“No existe una regulación específica sobre cómo debe utilizar el auditor la inteligencia artificial para obtener evidencia adecuada y suficiente”, explicó Myriam Rebollo. Ni a nivel nacional ni internacional. Sobre estas líneas, la subdirectora del iCAC, Myriam Rebollo, durante la entrevista que mantuvo con el director de Confilegal, Carlos Berbell, en el marco del IV Foro de Espertos Confilegal Auditores. Foto: José Ramón.

Myriam Rebollo (ICAC): “La inteligencia artificial no sustituye al auditor, pero va a transformar de raíz la profesión”

15 / 12 / 2025 05:42

Actualizado el 20 / 02 / 2026 12:38

La inteligencia artificial avanza en el ámbito de la auditoría a un ritmo muy superior al de la regulación y al de la propia capacidad de adaptación del sector. Esta fue una de las ideas fuerza que dejó Myriam Rebollo, subdirectora general del Control Técnico del Instituto de Contabilidad y Auditoría de Cuentas (ICAC) –la autoridad del sector– durante su intervención en el IV Foro de Expertos Confilegal Auditores, celebrado el pasado jueves en el Hotel Mandarin Oriental Ritz de Madrid.

Rebollo cerró una jornada marcada por la reflexión sobre los profundos cambios que la tecnología —y, en particular, la inteligencia artificial— está introduciendo en una profesión sometida a una elevada responsabilidad pública y a un marco normativo todavía en evolución. Fue en una entrevista con Carlos Berbell, director de Confilegal, publicación organizadora de este evento.

El punto de partida no es homogéneo. Así lo constata en el informe El reto de la Inteligencia Artificial para la Auditoría, elaborado por el ICAC junto con la Asociación Española de Profesores Universitarios de Contabilidad, que revela que solo el 27,36 % de las firmas auditoras cuenta actualmente con una estrategia integral de inteligencia artificial.

«La inteligencia artificial facilitará el trabajo, pero también generará nuevos riesgos, como la sofisticación del fraude o la falsificación documental. El olfato del auditor seguirá siendo insustituible”, afirmó.

«Tenemos empresas con diferentes capacidades. Y muchos pequeños auditores, cerca de 3.000. No tienen los mismos recursos económicos y personales de cara a los ‘experimentos’ con el algoritmo«, aseguraba la experta. «Existe una barrera de recursos, que afecta especialmente a los pequeños y medianos auditores».

«Experimentos» de adaptación de la IA a las auditorías ante los que Rebollo tiene clara la necesidad de la intervención humana.

«Es necesario contar con personas con capacidad para entender y gestionar los datos que ofrece», destacaba la experta. «Se habla de la responsabilidad del auditor. Y éste tiene que tener la seguridad de que los datos sean fiables. Se están haciendo muchas pruebas con procedimientos de auditoría IA. Pero cuando se trata de procedimientos más complicados, existe un claro riesgo de que se produzca un sesgo que el auditor no pueda identificar», aseguraba.

Solo un 10 % de los profesionales afirma confiar plenamente en la precisión de la inteligencia artificial, mientras que un 65 % manifiesta temor a errores o sesgos, dice el informe El reto de la Inteligencia Artificial para la Auditoría, elaborado por el ICAC. Foto: José Ramón.

Costes, recursos y capital humano

El informe también pone de relieve que más del 70 % de los profesionales percibe el coste inicial de adopción de la inteligencia artificial como una barrera relevante. Para la subdirectora general del ICAC, el problema no es únicamente económico.

“La tecnología está avanzando mucho más deprisa que nuestra capacidad de aprender a utilizarla”, advirtió. A ello se suma la dificultad de encontrar perfiles capaces no solo de manejar estas herramientas, sino de interpretar correctamente sus resultados, una limitación que afecta especialmente a las firmas pequeñas y medianas.

La cautela del sector es patente. Solo un 10 % de los profesionales afirma confiar plenamente en la precisión de la inteligencia artificial, mientras que un 65 % manifiesta temor a errores o sesgos.

El principal riesgo surge cuando los algoritmos operan como auténticas ‘cajas negras’, dificultando la comprensión de los razonamientos que conducen a una determinada conclusión.

Rebollo considera que esta desconfianza es comprensible en una actividad en la que la responsabilidad última sigue recayendo en el auditor que firma el informe.

“El auditor necesita tener la certeza de que la evidencia que obtiene es fiable”, subrayó. El principal riesgo surge cuando los algoritmos operan como auténticas ‘cajas negras’, dificultando la comprensión de los razonamientos que conducen a una determinada conclusión.

Por ello, la transparencia de los algoritmos se configura como uno de los grandes desafíos. Rebollo equiparó el uso de la inteligencia artificial al recurso a expertos externos: “Hay que entender las hipótesis que utiliza, validar sus premisas y comprobar que es adecuada para el objetivo de auditoría que se persigue”.

«El auditor tiene que saber y entender la IA. Debe comprobar que sirve para el fin para la que la está utilizando, y que sus hipótesis son adecuadas», afirmó.

La formación, una exigencia ineludible

Otro de los datos relevantes del estudio es que solo el 44,9 % de los profesionales ha recibido formación específica en inteligencia artificial. Para el ICAC, la capacitación tecnológica se ha convertido en una condición imprescindible.

La inteligencia artificial ha llegado para quedarse. El que no la utilice, probablemente quedará fuera del mercado”, afirmó Rebollo.

