Opinión | Oriente Próximo al borde del abismo: la confrontación directa entre Israel e Irán redefine el tablero geopolítico

Jorge Carrera, abogado, exmagistrado, exjuez de enlace de España en Estados Unidos y consultor internacional analiza el tablero geopolítico de Oriente Próximo con este ataque y describe los posibles escenarios que se podrían dar. Sobre estas líneas, El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, junto a altos mandos militares del país.

13 / 06 / 2025 10:31

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La madrugada del 13 de junio de 2025, Oriente Medio fue testigo de un hito que marca un antes y un después en la ya prolongada rivalidad entre Israel e Irán.

La operación militar israelí «Rising Lion», un ataque aéreo masivo contra instalaciones nucleares y militares iraníes, no es un incidente aislado, sino la culminación de una escalada que ha transformado una «guerra en la sombra» en una confrontación abierta con implicaciones regionales y globales sin precedentes.

Históricamente, la relación entre Israel e Irán ha estado marcada por la hostilidad desde la Revolución Islámica de 1979. Lo que antes era una alianza bajo el Shah, se convirtió en una animadversión profunda, impulsada por la ideología antisionista de Irán y su apoyo a la causa palestina.

Durante décadas, el conflicto se mantuvo en la clandestinidad, caracterizado por ataques encubiertos, sabotajes, ciberataques y el uso de «proxies». Sin embargo, los ataques directos con misiles y drones en abril de 2024, tras el bombardeo israelí al consulado iraní en Damasco, señalaron un cambio peligroso: las «líneas rojas» se habían cruzado, elevando el umbral para el conflicto directo.

La reciente ofensiva israelí del 13 de junio de 2025 se justifica como una medida preventiva ante la inteligencia que indicaba un avance crítico en el programa nuclear iraní, con enriquecimiento de uranio a niveles cercanos a la fabricación de armas nucleares.

IRÁN CONSIDERA EL ATAQUE UNA DECLARACIÓN DE GUERRA

La respuesta de Israel, con más de 200 aeronaves, drones y misiles de precisión, buscaba destruir instalaciones nucleares clave. Irán, por su parte, ha calificado el ataque como una declaración de guerra, prometiendo represalias.

Los impactos inmediatos son tangibles y preocupantes.

Militarmente, se reporta la destrucción parcial de complejos nucleares iraníes y la muerte de altos comandantes de la Guardia Revolucionaria.

Políticamente, el primer ministro israelí, Netanyahu, ha visto reforzada su posición interna, mientras que en Irán se consolida la narrativa antiisraelí como un eje movilizador del régimen.

Económicamente, el precio del petróleo ha subido más de un 10% y los mercados globales sufren caídas generalizadas, con la amenaza latente de un cierre del Estrecho de Ormuz que impactaría gravemente el suministro mundial de energía.

Socialmente, se viven evacuaciones masivas en ciudades como Tel Aviv y Teherán, y el cierre de espacios aéreos, aumentando la sensación de vulnerabilidad de la población civil.

Las repercusiones regionales son vastas. Siria y Líbano podrían convertirse en campos de batalla más abiertos, con Hezbolá abriendo un nuevo frente.

Las milicias proiraníes en Irak podrían atacar intereses estadounidenses o israelíes, y los hutíes en Yemen intensificarían sus ataques en el Mar Rojo, desestabilizando aún más el comercio global.

La cuestión palestina, intrínsecamente ligada a la conflictividad regional, se vería aún más agravada. Países como Jordania, que jugó un papel crucial en la intercepción de proyectiles iraníes, y Arabia Saudita, se encuentran en una delicada situación de equilibrio diplomático, buscando evitar una desestabilización que afecte sus intereses.

VARIOS ESCENARIOS

A nivel global, la situación reactiva el debate sobre el derecho internacional y la legitimidad de los ataques preventivos.

Mientras Estados Unidos respalda a Israel y busca contener una escalada mayor, potencias como China y la Unión Europea claman por la contención. Rusia y China, por su parte, mantienen un enfoque pragmático, buscando sus propios intereses en un orden mundial multipolar.

La seguridad cibernética también entra en juego, con el riesgo de ataques sofisticados a infraestructuras críticas globales.

De cara al futuro, se vislumbran varios escenarios.

Una «desescalada controlada y retorno a la guerra en la sombra» parece el camino más probable a corto plazo, impulsado por la presión internacional.

Sin embargo, esto solo pospone el riesgo de una escalada futura, ya que las causas subyacentes persisten y el umbral para la acción directa se ha elevado.

Una «escalada regional sostenida», aunque de consecuencias catastróficas, sigue siendo un riesgo latente si hay errores de cálculo o si las presiones internas superan la contención.

Un «ciberconflicto intensificado» también emerge como una vía de confrontación de menor intensidad, pero con potencial de causar daños significativos y desestabilizar la confianza pública.

Finalmente, la «diplomacia intensiva y soluciones políticas integrales», aunque el camino óptimo para una paz sostenible, enfrenta barreras significativas dadas las profundas divisiones y la desconfianza arraigada.

La confrontación directa entre Israel e Irán no es solo un conflicto bilateral, sino un reajuste estratégico en Oriente Próximo.

La capacidad de los actores para calibrar sus respuestas y la efectividad de la mediación internacional serán cruciales para determinar si la región se dirige hacia una estabilidad precaria o hacia una confrontación más devastadora que reconfigure el orden global.

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