En «Minority Report», el protagonista, John Anderton, jefe de la unidad PreCrimen en Washington D.C. –papel interpretado por Tom Cruise–, se mueve en un futuro en el que la policía detiene a los agresores antes incluso de que lleguen a actuar.
Su personaje es un agente altamente competente y firme defensor del sistema que detiene a las personas antes de que cometan un delito. Sin embargo, todo cambia cuando el propio sistema predice que él mismo cometerá un asesinato, lo que lo convierte en fugitivo y lo obliga a investigar desde dentro los fallos y secretos del programa que siempre había defendido.
Aquel sistema, bautizado como «Precrime», parecía pura fantasía, pero el magistrado del Tribunal Supremo Vicente Magro sostiene que, salvando las distancias, la inteligencia artificial (IA) empieza a ofrecer algo parecido: una herramienta capaz de evaluar con mucha más precisión el riesgo de que una mujer acabe siendo asesinada en un contexto de violencia de género.
Así lo explicó en el IV Forum Europeo de Inteligencia Artificial, organizado por Encuentros Now, la Fundación Ellis Alicante, la Real Academia de Ingeniería de España y Prensa Ibérica, que tuvo lugar en Alicante entre el 5 y el 6 de noviembre pasados.
Allí Magro defendió que la IA se perfila como la vía más potente para reforzar la prevención mediante modelos predictivos, una lógica que ya aplican agencias como el FBI en Virginia con sus unidades especializadas en analizar patrones criminales.
“Si aplicamos la predictibilidad a la evaluación del riesgo, podremos reducir las cifras de crímenes de género”, insistió Magro.
Y los datos apoyan su advertencia: cada año son asesinadas alrededor de 50 mujeres en España, pero solo 4 tenían medidas cautelares activas, según el Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género.
Para el magistrado, es una señal clara de que los métodos tradicionales se quedan cortos y de que la IA puede aportar una anticipación que hoy falta.

La IA como acelerador de la protección: rapidez, precisión y predictibilidad
Magro, que recordó una y otra vez que «no cabe sustituir al ser humano por la IA sino que lo que la IA tiene que hacer es asistirlo«, resumió las ventajas de la IA en tres grandes aspectos:
Rapidez en la decisión
La tecnología puede procesar en segundos indicadores que un análisis humano tardaría mucho más tiempo en ordenar y conectar. Patrón de reincidencia, historial del agresor, contexto familiar… todo entra en juego.
«Esa inmediatez», señaló, «puede marcar la diferencia a la hora de adoptar medidas cautelares sin demora».
Coherencia y objetividad
Los sistemas trabajan con criterios uniformes y reducen el margen de subjetividad que suele acompañar a las valoraciones manuales. Ejemplos como la Harm Assessment Risk Tool (HART, o Herramienta de Evaluación de Riesgo de Daños, en español), desarrollado junto a la Universidad de Cambridge con datos policiales de Durham entre 2008 y 2012, clasifican la probabilidad de reincidencia en niveles de riesgo, incluso cuando no existe una relación directa entre el delito previo y el posible siguiente paso.
«Partiendo de estos, de si ciertos sospechosos reincidieron y con base en diversos factores no siempre relacionados con el delito cometido, se pretende que el sistema evalúe el riesgo como bajo, medio o alto en los sospechosos reincidentes», explicó el magistrado.

Un cambio de enfoque: de responder a prevenir
Frente a un sistema que actúa tras la denuncia o la agresión, la IA permite acercarse a la predicción de una posible escalada violenta. No sustituye al juez, recuerda Magro: “la decisión final es humana”. Pero sí amplía su capacidad de actuar a tiempo.
¿Una justicia predictiva? El desafío jurídico
La pregunta que plantea Magro es de calado: «¿Podemos hablar de una justicia predictiva basada en IA?».
Él afirmó que sí, siempre que haya supervisión humana. «La previsibilidad es una nota cada vez más relevante, destacada por la jurisprudencia tanto nacional como europea como una de las exigencias del principio de legalidad ya que da seguridad jurídica a los ciudadanos», relató.
En esa línea propuso la figura del “juez gemelo digital”: un asistente digital que recopile jurisprudencia relevante, muestre cómo se resolvieron casos parecidos y ofrezca posibles alternativas.
«El juez, con más información y menos incertidumbre, tomaría la última palabra», subrayó.
Del «thriller» futurista a la política pública real
Lo que en «Minority Report» era un experimento futurista basado en visiones proféticas, hoy se articula con datos y aprendizaje automático. Y, a diferencia del filme, no se detiene a nadie por un delito inexistente: se evalúa con mayor exactitud la probabilidad de reincidencia o de escalada, lo que permite reforzar la protección de la víctima.
Magro condensó esta idea en una frase que está marcando el debate sobre violencia de género: “La inteligencia artificial nos permitirá anticipar el crimen de género y evitar que se consume.”
Un planteamiento que ya no suena a ciencia ficción, sino a un reto inmediato. Si la tecnología puede salvar vidas, la discusión —advierte— no es si debemos usarla, sino cómo hacerlo con garantías y rigor.
El magistrado terminó su intervención señalando la jurisprudencia del Supremo español sobre la Inteligencia Artificial: «Tribunal Supremo, Sala Segunda, de lo Penal, Sentencia 152/2024 de 21 Feb. 2024, Rec. 1606/2022«.