Panorámica del Juzgado de lo Mercantil nº1 de Lleida
La situación de la deudora se agravó al quedarse sin trabajo por la crisis del Covid-19 y un error contractual de una inmobiliaria en el contrato de alquiler con opción a compra de su piso. Foto: Cedida por Bergadà Abogados.

La Ley de Segunda Oportunidad exonera a una deudora de buena fe de pagar 71.594 euros

1 / 09 / 2025 12:39

Una vecina de Lérida podrá empezar de cero tras la decisión del magistrado titular del Juzgado Mercantil número 1 de Lleida de perdonarle una deuda de 71.594 euros tras arrastrar una serie de créditos y préstamos que se agravaron a causa del COVID-19.

En el auto nº392/2025 el magistrado Eduardo Enrech Larrea concede la exoneración del pasivo insatisfecho (EPI), mecanismo clave de la Ley de la Segunda Oportunidad, por cumplir con el requisito imprescindible de considerarse deudora de buena fe,

Unas deudas inasumibles

El periplo de Ana (nombre ficticio) para evitar una situación de insolvencia comenzó en 2004, año en el que oficializó su divorcio con su exmarido y que se vio al límite de sus posibilidades: «Me dejó solamente con 500 euros, sin acceso a las cuentas bancarias porque estaban a su nombre», narra la defendida por Marta Bergadà, de Bergadà Abogados.

«Vivíamos en su piso, que se lo había alquilado, y temía que nos echara, así que decidí comprárselo en 2006. Para salir adelante trabajaba simultáneamente en dos empleos y pedí el primer préstamo y luego la hipoteca de 72.000 euros, aunque me concedieron de 100.000 euros», continua la leridana.

A pesar de tener dos trabajos con los que pretendía hacer frente a todas sus deudas, el final de mes siempre tenía el mismo color en su cuenta bancaria: rojo. Por ello, se vio sin otra opción que pedir créditos y préstamos para seguir adelante.

Este pequeño gesto sería la génesis de una pequeña bola de nieve que acabaría en una deuda de casi 72.000 euros. «Cuando me veía apurada, pensaba que era una solución [pedir financiación con intereses], pero fue un gran error», puntualiza.

Pero la gota que rebasó el filo del vaso llegó con la pandemia provocada por el COVID-19, que dejó a Ana desempleada y, por tanto, sin recibir ingresos: «Pensaba que, cuando todo pasara, retomaría mi empleo en ambos trabajos, pero no fue así», lamenta. A esta situación se le sumó un malentendido con su inmobiliaria. La mujer, fruto de su nueva relación sentimental, decidió buscar arrendatarios para su vivienda.

Pero en el momento de la firma del contrato, la inmobiliaria redactó y firmó un contrato de compraventa con pago aplazado para los nuevos inquilinos. Así, las cuotas que pagan los compradores son a cuenta del precio total de la vivienda. Este inmueble tenía más deuda que el importe que pactaron para la venta, ya que los importes que iban pagando no contaban con ningún tipo de interés. 

La bola de nieve no cesaba de crecer a pesar de haber recuperado uno de sus empleos cuando la crisis del coronavirus permitía volver a la normalidad en pequeña escala.

Las noches en vilo haciendo cuentas de cómo salir del paso dejaban paso a los días llenos de amenazas por parte de las entidades de cobro de deuda: «Las llamadas y correos electrónicos de los bancos y las empresas de recobro de deudas eran horribles. Eran amenazantes. Incluso, un día se presentó en mi trabajo la directora de una entidad bancaria reclamando el dinero y fue una situación humillante e imposible de olvidar», recuerda Ana.

Una luz al final de túnel gracias a la Ley de Segunda Oportunidad

Cuando todo parecía perdido, topó con Bergadà Abogados en octubre de 2024. Gracias a esta firma especializada en derecho concursal y Ley de la Segunda Oportunidad, la vecina de Lérida conoció la herramienta legal de la exoneración del pasivo insatisfecho, al que podía acogerse.

«Con la documentación aportada reafirmamos que se trataba de una deudora de buena fe, requisito indispensable para acogerse a la Ley de la Segunda Oportunidad», señala Marta Bergadà.

Y así también lo ha considerado el juez del Juzgado de lo Mercantil nº1 de Lleida, que ha concedido este derecho a la deudora. «Mi historia es la de la superación constante y este capítulo es uno más. Además, tengo claro que no quiero más tarjetas de crédito, porque lo he pasado tan mal que les tengo terror. Pero lo más importante es que puedo comenzar mi vida de nuevo», respira tranquila la leridana.

«Cada vez más personas recurren a este mecanismo jurídico, aunque todavía es poco conocido entre la población general. Es fundamental visibilizar que existen soluciones legales para quienes están en situación de sobreendeudamiento», argumenta Bergadà.

«Casos como este demuestran que la Ley de la Segunda Oportunidad funciona y transforma vidas», concluye la abogada. Los deudores que pierden la esperanza del salir del pozo de las deudas pueden encontrar en la Ley de la Segunda Oportunidad la vía para la salvación económica.

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