La inteligencia artificial generativa ha abierto la puerta a una nueva amenaza para la justicia: la crisis de la evidencia. Así lo advierte Jorge Carrera Doménech, abogado, exmagistrado, exjuez de enlace de España en Estados Unidos y consultor internacional, quien alerta de que en los próximos años los sistemas judiciales deberán reinventar por completo la forma en que valoran las pruebas digitales.
“En los próximos años vamos a vivir también la auténtica crisis de la evidencia”, afirma Carrera, reconvertido en un abogado “youtuber e influencer” a través de su canal “Derecho con Carrera”, en el que analiza todas las novedades en IA para abogados y en el que propone usos avanzados de las herramientas más novedosas –muchas de ellas gratuitas– en el mercado.
Hasta ahora, explica Carrera, una foto, un audio o un vídeo gozaban de una presunción casi automática de veracidad. “Parecían decir la verdad por sí mismos. Pero las tecnologías de IA generativa nos permiten ahora crear verdaderos ‘deepfakes’ con un nivel de credibilidad altísimo. Imágenes. Voces. Vídeos. Absolutamente creíbles”.
Según Carrera, esta capacidad de falsificación está al alcance de casi cualquiera. “Cualquiera con un ordenador medio decente puede poner palabras en boca de otra persona, recrear una escena o manipular un documento sin que el otro humano lo note”.
El resultado es demoledor:“La confianza casi automática que teníamos en la prueba digital se rompe”.
Ante este escenario, el sistema judicial no podrá seguir actuando como hasta ahora. “Jueces, fiscales y abogados tendremos que cambiar el chip”, señala. Y resume el nuevo paradigma con una frase contundente: “Antes, una foto valía más que mil palabras. Ahora vale lo que dice el perito digital”.
Carrera rechaza que la solución pase por eliminar audios o vídeos del proceso judicial. “¿La reacción no puede ser prohibimos los vídeos y los audios? No, porque son esenciales cada vez más para descubrir la verdad”.
TRAZABILIDAD TÉCNICA
A su juicio, lo que viene es “un cambio profundo en cómo se tratan esas pruebas”.
Ese cambio pasa por reforzar la trazabilidad técnica. “Primero, mucha más importancia a cómo se ha obtenido y conservado la prueba, quién grabó, con qué dispositivo, cuándo, qué aplicación se usó, si hay huellas digitales o firmas criptográficas que garanticen que ese archivo es el original y no ha sido manipulado”.
La cadena de custodia digital, subraya, “va a ser casi tan importante como el contenido mismo”.
Además, crecerá el peso de los expertos. “Veremos cada vez más peritos especializados en análisis forense digital capaces de detectar pequeñas incoherencias técnicas que delatan un ‘deepfake’”, apunta, desde fallos en la iluminación hasta errores en el parpadeo o en la sincronización de la voz.
Paradójicamente, la propia inteligencia artificial será también parte de la solución. “La misma tecnología que permite falsificar, bien utilizada puede ayudarnos a desenmascarar la falsificación”, sostiene.
Ya existen, recuerda, modelos capaces de detectar patrones de manipulación y sistemas de “marcas de agua invisibles incrustadas en los contenidos desde el origen” para certificar su autenticidad.
Para Carrera, la conclusión es clara: “La crisis de la evidencia no significa que dejemos de usar prueba digital, sino que tendremos que tratarla de otra manera. Menos fe ciega en lo que vemos en una pantalla y más análisis técnico, más contexto y más corroboración”.
La justicia del futuro, advierte, será híbrida: “Tendrá que combinar la experiencia del juez y de los abogados con herramientas de IA forense, nuevos protocolos de custodia y una cultura jurídica que entienda que, en la era de los ‘deepfakes’, la pregunta clave ya no es solo qué se ve en el vídeo, sino si puedo demostrar que este vídeo es auténtico”.
El reto, sin embargo, también es económico. “Todo lo anterior exigirá costosas inversiones en tecnología que los países con menos capacidad posiblemente tengan dificultades de conseguir”, concluye, dejando abierta una nueva brecha entre sistemas judiciales en la era digital.