“Desde hace 58 años, en Barcelona, se vienen reuniendo los miércoles de cada semana, de 8 a 9 de la tarde, un grupo de compañeros con el exclusivo propósito de encauzar, orientar y, si es posible solucionar, la problemática de la Abogacía Joven”.
Así es cómo Josep M. Antràs i Badia, secretario en los años 70 del Grupo de la Abogacía Joven de Barcelona (GAJ Barcelona), y al tiempo, decano del Ilustre Colegio de la Abogacía de Barcelona (ICAB), nos recuerda en una publicación de la época como la Abogacía Joven siempre ha estado envuelta de una cierta problemática.
Una problemática que motivó, entre otras causas de más positiva razón, el nacimiento en 1966 de nuestra organización, de la mano de un joven Antoni Plasencia i Monleón, primer presidente de la casa de la abogacía joven de Barcelona, y al tiempo, también, decano del ICAB.
Una problemática que a lo largo de 58 años hemos venido enfrentando, reflexionando y, quizás, en lo posible, solucionando.
Al reflexionar sobre ello, viene a mi memoria, un agradable café que mantuve hace unas semanas, el cual estuvo envuelto de reflexiones sobre lo humano y lo divino respecto a la juventud y a las oportunidades.
Una de tales reflexiones capturó mi especial atención. Mi acompañante apuntaba que la próxima partida se jugaba, siempre, en el día de hoy.
Es cierto que las problemáticas, los escenarios futuros pueden solucionarse si hoy se toman los pasos correctos, si se actúa con valentía y, sobre todo, si dejamos que nuestro trabajo hable en nuestro nombre.
Que cuando miremos atrás en estos 58 años de historia, podamos ver que con nuestro trabajo se mejoraron los cimientos de nuestra profesión.
TRABAJO HACIA UNA ABOGACÍA DE FUTURO
Pues, aquí, está la esencia de nuestra organización, de cualquier Grupo de la Abogacía Joven que se precie. El trabajo hacía una abogacía de futuro, una abogacía con futuro como profesión. El trabajo y nunca los brindis al sol -a los cuales tantos y tantas se entregan fatídicamente-.
Pues, parafraseando a nuestro decano Ignasi de Gispert, “un grupo como el nuestro, tan arraigado en el alma del Colegio, se debe al prestigio de nuestra profesión, a cuyo servicio todos estamos”. Por ello, es nuestro deber hablar en voz alta sobre la principal contrariedad que afecta a nuestra profesión.
La problemática de la abogacía joven ha ido evolucionando con el paso de los años. Ciertos problemas fueron objeto de solución por recientes generaciones gracias a los andamiajes construidos por generaciones anteriores.
No obstante, hay ciertos conflictos que a esta actual hornada de la abogacía le toca afrontar y, al menos, encauzar en lo posible para aquellos que nos releven puedan solucionar.
Así pues, no podemos negar que la abogacía joven padece una situación de precariedad laboral crónica. Una precariedad que se manifiesta especialmente en los primeros años de profesión, de maneras distintas según cómo se ejerza la profesión.
Compañeros que ejercen en jornadas maratonianas; compañeros que ejercen en régimen de falsos autónomos y que ven sus más básicos derechos laborales vulnerados constantemente; compañeros que ejercen por remuneraciones ínfimas y ridículas…
Revelar que el ejercicio de la abogacía no resulta tal como se plantea en la cultura literaria, cinematográfica o televisiva, es siempre chocante para cualquier interlocutor, representante político, periodístico o institucional al que le exponemos esta realidad.
Y, aunque podamos pensar que tal situación es común entre los jóvenes de otras profesiones colegiadas, tal hecho no resulta reconfortante. Al contrario.
Al respecto, hemos de abordar planteamientos inteligentes, en ocasiones frontales, pero siempre de larga mirada.
PARA QUÉ Y SOBRE QUÉ TRABAJAMOS DESDE LA ABOGACÍA JOVEN
La dignificación de nuestra profesión, prestigiar la misma, requiere de acabar o, en lo peor, minimizar tal precarización cronificada en todo tipo de ejercicio de la profesión.
Y muchos os preguntáis, qué es en lo que ese grupo de compañeros trabaja desde hace 58 años, los miércoles de cada semana, de 8 a 9 de la tarde, bajo la atenta mirada del retrato de nuestro fundador.
Trabajamos por un futuro insultántemente joven.
Trabajamos para generar oportunidades para incidir en el futuro de nuestra profesión, de nuestra sociedad.
Trabajamos para conseguir que en los próximos diez años estemos preparados para generar cambios reales en nuestra profesión. La próxima partida, pues, se está ya jugando en el día de hoy.
Trabajamos para dar voz y presencia a los jóvenes en nuestras instituciones, así como en la sociedad civil.
Trabajamos para dignificar la abogacía como profesión.
Trabajamos para encauzar, orientar y, si es posible solucionar, la problemática de la Abogacía Joven.
Trabajamos para celebrar debates y reflexionar en voz alta, con luz y taquígrafos, nunca más en cafés o bares, sobre temas espinosos y complejos, pero necesarios. Debates sobre los salarios, sobre los horarios, sobre la salud mental, sobre las barreras y obstáculos en el ejercicio por parte de nuestras compañeras madres…
Trabajamos para visibilizar que las formas de ejercicio en la profesión han cambiado.
Trabajamos para visibilizar que la abogacía de empresa es tan abogacía como aquella que ejerce en los tribunales su día a día. El abogado de empresa no es un consultor, es un abogado. Con todas las letras.
Trabajamos para democratizar la formación en los primeros años de ejercicio profesional. Desde hace 58 años, ha sido nuestra la histórica misión de facilitar el acceso a formación gratuita y de calidad a los más jóvenes. Que en Barcelona las dificultades económicas nunca sean una barrera para que nuestros compañeros no estén actualizados formatívamente.
Trabajamos para facilitar la colegiación a los más jóvenes, para que el talento siempre tenga entrada en nuestra casa. Trabajamos para arreglar, de una vez por todas, la situación de incerteza y abandono en la cual quedan tantos futuros abogados en acabar el Máster de Abogacía, en tanto desconocen cuándo se convocará el Examen de Acceso, quedando en un limbo jurídico en el cual no pueden ejercer la profesión, ni continuar su etapa de prácticas.
Trabajamos para visibilizar la importancia de los colegios profesionales, como garantes de los derechos de la abogacía, así como de nuestros conciudadanos.
Trabajamos para profesionalizar, rejuvenecer y revitalizar nuestros colegios profesionales. Pues, el futuro es y siempre será joven.
Y por ello, creo que hoy, en el día de la abogacía joven, es momento de reivindicar nuestro trabajo. Que nuestro trabajo, como jóvenes, hable por nosotros.
Feliz Día de la Abogacía Joven.