Foto de familia de premiados y premiantes. En la primera fila, de izquierda a derecha, Antonio Dorado (Cuatrecasas), Héctor Jausàs, (Fieldfisher España), Gonzalo Díaz-Heredero López, ganador del Premio Jurídico categoría Estudiante, María Laffitte Ageo, ganadora del Premio Jurídico categoría Profesional, Rafael Barrillero Yarnoz, director de Madrid de RibéSalat, y Juan José Sánchez Puig, CEO de ISDE. Detrás, en la misma dirección, Rodrigo Martos, Elisa de Blas Pombo, María Ángeles Carmona, Aránzazu Villodre, Delia Rodríguez, Germán Ruiz, Beatriz Martínez-Falero, Jorge Martín Losa, Alberto García Barrenechea y José Carlos Cano Montejano. Foto: ISDE.

La XV Edición del Premio Jurídico Internacional 2025 de ISDE reivindica la moral como verdadera inteligencia

6 / 12 / 2025 05:43

Siempre que el ser humano se deja deslumbrar por los brillos del progreso —ese ídolo cambiante que unas veces promete salvarnos y otras parece dispuesto a devorarnos— conviene recordar que ningún avance técnico, si no hunde sus raíces en la ética, es más que un espejismo que termina disipándose en cenizas.

Con esa advertencia, tan antigua como nosotros mismos, podría abrirse el relato del XV Premio Jurídico Internacional ISDE 2025, celebrado en la solemnidad del Aula Magna de la sede madrileña.

Allí se reunieron juristas de larga trayectoria y jóvenes promesas para celebrar el derecho y, quizá sin pretenderlo, confrontar la sombra cada vez más presente de una inteligencia artificial que se cierne sobre nuestras instituciones como un nuevo Leviatán electrónico.

En medio de la pompa académica y del ambiente solemne tan propio del mundo universitario, destacó la figura de Beatriz Martínez-Falero, directora de Asesoría Jurídica y miembro del Comité Ejecutivo de Mahou S.A. En esta edición ejerció como madrina del certamen y ofreció una classis magistralis que bien podría haber complacido al propio Cicerón.

Con la serenidad de quien conoce a fondo los entresijos de la vida corporativa, habló sobre esa convivencia —a ratos tranquila, a ratos tensa— entre la inteligencia artificial y la ciberseguridad en el espacio especialmente delicado de los Consejos de Administración.

Martínez-Falero recordó, con una claridad que parecía partir el aire, que “la inteligencia más poderosa es la moral, no la artificial”. Sus palabras despertaron en los presentes un silencio cargado, mezcla de asombro y nostalgia, como si todos intuyeran que en esta carrera tecnológica estamos dejando atrás aquello que da verdadera dignidad al ser humano: el juicio ponderado, la confianza ganada, la virtud ejercida sin grandilocuencias.

A Beatriz Martínez-Falero, directora de Asesoría Jurídica y miembro del Comité Ejecutivo de Mahou S.A., le correspondió la impartición de la classis magistralis de esta ceremonia. Foto: ISDE.

ISDE, una institución que no teme adentrarse en estos terrenos inciertos, quiso mostrar que la innovación, cuando se gobierna desde la ética, puede convertirse en un pilar firme para el porvenir del derecho.

Su apuesta por la digitalización —inteligencia artificial, «blockchain», plataformas interconectadas— no se presentó como un gesto futurista, sino como un compromiso real con la formación de juristas capaces de dominar la tecnología sin renunciar a su humanidad.

Liturgia del mérito

Después de la reflexión, llegó el turno de los reconocimientos.

En la categoría profesional, María Laffitte Ageo fue reconocida por un estudio que entrelaza derecho deportivo, contratación pública y competencia: un tríptico jurídico que refleja la realidad de un país que convierte sus competiciones en industria y espectáculo, no siempre regidos —ay— por la transparencia que cabría esperar de lo público.

Su investigación, entregada por Elisa de Blas Pombo, adjunta a la Dirección General de Nueva Mutua Sanitaria, recordó que los reglamentos federativos suelen ser escenarios donde se entreveran pasiones, intereses y silencios poco confesables.

A María Lafitte (a la derecha), galardonada en la categoría profesional, le entregó el premio Elisa de Blas Pombo. Foto: ISDE.

En la categoría estudiante, Gonzalo Díaz-Heredero López recibió el premio de manos de Rafael Barrillero Yárnoz, director de la oficina de Madrid de RibéSalat, por su estudio sobre la exención del artículo 7 p) LIRPF, un trabajo riguroso que ilumina esos recovecos fiscales donde el ciudadano común suele perderse, casi convertido en peregrino involuntario de un laberinto administrativo.

Rafael Barrilero Yárnoz entregó su galardón a Gonzalo Díaz-Heredero López. Foto: ISDe.

La clausura

El acto fue clausurado por Juan José Sánchez Puig, CEO de ISDE, que insistió en que la formación jurídica no debe rehuir la inteligencia artificial, pero tampoco idolatrarla.

“Herramienta, sí; sustituto de la inteligencia humana, nunca», afirmó.. Solo quienes contemplen la técnica desde la altura del criterio podrán guiar la transformación del mundo jurídico sin ceder al vértigo de la deshumanización.

La intervención del CEO de ISDE, Juan José Sánchez Puig, clausuró esta ceremonia anual que ya es un referente obligado. Foto: ISDE.

ISDE agradeció el apoyo de patrocinadores y colaboradores —Nueva Mutua Sanitaria, Mahou San Miguel, RibéSalat, Kiff-Kiff, Viajes Campa S.A., y un nutrido grupo de firmas jurídicas— junto con numerosas universidades.

Todo este tejido de alianzas sostiene un premio que no solo distingue trayectorias, sino que reivindica el papel del derecho como baluarte civilizatorio en una época que, con sus prisas, parece olvidar el valor de detenerse a pensar.

El empeño de educar en tiempos convulsos

Adscrito al grupo educativo Digitalent, ISDE mantiene su propósito de formar juristas preparados para un tiempo que no da tregua. Con dobles titulaciones y programas distribuidos entre Madrid, Barcelona, Asturias, México y Nueva York, demuestra que el estudio del derecho, cuando se cultiva con ambición y sin miedo a la modernidad, puede avanzar sin perder la elegancia de lo clásico.

Tal vez ese sea el legado más hondo del certamen: recordarnos que, aunque la inteligencia artificial avanza con la inexorabilidad de las mareas, la brújula moral sigue siendo insustituible.

Porque solo cuando la técnica se inclina ante la ética —y no al revés— el progreso deja de ser un espejismo y empieza a convertirse en una obra perdurable, digna del ser humano y de su vocación de justicia.

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