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“La justicia es un gran chollo para nuestros políticos», me confesó un juez en un arranque de sinceridad

“La justicia es un gran chollo para nuestros políticos», me confesó un juez en un arranque de sinceridad
Juan Gonzalo Ospina cuenta, en su columna, un encuentro con un juez, tras un juicio, que se abrió para contar lo que pensaba sobre la Administración de Justicia y el abandono de su cuidado por la clase política.
31/12/2021 06:49
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Actualizado: 31/12/2021 01:11
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Ayer salí de un juzgado de Cataluña tras celebrar un juicio por una supuesta estafa en la que se solicitaron medidas cautelares. Nosotros solicitamos el archivo y el sobreseimiento de la causa porque entendíamos que estábamos ante una controversia meramente civil.

Pero no es el caso lo que me impresionó. Fue el juez el que captó toda mi atención.

Habíamos sido citados a las 9.30 de la mañana. Entramos a las 12 del mediodía. El juez se disculpó, de entrada, mirándonos con cara apesadumbrada.

“Es que hoy me toca guardia de violencia de género, detenidos y juicios rápidos. Discúlpenme. No doy abasto. Me faltan medios y me faltan horas”, nos dijo.

Hablaba desde el corazón. Desde la persona. Tengo que reconocer que su educación y cercanía me conmovió mucho.

Le hice saber que había venido de Madrid en avión expresamente para esa vista.

Avanzada la vista, y en medio de la misma, se dirigió a mí, claramente preocupado, y me preguntó por mi avión de vuelta. “Señoría, ya lo he perdido”, le contesté.

El gesto que me devolvió fue una mezcla de resignación y de comprensión.

Terminamos a las 16.30. Y en ese marco comenzó un pequeño coloquio entre el magistrado, la acusación y la defensa. Una conversación muy humana en la que el juez ha expresado su convencimiento sobre el desinterés más absoluto de la clase política hacia la justicia.

¿POR QUÉ LO DEL CHOLLO?

Nos ha explicado, con ejemplos claros, los problemas que cada día padece su Juzgado. Ajenos a él, pero que luego la ciudadanía percibe como “un mal de la justicia”.

“La justicia es el gran chollo para nuestros políticos, ¿o no? Hay una pandemia y no son capaces de legislar unas normas claras, para que se tome una decisión. Y lo dejan todo en manos de los Tribunales Superiores de Justicia. Si los jueces rechazan sus decisiones, es que son malos. Si, por el contrario, las aprueban, es que son buenos y conviene decir que tenían razón. Claro, como los jueces no hablamos sólo callamos…”, nos explicó.

Ese grado de sinceridad me desarmó. Y me hizo reflexionar, durante unos segundos, sobre la abogacía, sobre cómo funciona nuestro mundo, que dista mucho de ser perfecto y es claramente mejorable.

Hace unos días, siguió contando, tuvo que ir al hospital porque el director le había requerido. Le habían dado un alta a una paciente y no quería marcharse.

Cuando el magistrado le preguntó por qué no se iba, esta le respondió: “Aquí estoy muy bien. En casa estoy sola”.

Su señoría volvió al juzgado a redactar un auto para ordenar a la policía que sacara a la señora de la cama de hospital que, irregularmente estaba, ocupando.

“Pero aquí no hemos terminado”, siguió contando.

“Ahora, cuando termine con ustedes, me quedan los autos de prisión. No he comido y tengo que seguir al frente. Ustedes se pueden quejar y seguramente me pedirán explicaciones, pero nadie buscará soluciones a esta saturación. Y yo me pregunto: ¿es esto serio?”, nos dijo antes de marcharnos.

SOLIDARIDAD HACIA EL JUEZ

Me fui pensativo, sintiendo un gran sentimiento de solidaridad humana hacia este juez, que creo que representa el sentir de la mayoría de los miembros de nuestra judicatura, una profesión en riesgo por las presiones que sufre.

Un colectivo de personas responsables que dan mucho más de lo que pueden dar.

Que está sufriendo presiones sociales, mediáticas y políticas, que trabaja con pocos medios, que sufre una legislación que les obliga a navegar en una terrible inseguridad jurídica.

Y que, después, percibe el ciudadano de una forma distorsionada que materializa en comentarios como “con esta justicia, así nos va”.

Un comentario injusto sobre una Administración de Justicia que está enferma, y a la que la abogacía como un actor necesario, puede ayudar.

¿Cómo? Señalando públicamente lo que no funciona, con el fin de encontrar la mejor solución para todos.

Ni por un minuto más los abogados podemos seguir siendo cómplices, con nuestro silencio, de un sistema como este que es el producto del olvido de la clase política. Lo dijo muy claro el juez. No lo pudo decir más alto.

Para ese magistrado que nos abrió su corazón, que nos mostró sus preocupaciones como persona que es, no tengo más que una palabra: Gracias.

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