FELIPE GARCÍA
Felipe García Hernández, abogado, socio director de Círculo Legal y nuevo vicepresidente internacional de la World Compliance Association, apuesta por reforzar la cultura del cumplimiento como motor de competitividad, ética empresarial y confianza institucional. Foto: Confilegal.

Felipe García, nuevo vicepresidente de la World Compliance Association

26 / 06 / 2026 10:04

Actualizado el 26 / 06 / 2026 10:04

Hay nombramientos que se entienden mejor por el momento en que llegan. El de Felipe García Hernández, elegido vicepresidente internacional de la World Compliance Association (WCA) en la Asamblea General del pasado 18 de junio, es uno de ellos.

Llega cuando el Compliance —esa función que durante años pareció condenada a vivir en los márgenes del organigrama— reclama por fin un sitio en la mesa donde se toman las decisiones.

Compartirá el cargo con Iván Martínez. Y la fórmula no es casual: dos vicepresidencias para una etapa que la asociación quiere marcar a fuego con tres palabras —crecimiento, innovación, mejores prácticas— y que arranca con una Junta Directiva renovada de arriba abajo, presidida por Alba Lema.

García no es un recién llegado. Abogado en ejercicio, socio director de la firma madrileña Círculo Legal, con una trayectoria que se ha ido cimentando a base de Compliance, derecho societario, penal económico y defensa de la persona jurídica.

A eso hay que sumarle los kilómetros recorridos como ponente, los foros, las tribunas. Conoce la casa porque la vio nacer.

La corrupción, ese viejo conocido

Pregúntenle por las prioridades y la respuesta no se anda con rodeos. La corrupción. «Una lacra internacional», la define, sin matices ni eufemismos.

Y de ahí, un dardo dirigido a casa: España debe «reflexionar y dar un paso adelante» en materia anticorrupción, con el respaldo de Bruselas y de las instituciones internacionales.

Lo interesante es el diagnóstico. Para García el problema no se resuelve con grandes revoluciones legislativas. Bastarían «determinados avances regulatorios» y, sobre todo, algo bastante más difícil de legislar: «personas al mando con capacidad de liderazgo y verdadera cultura de cumplimiento».

Ahí está el quid. Porque el Compliance, advierte, «queda huérfano» si no traspasa la puerta del despacho del Compliance Officer y llega hasta los consejos de administración, las instituciones, los propietarios. Sin ellos, no hay nada. O hay mucho menos.

De la metamorfosis y otros vértigos

¿Los retos? Casi infinitos, reconoce. Pero hay uno que los ordena a todos: la velocidad. La transformación digital y regulatoria avanza a un ritmo que obliga al profesional del cumplimiento a una «metamorfosis constante».

La inteligencia artificial generativa irrumpiendo en todo. Los riesgos de ciberseguridad multiplicándose. Las exigencias en sostenibilidad —ese ESG que ya no es opcional— apretando por otro flanco.

Y debajo, el trabajo de siempre, que no descansa: diligencia debida, prevención del blanqueo, protección de datos, competencia, laboral.

El miedo de García tiene nombre y es muy reconocible para cualquiera que haya pisado un departamento de cumplimiento: que todo esto degenere en una «burocracia de papel». Cumplir por cumplir. Marcar casillas.

Justo lo contrario de lo que defiende, que es una función viva, operativa, capaz de dejar de ser un freno para convertirse en «un habilitador de negocio».

Y aquí desliza el argumento que conviene retener, porque es el que cambia la conversación: las empresas que apuesten por un cumplimiento ético y transversal serán las que atraigan más talento, consigan mejor financiación y generen más confianza en el mercado.

Compliance no como coste. Compliance como ventaja competitiva.

Tres trazos para una hoja de ruta

García no improvisa los objetivos. Trae tres, y los enumera con la precisión de quien lleva tiempo dándoles vueltas.

El primero, pegar la asociación a la realidad de los asociados: comités y foros de debate orientados a los problemas concretos del día a día, a los sectores emergentes, al intercambio práctico de ideas.

El segundo, mirar hacia fuera —expansión y consolidación internacional, estrechando lazos entre los distintos capítulos de la WCA para ir homogeneizando estándares en un mercado que ya no entiende de fronteras.

Y el tercero, la certificación: de competencias profesionales y de sistemas. La llama «otra piedra angular» del proyecto, y recuerda que el sello de la WCA ya goza de reconocimiento internacional como aval de que los programas de cumplimiento se ajustan a la normativa, dentro y fuera de España.

A Iván Martínez, su compañero de viaje en esta nueva etapa, le reconoce un «liderazgo indiscutible» y la complicidad de quien ha compartido trinchera desde el principio. Buenos momentos, malos, excepcionales. De todo.

El cierre lo reserva para los suyos. Un mensaje de agradecimiento y de «puertas abiertas», con una idea que insiste en repetir: esto no va de protagonismos individuales, sino de un proyecto colectivo. «El futuro del Compliance lo estamos escribiendo hoy», afirma.

Y se compromete a que la WCA sea «el altavoz, el respaldo y la red de apoyo» que los profesionales necesitan para liderar el cambio en sus organizaciones.

Contad conmigo, viene a decir. El resto, a trabajar.

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