«No podemos darle la espalda a la IA», destacaba después Myriam Rebollo en su intervención. «El que no la use, probablemente se quedará fuera del mercado. Supone un importante esfuerzo que las firmas y auditores deben hacer».

Un esfuerzo que, especialmente, se centra en la formación, un punto «fundamental», para la experta, ante la llegada de la IA, y su implantación en un sector tan profesionalizado como las auditorías.

«Los datos sensibles están ahí, pero el auditor lleva trabajando con ellos desde siempre. Y es responsabilidad de éste el cuidar de esos datos, independientemente de con qué herramienta los gestione», aseguró Rebollo.

«El auditor tiene que saber y entender la IA. Debe comprobar que sirve para el fin para la que la está utilizando, y que sus hipótesis son adecuadas», afirmó.

Un desafío ante el que, actualmente, los auditores no cuentan con un marco normativo aplicado. «En realidad, en nuestro marco normativo, la única mención a estas tecnologías está en 2019. Y ChatGPT nació en 2020. No hay menciones para los auditores de cómo pueden utilizar estas tecnologías avanzadas en su trabajo», lamentaba.

Algo ante lo que es clave la transparencia, y la prudencia. «Si no confío en que la IA sea adecuada, no la puedo utilizar».

«La transparencia tiene que estar ahí. Siempre tiene que haber comunicación con el cliente sobre los procesos que puedan ser más complicados o más sensibles. Los datos sensibles están ahí, pero el auditor lleva trabajando con ellos desde siempre. Y es responsabilidad de éste el cuidar de esos datos, independientemente de con qué herramienta los gestione», aseguraba Rebollo.

Un marco normativo claramente insuficiente

Desde el punto de vista regulatorio, Rebollo reconoció la existencia de un vacío significativo. Las normas internacionales de auditoría apenas contienen referencias a tecnologías avanzadas y la última revisión relevante es anterior incluso a la irrupción de GPT.

No existe una regulación específica sobre cómo debe utilizar el auditor la inteligencia artificial para obtener evidencia adecuada y suficiente”, explicó.

No obstante, recordó que las obligaciones generales siguen plenamente vigentes: documentación exhaustiva, trazabilidad de los datos y justificación de los procedimientos aplicados, con independencia de la tecnología utilizada.

A nivel internacional, los trabajos de adaptación normativa avanzan con lentitud. El horizonte que manejan los reguladores sitúa la reforma integral en torno a 2027, lo que supone llegar varios años después de la gran disrupción tecnológica.

En cuanto a la relación entre auditores y clientes, Rebollo no prevé cambios sustanciales. “El auditor lleva toda la vida trabajando con datos sensibles”, recordó. La clave seguirá siendo la comunicación y, cuando sea necesario, el consentimiento expreso del cliente, especialmente si el uso de tecnología implica un acceso más profundo a sus sistemas.

El juicio profesional y el escepticismo del auditor seguirán siendo irrenunciables en este mundo con inteligencia artificial, aseguró Myriam Rebollo. Foto: José Ramón.

Cómo será la auditoría dentro de cinco años

De cara al futuro inmediato, Rebollo anticipa una transformación profunda de la profesión. La tradicional estructura piramidal tenderá a desaparecer, a medida que los trabajos mecánicos y repetitivos queden en manos de la inteligencia artificial.

“Los profesionales más jóvenes dejarán de hacer tareas automáticas desde el primer momento y pasarán a aplicar juicio profesional mucho antes”, explicó. Serán, desde el inicio, los primeros revisores del trabajo realizado por la inteligencia artificial.

«Creo que va a haber un cambio significativo. La estructura de la auditoría siempre ha sido muy piramidal, empezando los más jóvenes con tareas mecánicas como picar datos. Pero ahora, tendrán que ser «revisores» de IA, sin esa tarea mecánica. Una tarea de revisión que es fundamental, porque la IA no puede quedarse sola. Así que esos primeros niveles de auditores, que antes picaban datos, ahora serán «responsables» de la inteligencia artificial. Y eso también puede ser positivo para la atracción de jóvenes hacia la auditoría», concluía.

“Los profesionales más jóvenes dejarán de hacer tareas automáticas desde el primer momento y pasarán a aplicar juicio profesional mucho antes”, explicó.

Lejos de restar atractivo a la profesión, esta evolución puede reforzarlo. “Su criterio va a contar desde el principio”, afirmó, convencida de que este cambio ayudará a atraer talento joven.

«Son perfiles muy necesario. Se puede acudir a expertos, pero hay que entender su papel. Ya no va a haber un auditor al uso. Ahora, su labor es mucho más compleja».

Un cambio que, para Rebollo, a pesar de suponer un aumento en las dificultades de la profesión, también puede suponer una nueva ventana al talento. Especialmente, de cara a atraer gente joven a una profesión que, en sus primeros años, puede no resultar tan atractiva.

Eso sí, el juicio profesional y el escepticismo seguirán siendo irrenunciables. La inteligencia artificial facilitará el trabajo, pero también generará nuevos riesgos, como la sofisticación del fraude o la falsificación documental. “El olfato del auditor seguirá siendo insustituible”, concluyó.

Para el supervisor, el reto tampoco será menor. La complejidad aumentará y la documentación continuará siendo clave. “Lo que no se documenta es como si no existiera”, recordó Rebollo, subrayando que el futuro de la auditoría exigirá más rigor, más formación y una adaptación constante a un entorno tecnológico en permanente evolución.

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