Feminazis: Todo el que utiliza la palabra nazi debería lavarse la boca con agua y jabón

Feminazis: Todo el que utiliza la palabra nazi debería lavarse la boca con agua y jabón
El autor de esta columna es el magistrado José Antonio Baena, miembro de la Comisión de Igualdad de la Asociación Judicial Francisco de Vitoria (AJFV); en la imagen la manifestación por el 8M el año pasado en Zaragpza. Foto: EP

9 / 03 / 2021 06:50

Actualizado el 09 / 03 / 2021 11:01

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Después de un año, durante el que hemos padecido los efectos de una pandemia devastadora que aún no tiene fecha de caducidad, volvemos a un 8-M rodeado de polémica.

Hay que recordar que el año pasado, por estas fechas, se celebraron manifestaciones multitudinarias en toda España, justo en la semana en la que el Gobierno decretó el primer Estado de Alarma.

Los ecos de aquellos debates no han cesado y este año, cuando todavía permanecen las restricciones, vuelve a reproducirse la controversia sobre la pertinencia  o no de celebrar manifestaciones.

Como digo, después de un año, parece que hemos aprendido y la autorización o no de su celebración se fundamenta en criterios de salud pública.

Pero no podemos olvidar que desde cierto sector de la sociedad, con importante apoyo mediático, en 2020 se puso el foco en dichas manifestaciones hasta el punto de ocupar el centro del debate político, como si fueran las únicas responsables de la expansión del coronavirus, que en aquellas fechas campaba sin control.

En realidad, detrás de estas críticas se escondía sobre todo una crítica al Gobierno que las había autorizado, pero lo cierto es que al movimiento feminista como tal le ha causado mucho daño.

Pero, por encima de estos debates, es un hecho cierto que el feminismo molesta. Y habría que preguntarse en realidad el porqué de esta resistencia.

En mi opinión, hay varias razones.

Por una parte, sigue existiendo en nuestra sociedad un sector, afortunadamente en clara regresión, que se resiste a ver a las mujeres como iguales.

En este sentido, el avance desde el punto de vista legislativo ha sido espectacular tomando como referencia los últimos 20 años, en materias en las que los políticos, a menudo tan denostados, han sido capaces de alcanzar acuerdos con independencia de su color político.

Es necesario seguir avanzando, pero también considero que sería justo poner en valor el camino ya recorrido, siempre bajo la premisa de que todavía queda mucho por hacer

No obstante, también hay que decir que la identificación de las reivindicaciones de las mujeres con una concreta ideología progresista trae como consecuencia el rechazo por parte de quienes no comparten dicha opción, a menudo sin entrar en el fondo de la cuestión.

Hay que decir que determinados partidos han contribuido, conscientemente o no, a esa identificación.

Sin embargo, esta simplificación en realidad supone confundir la parte por el todo, ya que el feminismo se defiende desde todos los colores del arco social, y lo es día a día por personas de muy distinto signo ideológico. Aunque lo cierto es que, tristemente, de manera indirecta forma parte del debate político y se utiliza como arma arrojadiza por unos y por otros. 

Otro motivo es la expresividad a la hora de exteriorizar algunas reivindicaciones, que ha dado lugar al nacimiento de una palabra profundamente peyorativa como ‘feminazi’: comparar a las mujeres —porque siempre son mujeres, no existe el ‘machonazi’— con una ideología que propugna la limpieza étnica no sólo es malicioso e injusto, sino además, una absoluta falsedad, tanto en la forma como en el fondo. 

Y es verdad que ciertas formas de expresión dentro del movimiento feminista pueden resultar molestas.

Pero ya nos recuerda el Tribunal Supremo que el derecho a la libertad de expresión es uno de los fundamentos de una sociedad democrática, incluso en los casos en que la forma de exteriorizarse pueda resultarnos particularmente hiriente o molesta.

En cualquier caso, el cuestionamiento de los límites de esa libertad es uno de los grandes debates de las sociedades democráticas y nunca acaba de cerrarse del todo.

Aunque tengo que reconocer que me cuesta tolerar determinadas manifestaciones de esa libertad de expresión. Y que, en mi opinión, todo el que usa la palabra nazi, aunque sea como parte de otra, después debería lavarse la boca con agua y jabón.

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