años, sino que es necesario tener un horizonte temporal de más calado. “Hay que darse cuenta que la transformación de la abogacía de los negocios no es sencilla y lleva un ritmo más lento que en otros sectores de la economía”.

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La inversión que entre en Legal Army debe, según explica su socia fundadora, “entender lo que queremos hacer y que una firma alternativa como la nuestra pretende desarrollar un cambio de paradigma en el sector legal. Axiolaw tardó veinte años en posicionarse dentro de esta actividad jurídica”.

Martos reconoce que inversores con esta visión a largo plazo no abundan en nuestro país, “sin embargo en el contexto norteamericano tienen claro cómo funcionan este tipo de negocios donde los resultados no se ven a corto plazo, sino que necesitan un tiempo”.

Entienden el mismo lenguaje tecnológico

Para este jurista, el valor añadido que ofrece una firma como Legal Army respecto a su competencia radica “en nuestra capacidad para hablar y hacernos entender con los departamentos tecnológicos de grandes compañías. Somos capaces de entender cómo se genera el negocio. Somos un aliado a la hora de generar negocio y sacar todos sus proyectos”.

Esta experta reconoce que “no somos abogados del no, al contrario, nos integramos muy bien en el negocio del cliente. Hablamos el idioma de la tecnología y el desarrollo de negocio y les damos las pautas legales para que su actividad pueda ponerse en marcha sin excesivos riesgos jurídicos. En un momento como el actual es fundamental que el asesoramiento legal sea claro”.

Reconoce que el Covid-19 ha acelerado el proceso de digitalización de despachos y empresas clientes. “Es un futuro que ya es presente y que genera un conocimiento profundo de la realidad tecnológica, de cara a que cada empresa tenga las herramientas tecnológicas que necesite”.

La digitalización, con una nevada que ha asolado nuestro país en estos últimos días, “parece una necesidad clara de cualquier compañía de cara a poder seguir dando el servicio aunque fuera de manera online, por circunstancias de fuerza mayor como las que hemos comentado. Se trata de poder trabajar desde donde haga falta gracias a la tecnología”.

En este tránsito hacia lo digital, destaca que para “las empresas lo más complicado es entender el concepto. Que sepan realmente lo que es una ALSP como Legal Army y cómo les podemos ayudar a que su negocio sea rentable y crezca sin problema legales de ningún tipo”.

Cree que el hecho de que ahora existan diferentes modelos de prestación de servicios jurídicos puede confundir a la empresa, “en nuestro caso, creo que hemos tenido la capacidad de explicar lo que hacemos y cuál es realmente nuestro valor añadido de cara al negocio de nuestros clientes. Nuestra metodología y doctrina jurídica es clara y saben en qué les podemos ayudar”.

Al final, “de lo que se trata es de entender mejor que tu competencia lo que hacen tus clientes y en qué les puedes ayudar. Ese asesoramiento jurídico debe ser claro y proactivo encaminado a que el negocio crezca dentro de los cauces que marca la ley y a orientarles del uso de la tecnología”.

Por el momento, Legal Army se mantiene como boutique especializada en el sector tecnológico, a nivel de asesoramiento en privacidad, transformación digital y cuestiones afines.

“Sin embargo, no descartamos en el futuro ampliar nuestro ‘core business’ al derecho mercantil o al Venture capital. En el futuro si contamos con expertos en la materia es previsible que ampliemos nuestra actividad como despacho”.

Es previsible que si Legal Army da el paso de contar con ese socio financiero para respaldar el crecimiento de la firma “podamos integrar una firma de ‘Venture capital’ o capital riesgo para dar ese servicio y asesorar a nuestros clientes en esta materia específica a nivel de financiación”.

En estos tres años, el crecimiento internacional del despacho ha sido notable, sobre todo por la especialización de sus profesionales en el derecho tecnológico y en cuestiones como la publicidad programática en Internet, así como por el asesoramiento en ‘e-health’, tecnología para la salud, los contactos de este despacho son notables como empresas de Canadá o Estados Unidos.

“En la actualidad, cerca del 30% de nuestra cartera de negocio proviene del mercado internacional”. En este escenario, el despacho estudia también abrir una oficina en Estados Unidos y abrir una segunda sede en Nueva York. Sobre todo atenderíamos cuestiones relacionadas con la privacidad”.

Esta jurista es consciente de la evolución en este país del concepto de privacidad, “el modelo va evolucionando. De hecho, las últimas normas que se han aprobado en estados como California recientemente están haciendo que Estados Unidos tome conciencia de la importancia de la privacidad. Es una normativa parecida al Reglamento General de Protección de Datos”.

A nivel sectorial, Natalia Martos advierte que también existe en el país norteamericano una normativa específica en materia sanitaria y otra centrada en la privacidad de menores. “Ahí nos hemos especializado para dar ayuda a nuestros clientes en este nuevo contexto jurídico que surge”.