Bree Philips, abogada de Perkins Coie, denuncia en LinkedIn que su socia supervisora la acusó de tener una aventura con su marido y que el despacho enterró su queja, justo cuando la firma anuncia su fusión con Ashurst. Foto: Rollonfriday.

La fusión Perkins Coie-Ashurst en EE.UU. arranca con un escándalo: una abogada denuncia acoso, rumores sexuales y una investigación que nunca existió

5 / 05 / 2026 05:43

El momento lo eligió ella. No fue casualidad. Cuando Perkins Coie y Ashurst anunciaron su fusión transatlántica, Bree Philips, abogada de la oficina de Seattle del bufete estadounidense, decidió que era la ocasión.

Publicó en LinkedIn lo que llevaba meses callando. Una historia de rumores sexuales, un correo fuera de control, y un departamento de recursos humanos que, según ella, se limitó a mirar hacia otro lado.

El escándalo llega en el peor momento para dos firmas que acaban de apostar su futuro la una por la otra.

Por qué esta fusión importa

Perkins Coie no es un despacho cualquiera. Con más de 1.200 abogados en veinte oficinas, es una de las firmas de referencia en derecho tecnológico, litigación compleja y financiación de startups en Estados Unidos.

Sus clientes están en el corazón del ecosistema de Silicon Valley. Para Ashurst —firma británica con sólida implantación en Europa, Asia y Australia, pero con escasa presencia en el mercado estadounidense— la fusión es un salto estratégico que no se improvisa.

De golpe, accede al núcleo del negocio legal norteamericano en un momento en que los grandes despachos globales compiten ferozmente por ganar escala en ambos lados del Atlántico.

Es precisamente ese anuncio el que le ha dado a Philips la plataforma. Y ella la ha usado.

Primer rumor: una agresión sexual inventada

La historia arranca en septiembre de 2025. Philips afirma que su socia supervisora difundió un rumor según el cual había sido agredida sexualmente por un socio de otro departamento.

El bulo tuvo consecuencias inmediatas y concretas: un socio de ese grupo la convocó a una reunión a puerta cerrada.

Lo que ocurrió dentro de esa sala no tiene precedente fácil en la literatura de recursos humanos de los grandes despachos. «Esa mentira provocó una reunión incómoda con un socio varón de otro grupo, durante la cual me preguntó sobre mi vida sexual», ha escrito Philips en Linkedin.

Un rumor fabricado. Una reunión privada. Preguntas sobre su historial íntimo. Todo ello sin que nadie, según Philips, interviniera para detenerlo.

Segundo rumor: la aventura que nunca existió

Un mes después llegó el segundo episodio. El marido de su supervisora —él mismo exsocio de Perkins Coie— le envió un correo electrónico dirigido a ella y a otra asociada. Las llamó «idiotas». Las responsabilizaba de unos rumores sobre una supuesta aventura suya.

Philips le llamó de inmediato. La explicación que recibió lo aclaraba todo, y no aclaraba nada. Durante una discusión de pareja, su mujer —la supervisora— le había acusado de tener una aventura.

Y había pronunciado el nombre de Philips.

«Así es. Mi socia supervisora acusó a su marido de tener una aventura conmigo», ha escrito Philips en LinkedIn, con una sequedad que dice más que cualquier adjetivo.

El correo que no debería existir

Philips publicó el correo. Con nombres tachados, pero publicó. Y el documento es, en sí mismo, un problema mayúsculo para Perkins Coie.

El marido rechaza la aventura con una comparación que revela su estado de ánimo. «Si supierais algo significativo sobre mi vida —lo que evidentemente no es el caso— sabríais que la posibilidad de que yo tenga o busque una aventura es tan verosímil como que yo sea uno de los que robaron el Louvre».»

Después, la carta se descarrila. El exsocio carga contra el ambiente del despacho y contra las propias asociadas con una virulencia que resulta difícil de justificar bajo cualquier circunstancia profesional.

«Veo a muchos asociados tristes y necesitados que, francamente, le chupan la energía a mi mujer. Las acoge como acogerías a gatos perdidos, y a veces es demasiado amable y empática para su propio bien. Me parecen pequeños vampiros.»

«Dejad de ser vampiros cotillas y necesitados. Dejad de chuparle la energía a mi mujer. Dejad de pensar que vuestro pequeño mundo tóxico en Perkins Coie resulta atractivo para alguien.»

Philips lo calificó de «perturbador». Pero lo que más le pesaba, escribió, no era el tono del correo sino lo que revelaba: su supervisora directa la había sexualizado dos veces en dos meses. Primero fabricando una agresión. Después inventando una aventura. «Me sentía muy incómoda», resumió.

Recursos humanos: la queja que no fue investigada

Aquí es donde la historia da el giro que convierte un conflicto interno en un escándalo público.

Philips presentó sus quejas. Recursos humanos le dijo que no hiciera nada. Le dio a entender que había una investigación en marcha. No la había. «No hubo ninguna investigación real sobre estos hechos. En cambio, recursos humanos respondió a mis quejas con hostilidad y adoptó la posición de que nada de esto había ocurrido».

Un investigador externo terminó involucrándose. Pero solo porque Philips no dejó de insistir. «Esto es el Perkins Coie que he llegado a conocer», escribió.

Un portavoz del despacho respondió a la publicación Roll on Friday con la fórmula habitual: todas las quejas se investigan a fondo, la investigación externa ya estaba en marcha antes de las publicaciones en redes sociales, se tomarán las medidas oportunas.

El comunicado no menciona a Philips por su nombre.

El mensaje a Ashurst

Philips no escribe solo para desahogarse. Escribe para que Ashurst lo lea antes de firmar. Los socios de ambas firmas votaron a favor de la fusión en abril. La nueva firma se llamará Ashurst Perkins Coie. La operación aún no se ha cerrado formalmente. Está prevista entre julio y septiembre próximos.

«Si esto debe ser el despacho del mañana, el estándar tiene que ser más alto. Cuando una socia acosa repetidamente a una asociada, la respuesta no puede ser barrerlo bajo la alfombra. Podemos y debemos exigir más««.

La fusión que Ashurst presenta como un salto estratégico hacia el mercado estadounidense llega con un expediente abierto, una investigación externa en curso y una abogada que ha decidido que el anuncio corporativo era demasiado buena ocasión para seguir guardando silencio.

Ashurst quería entrar en Silicon Valley. Ha entrado también en esto.

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