PUBLICIDAD
PUBLICIDAD

Margarita Robles, «talismán» de Julia Navarro, presenta «De ninguna parte», el último libro de la escritora

La presentación del libro, "De ninguna parte", tuvo lugar el jueves por la tarde en el teatro Fernando de Rojas, en el Círculo de Bellas Artes, en Madrid. Participaron, de derecha a izquierda, David Trías, editor de Julia Navarro, José Antonio Madina, filósofo, la autora, Margarita Robles, ministra de Defensa, y Jesús Ruiz Mantilla, que hizo de moderador.
|

En la era preCOVID el éxito de convocatoria se definía como lleno “hasta la bandera”, “no cabía un alma”, “se agotó el papel” o “… reventó”, con los adjetivos correspondientes.

Pero vivimos, o convivimos, con la era COVID, tan prolongada en el tiempo que parece formar parte de nuestras vidas con sus ritos y, por supuesto, con sus riesgos misteriosos. Aunque nos ha legado una positiva enseñanza: el horror a las aglomeraciones, a las colas de unos encima de otros contagiándose el sudor.

Ciertamente algunos permanecen sordos o ciegos y siguen cultivando el gusto por “estar pegados”, caso de las playas y sus accesos este agosto pasado, en las que se colocó el cartel de “no cabe una toalla más”.

En la era COVID que se junten 250 personas -perfectamente identificadas y controladas con carácter previo- en un lugar cerrado es un éxito sin parangón.

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD

Y es el éxito que en el Círculo de Bellas Artes – en donde hubieran cabido otras tantas y hubiera querido estar algún millar más – acompañó la presentación de la última, la octava, novela de Julia Navarro titulada «De ninguna parte».

Como no podemos decir, en la era COVID, “lleno hasta la bandera”, lo transformamos en que alcanzó el “aforo completo”, expresión menos castiza y más de viejo burócrata de manguito. El acto, como dijo la autora, era aun mas gozoso porque comportaba la vuelta a la normalidad cultural pues “no hay normalidad sin cultura”.

LA MINISTRA DE DEFENSA DA MUY BUENA SUERTE A JULIA NAVARRO

Una novela de Julia deja de serlo sin el acompañamiento de Margarita Robles.

Ha sido su talismán desde la primera, allá por 1997, «La hermandad de la sábana Santa», y después con «La Biblia de barro», «La sangre de los inocentes», «Dime quién soy» (no se pierdan la serie extraordinaria producida por José Manuel Lorenzo para Movistar), «Dispara, yo ya estoy muerto», «Historia de un canalla» y, la penúltima, «Tú no matarás».

PUBLICIDAD

Margarita Robles, como presentadora de un libro, se transforma, deja volar sus reflexiones abandonando los rigores exigibles a una magistrada en sus sentencias o a una ministra en sus declaraciones.

Borda el papel, lo que la convierte en imprescindible para Julia.

La escritora, Julia Navarro, y su amiga, Margarita Robles, la ministra, quien no se quitó la mascarilla en ningún momento.

Decía Manolo Summers en una de sus portadas de «Hermano Lobo» que no era supersticioso porque trae mala suerte.

PUBLICIDAD

Desconozco si Julia o Margarita Robles lo son, pero a la primera corresponde escribir (y muy bien) y a la segunda, dar el pistoletazo de salida al éxito de la obra. Margarita Robles revivió experiencias personales recientes en el Líbano y en Afganistán para explicar el trasfondo de «De ninguna parte» en el que se entrecruzan “pasiones profundas y universales”, desde el odio (aunque también un amor mortificado), el miedo, el resentimiento, la desconfianza, el sentido del deber, el remordimiento, el trauma persistente en el tiempo, la huida…

Confesó Margarita Robles que siempre en las novelas de Julia, de relaciones humanas, de cómo funcionan los sentimientos, de su clamor compartido contra cualquier forma de injusticia, de su sensibilidad ante lo que nos rodea en esta sociedad compleja que aspira a ser multicultural pero que sobre todo ha de ser convivencial.

PUBLICIDAD

Julia –dijo el periodista Jesús Ruiz Mantilla– nos enseña el mundo con toda su crudeza, con sus contrastes y contradicciones, con sus síes, sus noes y las no menos necesarias dudas.

Si tomamos como referentes los consejos que Gertrude Stein ofrecía en su salón parisino a Ernest Hemingway –y que el premio Nobel recuerda deslavazados en París era una fiesta– las novelas, como los cuentos, deben ser «accrochables», es decir deben poder colgarse como un pintor que pinta un cuadro y los pone en público (o en su habitación) y todo el mundo quiere comprarlo.

JULIA NAVARRO, UNA EXTRAORDINARIA CONSTRUCTORA DE PERSONAJES

Aplicando este paradigma irreprochable, la última novela escrita por Julia Navarro es «accrochable», y lo es por muchas razones, por lo que no dudo que tendrá una extraordinaria acogida.

PUBLICIDAD

Julia Navarro es constructora de historias hechas de “frases verídicas”, como Stein requería al entonces joven cuentista norteamericano que confiesa que “cuando me ponía a escribir como un estilista o como uno que presenta o exhibe, resultaba que aquella labor de literario y de filacterio, y de voluta sobrada, irá mejor cortar y poner en cabeza la primera sencilla frase indicativa verídica que hubiera encontrado”.

Quiero decir que Julia Navarro escribe como pronuncia y pronuncia como escribe.

Huye –y no le interesan– los conceptualismos, que resultan distorsionantes innecesarios para desgranar su historia, que logra agarrarnos desde las primeras páginas. tiene el don de la inmediatez en cuanto nos sumerge, con envidiable facilidad, en los dos polos aparentemente antagónicos, -pero en los que aparecen pasados compartidos- que protagonizan la novela, que se llama «De ninguna parte», evocando el conflicto permanente de dos jóvenes en la búsqueda de su identidad, dos jóvenes que no pueden cambiar el pasado ni huir de él.

La novela es vibrante, apasionante, absorbente desde sus primeros párrafos y comparto con José Antonio Marina la premonición de que será un «best-seller», el octavo de Julia.

Sabe contar bien, que es la única forma de enganchar al lector.

Maneja bien los tiempos al centrar bien el desarrollo de las acciones que se suceden en una trama que no pueda tener mayor actualidad y que es una derivada del que, al modo de Samuel Huntington, podemos llamar “choque de civilizaciones”, de culturas, de formas de entender la realidad.

Pero Julia es, en fin, y lo vuelve a ratificar en «De ninguna parte», una extraordinaria constructora de personajes, en cuya piel se introduce como una actriz lo hace en el que le han atribuido. Vive y evoluciona con ellos intentando comprender por qué hacen lo que hacen o dejan de hacer lo que quizás deberían hacer (o no).

Cada novela es un reto. El novelista se enfrenta ante el papel en blanco envuelto en el pánico por más que esté investido por éxitos precedentes.

Los nervios del novelista solo comienzan a apaciguarse cuando el editor (enhorabuena también David Trías) le da la buena nueva de que los lectores acogen la obra con entusiasmo.

Así está siendo ya con «De ninguna parte».

Julia me ratifico en la envidia hacia ti, en mi admiración ante tu capacidad para contar historias.