Resulta evidente que borrar el pasado hace sangrar el presente y morir el futuro.
Lo que hoy es como es se debe a lo que ayer fue como fue, ya que la Historia no se inventa; posee vida, verdad y raíces inmortales. ¡La vida, como la muerte, son inmortales, siendo los seres humanos quienes en verdad fallecemos!
Negar la evidencia, como arrinconar a la vejez, jamás logrará aniquilar generaciones, resultando progreso sumar generaciones, multiplicando experiencias como gen natural de sabiduría vivencial. ¡Poner sueños hace sumar vida en los años de ancianas y ancianos en el corazón de la memoria de su verídica historia!
Ser madre es ser amor, ser mujer es libertad, y ser abuela y abuelo significa el doble amor por el nacimiento de la vida en los seres humanos. ¡Sin la mujer-madre, la vida no habría nacido en favor de la Humanidad, como progenitora de latidos!
Los derechos sociales, económicos y asistenciales de los mayores, los derechos en la tercera y cuarta edad de mujeres y hombres, de ancianas y ancianos, deben ser garantizados con integral seguridad y eficacia como derechos humanos a la ancianidad.
¡Sumar generaciones es avanzar, multiplicando sabiduría en la compleja y maravillosa Universidad de la Vida!
El Premio Nobel del Mayor debe ser constituido en el mundo actual, con grandeza histórica, con verdad existencial y con libertad sin límites. ¡Sumar anillos de libertad, poniendo corazón en la razón, es ser mayor!
Como creador de la Nueva Figura Jurídica del Defensor del Mayor, considero que no garantizar integralmente el Derecho Humano a la Ancianidad constituiría sangrar la vida, la verdad, la entrega, el servicio y la libertad prestados por millones de mujeres y hombres mayores, en todos los confines de la Tierra.
Bien conozco cómo la indefensión, la indigencia y la inseguridad sangran la vida en ancianas y ancianos, falleciendo en determinados asilos de la muerte, sin los más necesarios servicios asistenciales en situaciones graves de pandemias como el “coronavirus”, sin poder despedirse ni tan siquiera de sus seres queridos. ¡La indigencia de una anciana o un anciano, la indefensión social, económica o asistencial de ancianas y ancianos, agravada por situaciones dependenciales, delatan en el corazón social y humanitario de la vida injusticia con vulneración grave del Derecho Humano a la Ancianidad!
Resulta público y notorio que abuelas y abuelos terminan sus días en determinadas residencias sin el necesario acogimiento familiar, siendo olvidadas y olvidados por descendientes que posteriormente son beneficiarios de sustanciosas herencias.
LIBERTAD TESTAMENTARIA
¡Defiendo la libertad testamentaria, resultando legal y legítimas las vigentes desheredaciones, sin perjuicio de que en el derecho civil común familiar se modifique la actual legislación que contempla herederas y herederos forzosos sin determinadas, concretas y necesarias especificaciones!
Con supremo respeto y necesaria reflexión social en defensa de los seres humanos mayores, considero que la estructura actual en determinadas residencias de ancianas y ancianos resulta a todas luces mejorable para la realización integral del acogimiento familiar, asistencia y ayuda, máxime en situaciones dependenciales, siendo urgente una renovadora y eficaz regularización legislativa que garantice integralmente el Derecho Humano a la Ancianidad, en aras de evitar todo tipo de indefensión social, económica, sanitaria y asistencial.
¡Modificar legalmente la actual estructura de residencias para mayores constituye asignatura pendiente necesaria de obtener sobresaliente cum laude en el mundo actual!
La familia, como núcleo social de libertad y convivencia, no solo está constituida por familias consanguíneas, siendo integralmente relevantes las familias elegidas en libertad, haciendo nacer unión, solidaridad, afecto, entrega y autenticidad.
¡Sumar la libertad de las familias consanguíneas y la libertad de las familias elegidas evitará todo tipo de discriminación!
Gracias a la vejez la sociedad avanza; gracias a mujeres, hombres, abuelas y abuelos, la juventud se engrandece; gracias a poner sueños en los años se logra obtener amor por la historia real y magistrales historias de amor, acreditando que la Ley del Amor en mujeres y hombres mayores reside en amar sin derechos, siendo a todas luces justo, legítimo y apremiante que ninguna mujer, ningún hombre en su tercera y cuarta edad viva y muera sin dignidad.