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Hay que hablar del suicidio sin tapujos

Judge the Zipper
Hay que hablar del suicidio sin tapujos
"Judge the Zipper", juez "tuitero", explica en esta columna, reproducción de su último hilo, en el que trata del suicidio, que hay que hablar sobre ello, que no hay que ocultarlo como hemos venido haciendo hasta ahora.
20/12/2021 06:47
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Actualizado: 20/12/2021 00:09
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«Judge the Zipper», uno de nuestros jueces «tuiteros», más respetados, ha publicado este hilo en esa red social, hablando sobre su experiencia sobre el suicidido. En 2020 se quitaron la vida 3.941 españoles (2.930 hombres y 1.011 mujeres). Por su relevancia y por lo que cuenta –su experiencia personal– le hemos pedido permiso para reproducirlo en Confilegal. Como siempre, todo han sido facilidades por su parte. Todo nuestro agradecimiento por ello. Comienza así:

No somos conscientes de lo presente que está el #suicidio en nuestras vidas. Con las cifras que manejamos, es normal que, en cada familia y/o grupo de amigos, exista al menos un caso cercano.

Quiero contar los míos, para expiarlos y superar el reparo a hablar de ellos.

Cuando era pequeño, una amiga de mi hermana, con 12 años, saltó en plena madrugada por el balcón de su casa, delante de su madre que la había oído levantarse y fue a ver qué le inquietaba, sin poder llegar a tiempo más que a gritar su nombre mientras desaparecía de su vista.

También siendo niño, un vecino, joven, se tiró por el hueco de la escalera, desde una planta 11ª.

A diferencia de la niña aquella, el muchacho sobrevivió. Mientras caía, fue golpeándose con los pasamanos de las distintas plantas, lo que le fue frenando y sólo acabó malherido.

El caso más cercano y doloroso fue el de mi abuelo, que siendo yo preadolescente, y a causa de una depresión, se tiró por la ventana. La causa de su muerte, sin embargo, se me ocultó durante mucho tiempo.

A día de hoy, todavía no he hablado de ello con mi madre, su hija.

Sin necesidad de haber vivido esos episodios, pero también, durante mi adolescencia el #suicidio despertaba en mí una curiosidad morbosa.

Y, como casi todo el mundo a esa edad, fantaseé alguna vez con ello, pues se me presentaba como una manera muy contundente de ganar una discusión vital, de mostrar a los que te rodean el incomprendido sufrimiento que tienes.

Mirad cómo estoy, que hasta he decidido quitarme la vida. Y a esa edad, todas las discusiones son “vitales”.

Luego, con los años, te olvidas. Además, como juez, casi todas las muertes violentas que he visto, con diferencia, son suicidios, y es en el distanciamiento de esos levantamientos de cadáver que aprecias claramente la cutrez y soledad del acto: cero romanticismo y glamour.

Hablando de trabajo, me viene a la cabeza otro caso, el de un funcionario de mi juzgado, con pocos amigos y taciturno, que una mañana no vino a trabajar.

Horas después supimos que había acabado con su vida.

El nexo común a todos estos casos ha sido el silencio que ha rodeado a todas esas muertes.

Lamentos, muchos. Preguntas, seguramente todas, pero siempre calladamente.

Nunca una expiación pública del asunto, cuando no también un ocultamiento en la vida privada.

Simplemente tabú.

Creo que eso no ayuda. Por eso he querido contaros esto.

Por eso, en mi opinión, debemos hablar del tema sin tapujos, contar cada uno sus historias.

Porque muchos hemos sufrido, no sólo la cercanía del #suicidio, su dolor más o menos próximo, sino también su estigma.

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