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La futbolista Jennifer Hermoso ha negado este lunes que diera permiso al expresidente Luis Rubiales para besarle en la boca. Foto: EP

Jennifer Hermoso: «Me estaba besando mi jefe y eso no debe ocurrir en ningún ámbito laboral o social»

3 / 02 / 2025 12:24

Actualizado el 03 / 02 / 2025 12:27

En el juicio de Jennifer Hermoso contra Luis Rubiales se aplica la última legislación aprobada a través del Real Decreto Ley 1/2025 de medidas de eficiencia procesal. Y con ello, el acusado tiene derecho a declarar en último lugar.

La futbolista Jennifer Hermoso ha negado este lunes que diera permiso al expresidente de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) Luis Rubiales para besarle en la boca y que este le «faltó al respeto». «Sentí que estaba fuera de contexto totalmente. Sabía que me estaba besando mi jefe y eso no debe de ocurrir en ningún ámbito laboral o social», ha relatado en su declaración en el juicio contra el exmandatario.

A preguntas de la teniente fiscal de la Audiencia Nacional, Marta Durántez, Hermoso ha asegurado que Rubiales manchó «uno de los días más felices» de su vida. «Y para mí es muy importante decir que en ningún momento busqué ese acto y ni mucho menos me lo esperé, porque a mi persona creo que se le faltó al respeto», ha incidido.

Hermoso ha relatado detalladamente cómo ocurrió el momento del beso no consentido por el que Rubiales se enfrenta a 2 años y 6 meses de cárcel y que ocurrió durante la entrega de medallas tras la victoria de España en el Mundial femenino celebrado en Sidney.

«Tocaba el pasillo de saludar a las autoridades. Saludé a la Reina, a la hija, y lo siguiente fue encontrarme con Luis Rubiales. Nos abrazamos, le dije ‘la que hemos liado’ y fue cuando él pegó el brinco y me dijo ‘hemos ganado este Mundial gracias a ti’. Lo siguiente fueron sus manos en mis orejas y lo siguiente el beso», ha afirmado.

La jugadora ha sostenido que fue Rubiales el que pegó un brinco sobre ella. «Ahí me sostengo, el cuerpo lo echo un poco hacia atrás, sus piernas las eleva y las pone en mi cintura. Hay un retroceso hacia atrás y me mantengo fuerte para sostenerme», ha apuntado.

«Estaba fuera de contexto»

Jennifer Hermoso, además, ha negado que Rubiales le pidiese permiso para darle un beso. «Yo no entendí nada (…) Ni sentí ni le vi gestualizar con su boca», ha explicado la futbolista que, a pesar de señalar que había ruido de fondo, ha aclarado que sí escuchó cómo Rubiales le felicitó por la consecución de la gesta.

Pero, aunque hubiera pedido permiso, Hermoso ha dejado claro que nunca se lo habría concedido. «Fueron milésimas de segundo. Sentí que estaba fuera de contexto totalmente», ha incidido, añadiendo cuándo accede a besarse con otra persona: «Solo cuando yo decido hacerlo».

En un primer momento, ha relatado, se encontró con Rubiales. «Él me dijo que se estaba hablando mucho por redes sociales y que podíamos pararlo ya. Le dije: ‘Te va a caer porque sabes que esto no esta bien’.’Ya sabes que lo he hecho con efusividad, que es el momento’. Yo le dije: ‘Ya sabes lo que has hecho'», ha referido.

Ya en el bus de camino al aeropuerto, se le acercaron los responsables de prensa de la Federación con un comunicado «supuestamente escrito» con sus palabras y al que ella habría dado «consentimiento a que lo escribieran y lo mandaran».

Jennifer Hermoso, «en modo campeona del mundo»

«Yo ya bajé, la verdad que bajé bastante como un poco atosigada. Ahí ya dije que no, que yo no iba a hablar, que yo no iba a hacer nada. Que no quería hacer nada más, y en un momento de hartazgo dije: ‘Haced lo que queráis’. Y me volví a por mis maletas», ha continuado.

Hermoso trató en esos instantes de seguir «en modo campeona del mundo», haciendo lo que en su «corazón mandaba, que era poder disfrutar». «No me iba a quedar ningún ápice de remordimiento de no haber podido disfrutar de ese momento. Seguía bebiendo, seguía comiendo, quería emborracharme, quería hacer lo que una futbolista o un futbolista hace con una alegría tan grande de haber sido campeona de un Mundial», ha reconocido.

