Hay agendas que no mienten. O eso sostiene la Guardia Civil.
La Unidad Central Operativa (UCO) intervino una agenda del año 2025 a Leire Díez, exmilitante socialista investigada por la Audiencia Nacional, y lo que encontró entre sus páginas no ha tardado en convertirse en un problema político de primera magnitud para el Ejecutivo.
En la página correspondiente al 3 de febrero figura una anotación escueta, sin adornos: «reunión con P.S.».
Sin más detalle. Sin contexto explicado. Solo esas tres letras y un nombre que el entorno presidencial no tardó en repudiar este viernes con la velocidad que solo genera la incomodidad.
Desde Moncloa se salió al paso con rapidez inusual. Fuentes gubernamentales desmintieron «rotundamente cualquier encuentro del presidente Pedro Sánchez con Leire Díez».
El propio presidente del Gobierno, en plena cumbre europea en Montenegro, añadió su propia versión desde la distancia geográfica que, paradójicamente, no le alejó del asunto: «Nunca avalé, nunca tuve información, ni nunca tuve conocimiento de algo que nunca hubiera tolerado».
Cuatro «nuncas» en una sola frase. La repetición tiene su propia elocuencia.
Los nombres que no debían estar ahí
La agenda no se limita a esa única referencia críptica del 3 de febrero. Siete días después, el 10 de febrero, aparece escrito con todas las letras «Pedro Sánchez«, flanqueado por una constelación de nombres que compone, en sí misma, un mapa del poder socialista: «Santos Cerdán», «Carmen Calvo», «Marlaska», «Secretario Estado Rafael Pérez», «Illa», «Bonilla», «José Luis Rodríguez».
No es una lista de enemigos. Es una lista de interlocutores.
Dos días más tarde, el 12 de febrero, el tono cambia. La anotación reza «Diligencias J.L. Ábalos» y se divide en dos apartados que revelan una lógica operativa difícil de ignorar: «Descartados Pedro Sánchez, Carmen Calvo, Santos Cerdán» en el primero; «Replantear Marlaska, Rafael Pérez o D.G.G.C., Illa a través del S.E. Sanidad» en el segundo.
Una metodología. Una criba. Alguien estaba decidiendo, sobre el papel, quién servía y quién no para algún propósito que la investigación trata de determinar.
«El one» y el mensaje que lo cambia todo
Si la agenda genera preguntas, los mensajes intervenidos generan respuestas incómodas.
Uno de los más relevantes es el que Leire Díez envió al expresidente de la SEPI, Vicente Fernández. El texto, recogido en un informe de la UCO, dice: «Ayer le dijo el one a S que me dijera que estoy haciendo un trabajo enorme y que no me venga abajo».
La respuesta de Fernández no tiene desperdicio: «Me alegro que así lo piense. Otras se esconden, tú das la cara».
¿Quiénes son «S» y «el one»? La UCO no deja margen a la interpretación. En su informe, los investigadores de la Guardia Civil concluyen que «las referencias efectuadas a ‘S’ se consideran efectuadas a Santos Cerdán y, por otro lado, las efectuadas a ‘el one’, lo serían al presidente del Gobierno».
Pedro Sánchez como «el one». El número uno. El único.
Díez, según la tesis policial implícita en ese informe, no actuaba sintiéndose sola. Actuaba sintiéndose respaldada. Y en sus mensajes privados, intervenidos por orden judicial, nombraba a alguien en la cúspide. La Moncloa lo llama mensaje malinterpretado. La UCO lo llama indicio.
La investigación que Sánchez dice no conocer
La Audiencia Nacional investiga a Leire Díez por presuntamente haber tratado de entorpecer investigaciones judiciales que afectan al PSOE y al Gobierno.
Una acusación de una gravedad extraordinaria que, según el presidente, se desarrolló sin su conocimiento, sin su aval y sin su tolerancia.
El problema es que la agenda intervenida y los mensajes capturados construyen una narrativa diferente. No probatoria, necesariamente. Pero sí perturbadora.
Hay una anotación. Hay nombres. Hay mensajes en los que alguien presuntamente cercana al poder afirma recibir ánimos desde lo más alto. Y hay una Audiencia Nacional que sigue mirando.
La Moncloa niega. La UCO documenta. Y en algún punto entre esos dos verbos está la verdad que el instructor deberá encontrar.