La presentación del Libro Blanco sobre Inteligencia Artificial y Abogacía, celebrada el pasado jueves en Madrid, dejó claro que la inteligencia artificial ya no es una hipótesis de futuro para el sector jurídico, sino un factor estructural de transformación que interpela directamente a la profesión.
El acto, organizado por el Consejo General de la Abogacía Española, el Colegio de Abogados de Valencia y la Universidad de Valencia, bajo el auspicio del Ministerio para la Transformación Digital y la Función Pública, reunió a responsables políticos, institucionales y académicos con un mensaje común: la abogacía debe liderar, y no padecer, el cambio tecnológico.
Un evento que reunió presencialmente a más de 100 personas y a más de 1.500 de forma telemática. El Libro Blanco se puede descargar al final de esta noticia.
Al ministro del ramo, Óscar López, le correspondió clausurar el acto con una intervención de marcado tono político y estratégico.
López situó la inteligencia artificial al nivel de “un cambio tecnológico histórico, comparable a la irrupción de Internet”, subrayando que España se encuentra “ante una oportunidad única” si es capaz de conjugar innovación, regulación y derechos fundamentales.

El ministro criticó el falso mantra de que «la innovación es incompatible con la regulación» y aseguró que, al contrario, la regulación no es un freno, sino “una condición para que la tecnología sea compatible con la democracia”.
Destacó, además, el papel de los juristas como garantes de la transparencia, la justicia y la protección de los más vulnerables, especialmente los menores y los consumidores.
Desde una perspectiva claramente profesional, el presidente del Consejo General de la Abogacía Española, Salvador González, definió el Libro Blanco como una herramienta pensada “para acompañar a la abogacía en una adaptación estratégica a una realidad imparable”.
González insistió en que la inteligencia artificial ya está presente en los despachos —“el 60% de los profesionales ya utilizan aplicaciones con IA”— y advirtió de que no formarse supone una desventaja competitiva real, especialmente para pequeños despachos y profesionales autónomos.

Aun así, fue tajante en marcar límites: la tecnología puede mejorar la eficiencia, pero “siempre bajo la supervisión directa y el juicio crítico del abogado”.
En la misma línea, el decano del Colegio de Abogados de Valencia, José Soriano, defendió que la abogacía tenía ante sí dos opciones: “resistirse al cambio desde el miedo o asumir un papel activo y responsable”. El Libro Blanco, afirmó, es la expresión de esa segunda vía.
Soriano remarcó que la inteligencia artificial “no sustituye ni la responsabilidad ni el juicio jurídico, que sigue siendo humano”, y subrayó la centralidad del secreto profesional y la confidencialidad como líneas rojas innegociables en el uso de estas herramientas.
Uno de los mensajes más relevantes desde el punto de vista regulatorio llegó de la mano del presidente de la Agencia Española de Protección de Datos, Lorenzo Cotino, quien sorprendió al reivindicar una visión proactiva de la inteligencia artificial en el sector público.

“La potencia sin control no sirve de nada, pero no usar la IA hoy en la administración es perder eficiencia, calidad y servicio público”, afirmó.
Cotino recordó que la AEPD ha adoptado la primera política interna de uso de inteligencia artificial en España y defendió una innovación responsable, basada en explicabilidad, transparencia y respeto estricto a los derechos fundamentales.
El enfoque técnico y metodológico del Libro Blanco fue detallado por su coautora, la profesora de Derecho Administrativo de la Universidad de Valencia Rosa Cernada Badía.
Cernada explicó que el documento tiene una vocación claramente práctica: ofrecer a toda la abogacía, con independencia de su tamaño o nivel tecnológico, un marco riguroso para comprender qué puede hacerse hoy con la inteligencia artificial y con qué riesgos.

Destacó especialmente los resultados del cuestionario realizado a más de 1.800 profesionales, que revelan un uso todavía desigual de la IA, pero un elevado interés en formarse, especialmente entre quienes aún no la utilizan.
“No se trata de ser expertos en tecnología, sino de entender sus límites y asumir plenamente la responsabilidad de las decisiones adoptadas con su apoyo”, concluyó.
La presentación del Libro Blanco dejó así una idea transversal: la inteligencia artificial no redefine solo herramientas, sino la propia identidad profesional de la abogacía.
Frente al vértigo tecnológico, las instituciones coinciden en una hoja de ruta clara: formación continua, uso estratégico, supervisión humana y una defensa firme de los derechos que dan sentido a la profesión.