El siguiente acercamiento habría ocurrido en el aeropuerto de Doha, donde la Selección hizo escala. Según Jennifer Hermoso, Rubiales se le acercó pidiendo nuevamente ayuda y alegando que se le estaba tachando de «acosador» a raíz del beso.

El entonces presidente de la RFEF le pidió «por favor» grabar un vídeo conjunto. «Me pidió por sus hijas, que estaban llorando, yo le dije que lo sentía pero que no iba a hacerlo. Me comentó que tenía una novia y que a ella no le había molestado. Y también me dijo una cosa, que sí que me dolió un poco: A ti y a mí nos gusta lo mismo. Dando a entender como que no tenía más importancia», ha revelado.

Una directiva de la RFEF le advirtió

Ya en el propio avión de vuelta, Rubiales le dijo que iba a hablar con su familia. Según la futbolista, su entonces entrenador, Jorge Vilda, se acercó a su hermano asegurando que llevaban «muchos años juntos», que le «quería mucho» y que se tenían «mucho aprecio», tratando de conseguir que la jugadora grabase un video con Rubiales.

Posteriormente, Jennifer Hermoso se encontró con Ana Álvarez, la entonces directora de fútbol femenino, que le habría advertido sobre las maniobras de Rubiales y su entorno: «Ella lo que me dijo fue: ‘Jenni, es que yo no sé nada, a mí me están dejando fuera, no me han contado nada. No me han contado lo que está pasando ni lo que están hablando y yo te digo que no lo hagas porque esta gente va así y van a intentar ir a envolver la situación para que supuestamente salga que no ha pasado nada».

La jugadora ha asegurado que en esos momentos se sintió «desprotegidísima por parte de la Federación«, que tenía que ser su «lugar seguro». «Al final era jugadora de fútbol de su país, de su sección», ha añadido, dejando claro que «ni Vilda, que tanta confianza tenía» con ella -como el mismo dijo– «se dignó» a preguntarle «cómo estaba».

Tras esas presuntas coacciones, habrían llegado las que sucedieron en Ibiza, donde las jugadoras celebraban el Mundial. Mientras comían, se le acercó Rubén Rivera, en ese momento responsable de Marketing de la Federación y también acusado en el juicio, al que Hermoso ha señalado como persona de la confianza de Rubiales.

Éste le habría dado un teléfono para que hablase con el entonces director de integridad de la RFEF, Miguel García Caba, para presuntamente participar en un «proceso de protocolo de la Federación». «Me dijo que no estaba obligada, pero hay que hacerlo porque es un protocolo interno de la Federación y falta tu parte de decir lo que ha pasado», ha señalado.

El «mayor marrón de su vida»

La jugadora, que se negó a hacerlo, ha relatado que el siguiente en acercarse a ella fue Albert Luque, entonces director de la Selección española, cuya presencia en la isla le resultó extraña. «Lo que sí entiendo es que si está en el hotel, pues justamente donde estábamos nosotras, era por alguna intención», ha opinado.

Luque, según Jennifer Hermoso, trató de conseguir como los otros acusados que ella suavizara lo ocurrido. Ella, ha explicado, le remitió a su amigab, que se hizo cargo de la situación. El directivo de la RFEF, ante su negativa, le reprochó no haberle ayudado a «quitarle el mayor marrón de su vida».

Fue entonces cuando, presuntamente, el le envió una serie de mensajes deseándole lo peor y tachándola de mala persona. «La verdad que todas las palabras que hubo en ese texto fueron bastante desagradables con alguien que, supuestamente, como él dijo, era mi amigo», ha apostillado.

Hermoso cree que denunciar el beso tuvo consecuencias. «Más tarde se vi lo que fue, que es no ir a la Selección. Estaba negándome a hacer algo que en ese momento mi jefe estaba queriendo hacer. Él era en ese momento el que mandaba», ha apuntado.

Las semanas posteriores al suceso también tuvieron su repercusión en su vida privada. «Me tengo que ir de Madrid con toda mi familia, porque por un momento sentí miedo de ir por la calle. Recibí amenazas de muerte, era insostenible la situación. Mi vida cambió desde ese momento», ha zanjado.

Cabe recordar que Rubiales se enfrenta a 2 años y 6 meses de prisión por un delito de agresión sexual y otro de coacciones. Por este último, la Fiscalía pide para Vilda, Rivera y Luque 1 año y 6 meses de prisión.

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