Opinión | Algo grave, muy grave, está ocurriendo en el orden internacional y conviene decirlo sin ambages

Ricardo Rodríguez, doctor en derecho y magistrado, aborda en su columna la crisis del estado de derecho internacional a través de la intervención estadounidense contra Irán. Sobre estas líneas, el portaaviones nuclear US Gerald R. Ford, desde donde se están llevando a cabo gran parte de los ataques contra la capital de la antigua Persia. Foto: US Navy.

10 / 03 / 2026 05:40

En esta noticia se habla de:

La creciente tensión en torno a Irán vuelve a plantear una cuestión que muchos creían definitivamente cerrada tras la Segunda Guerra Mundial: si la guerra puede volver a convertirse en un instrumento ordinario de la política.

No estamos simplemente ante un episodio más de la inestabilidad crónica de Oriente Medio. Estamos, sobre todo, ante una prueba para el propio derecho internacional.

Conviene recordarlo. El sistema jurídico internacional nacido en 1945 se edificó sobre una regla esencial: la prohibición del uso de la fuerza.

No es una declaración retórica ni una cláusula diplomática. Es la piedra angular del orden internacional.

El artículo 2.4 de la Carta de las Naciones Unidas prohíbe expresamente el uso de la fuerza en las relaciones internacionales.

La fuerza solo es utilizable en dos supuestos

Los Estados solo pueden recurrir a la fuerza en dos supuestos: por autorización del Consejo de Seguridad o en legítima defensa frente a un ataque armado.

Nada más.

Todo lo demás son interpretaciones interesadas, construcciones políticas o intentos -más o menos sofisticados- de justificar lo injustificable.

Y es aquí donde aparece el verdadero problema.

En el caso de Irán comienza a abrirse paso, una vez más, la vieja tentación de la guerra preventiva. Se habla de amenazas potenciales, de riesgos estratégicos futuros, de equilibrios regionales que habría que preservar incluso mediante el uso anticipado de la fuerza.

Pero conviene recordar algo elemental desde el punto de vista jurídico: la guerra preventiva no forma parte del derecho internacional.

No, no y no.

Se puede decir más alto, pero no más claro.

Cuando el derecho retrocede, la fuerza avanza

Admitirla significaría dinamitar la regla fundamental que ha contenido -con mayor o menor éxito- la violencia entre Estados durante casi ocho décadas.

Porque si basta con invocar un peligro hipotético para justificar un ataque, entonces la prohibición del uso de la fuerza queda vaciada de contenido.

Y entonces cabe preguntarse: ¿qué impediría a cualquier Estado alegar amenazas futuras?

¿Qué gobierno no podría anticipar riesgos estratégicos para justificar una guerra?

«Cuando el derecho retrocede ante la fuerza, el orden internacional deja de ser un sistema de normas».

Se convierte, simplemente, en un sistema de poder.

¿Dónde quedaría entonces el propio derecho internacional?

La respuesta es evidente. Y profundamente inquietante.

Porque cada vez que se fuerza la interpretación de las normas para acomodarlas a intereses estratégicos, el derecho retrocede un paso. Y cuando el derecho retrocede, la fuerza avanza.

Si la guerra preventiva se convierte en doctrina, el derecho internacional deja de ser un sistema de normas. Se convierte en una simple relación de poder.

Conviene no engañarse. Las normas que limitan la guerra no se destruyen de un día para otro. Se erosionan lentamente. Excepción tras excepción. Justificación tras justificación. Interpretación tras interpretación.

Hasta que un día dejan de existir.

Una prueba de resistencia del orden jurídico internacional

Y cuando eso ocurre, el orden internacional deja de ser un sistema de normas para convertirse en un simple equilibrio de poder.

A mi juicio, ese es el verdadero alcance del debate que hoy se plantea en torno a Irán. No estamos únicamente ante una crisis regional. Estamos ante una prueba de resistencia del propio orden jurídico internacional.

Porque cada vez que las reglas se fuerzan para acomodarlas a intereses estratégicos, el derecho retrocede un paso. Y cuando el derecho retrocede, la fuerza avanza.

Por eso el debate sobre Irán no es solo geopolítico. Es jurídico. Y es profundamente institucional.

La cuestión no es únicamente qué hacer con Irán.

La cuestión es otra mucho más inquietante: si el mundo está dispuesto a seguir viviendo bajo la ley o si está preparado para volver a vivir bajo la fuerza.

Porque cuando la ley deja de contener la guerra, la guerra termina sustituyendo a la ley.

Y cuando el derecho retrocede ante la fuerza, el orden internacional deja de ser un sistema de normas.

Se convierte, simplemente, en un sistema de poder.

Y eso ya no es derecho internacional. Es la ley del más fuerte.

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