La simplificación normativa se ha convertido en uno de los grandes titulares del momento en Bruselas. Tras más de una década de hiperregulación —particularmente intensa desde la crisis financiera de 2008—, las instituciones europeas impulsan ahora un proceso para aligerar cargas y devolver competitividad a las empresas.
Pero esta aparente buena noticia abre un debate profundo: ¿simplificar implica necesariamente reducir riesgos o, por el contrario, puede generar nuevas zonas grises que tensen aún más el papel del Compliance Officer?
Con esta pregunta de fondo se celebró la mesa de debate “El nuevo reto del Compliance ante el proceso de simplificación normativa en Europa”, protagonizada por Judith Arnal Martínez, investigadora sénior en CEPS y el Real Instituto Elcano; Patricia Rodríguez Muñoz, socia directora del Área de Regulación Financiera de Afi; y Gloria Hernández Aler, miembro de la Junta Directiva de ASCOM y socia de finReg360. Todo dentro del Día del Compliance Officer de ASCOM, que se celebró el 25 de noviembre pasado.
Tres voces expertas para abordar un fenómeno que está reconfigurando el panorama regulatorio europeo.
Las ponentes coincidieron en que el impulso político hacia la simplificación responde a una evidencia incontestable: “el exceso de regulación es tremebundo”. Desde 2008, la Unión Europea ha generado un volumen ingente de normas que ha tensionado a empresas, supervisores y profesionales del cumplimiento.
Reducir esa carga parecía inevitable. Sin embargo, advirtieron que simplificar no puede convertirse en sinónimo de banalizar. “Se necesita un ejercicio calibrado, riguroso y basado en información de calidad”, señalaron, subrayando el riesgo de que una simplificación mal diseñada acabe provocando más inseguridad jurídica que soluciones.
«El Compliance, lejos de relajarse, deberá prepararse para una etapa en la que interpretar, adaptar y anticipar será más crucial que cumplir por acumulación».
El debate también puso el foco en cómo Europa ha transitado de un extremo al otro con sorprendente rapidez. Durante años se habló del llamado “efecto Bruselas”, una suerte de poder regulatorio europeo que marcaba estándares globales.
Hoy, sin embargo, el discurso ha virado hacia la urgencia de aliviar el marco normativo para no perder competitividad frente a Estados Unidos y Asia. Simplificar, insistieron, es esencial, pero debe hacerse con una técnica legislativa impecable y análisis profundo del impacto real en el mercado.
Para los «Compliance Officers», la transición no será sencilla. En el corto plazo —reconocieron las expertas— el escenario será más exigente: habrá que estudiar con detalle todas las propuestas legislativas y seguir de cerca su tramitación en el Parlamento Europeo. Además, la simplificación no elimina obligaciones, ni mucho menos responsabilidades.
De hecho, obligará a revisar políticas internas, ajustar procedimientos, rediseñar controles y actualizar marcos de reporte. “El ‘Compliance Officer’ va a vivir peor al principio; la adaptación será compleja”, apuntaron.
A largo plazo, se espera que el esfuerzo merezca la pena: menos carga documental, mayor claridad operativa y un entorno normativo más ágil. Pero ese horizonte convivirá con una paradoja inevitable: menos reglas no significan menos riesgo. Al contrario, pueden exigir todavía más análisis, más criterio profesional y una función de Compliance más estratégica que nunca.
Europa simplifica, sí. Pero el Compliance, lejos de relajarse, deberá prepararse para una etapa en la que interpretar, adaptar y anticipar será más crucial que cumplir por acumulación.