Firmas

In memoriam de la magistrada María Trinidad Vergara Gómez: el olvido que no será

Francisco José Gordillo Peláez
In memoriam de la magistrada María Trinidad Vergara Gómez: el olvido que no será
Francisco Javier Gordillo Peláez, magistrado del Juzgado de Primera Instancia 12 de Sevilla, compañero de María Trinidad Vergara, hace una semblanza en recuerdo de su persona.
05/10/2022 06:48
|
Actualizado: 05/10/2022 07:57
|

El día 30 de septiembre de 2022 nos despertamos sobresaltados por la noticia del fallecimiento de una de nuestras más apreciadas compañeras y amigas: María Trinidad Vergara Gómez, a la sazón magistrada del Juzgado de lo Contencioso-Administrativo nº 1 de Sevilla.

Los malos presagios y augurios llegados a nuestros oídos los días anteriores se cumplieron: “María”, como le gustaba darse a conocer al final, o “Trini”, como la recuerdan los más antiguos, no había podido resistir la embestida de la grave enfermedad que en los últimos años le aquejaba.

El autor de esta breve semblanza, quien tuvo el gran honor y la inmensa satisfacción de coincidir con ella en uno de los últimos destinos que ocupó, considera estas líneas el justo y necesario reconocimiento que su recuerdo y memoria merecen.

Y también para orgullo y satisfacción de su marido, nuestro querido compañero, Alejandro Vian Ibáñez, y de sus adoradas hijas, Violeta y Lisa.

María Trinidad Vergara Gómez, onubense de nacimiento, dejó el mejor recuerdo profesional y personal posible en todas las plazas a las que fue destinada: Juzgado de Primera Instancia e Instrucción nº 2 de Ayamonte; Juzgado de Primera Instancia nº 5 de Vitoria; Juzgado de lo Penal nº 6 de Sevilla; Juzgado de Primera Instancia nº 10 de Sevilla y, finalmente, el Juzgado de lo Contencioso-Administrativo nº 1 de Sevilla. Pertenecía a la promoción de la carrera judicial del año 2000 y se asoció a Foro Judicial Independiente en el año 2007.

Su simpatía y frescura desbordantes, tan escasas en nuestro ámbito profesional, como si las mismas restaran rigor o reconocimiento al oficio de enjuiciar, desarmaban y sorprendían al opuesto más reticente o belicoso; su profesionalidad e inagotable vigor, cualidad esta que le acompañó hasta el final de sus días, le permitieron adentrarse con solvencia en casi todas las jurisdicciones sin aparente dificultad.

Y aunque el recuerdo por su pérdida aun está húmedo y sin cicatrizar, por el poco tiempo transcurrido desde su fallecimiento, sería injusto terminar estas líneas sin resaltar dos de los rasgos que más le caracterizaron: por un lado, su enorme entereza y discreción, capaces de hacerle soportar silenciosamente, sobre sus menudos hombros, los rigores de la cruel enfermedad, motivo por el que a no pocos habrá sorprendido un desenlace tan rápido, y por otra, su inmensa capacidad de lucha y resistencia ante las múltiples y sucesivas adversidades que injustamente, y hasta el último aliento, tuvo que padecer.

Si recordar es pasar otra vez por el corazón, como dice Héctor Abad Faciolince en su conocida obra “El olvido que seremos”, sus compañeros y amigos, por quienes me atrevo a hablar pese a no tener mandato expreso de ellos, siempre recordaremos emocionados a María y, más allá de nuestras propias fuerzas, nunca jamás la podremos olvidar por todo aquello que su ejemplo y memoria significan y han significado para nosotros, contrariamente a lo que el título de la obra citada parece sugerir.

Otras Columnas por Francisco José Gordillo Peláez:
Últimas Firmas