Javier Puyol explica cómo ordenadores de. última generación, ocho pantallas, trabajo en la nube y distintas herramientas de IA han transformado su forma de ejercer la abogacía. Foto: Confilegal.

Ocho pantallas, dos torres, una nube: así es el secreto del abogado Javier Puyol (y no, no es magia)

20 / 07 / 2026 05:43

Javier Puyol Montero, abogado de reconocidísimo prestigio, trabaja rodeado de pantallas. Ocho, para ser exactos: cuatro por cada una de las dos torres con la última tecnología que tiene interconectadas a través de la nube, instaladas en el despacho que ha montado en su propia casa de Madrid.

La sensación que uno tiene es que se encuentra a lo más parecido a un control de realización de televisión. Con la salvedad de que, frente a él, también tiene una pequeña cámara, que utiliza para celebrar juicios telemáticos, cuando es preciso, o para conectar con clientes, colegas o peritos por videoconferencia.

«Tengo una capacidad de procesamiento muy alta», explica. La razón no es estética. Es funcional: le permite tener abiertos, al mismo tiempo, la demanda, la contestación, la sentencia y el escrito de la parte contraria de un mismo asunto, además de bibliotecas jurídicas digitales, buscadores de jurisprudencia y varias herramientas de inteligencia artificial trabajando en paralelo.

«El hecho de tener ocho pantallas me ahorra tiempo», resume, sin especial énfasis, como quien constata una obviedad doméstica.

Y no lo es. Porque el común de los mortales tenemos una o dos pantallas. Pero cuando Javier Puyol explica sus razones, uno se pregunta si está dejando de ser eficaz. Y le entra la duda.

Esa estructura de pantallas, aunque reducida a cuatro, se replica en otros dos lugares: su despacho profesional –es el socio director de Puyol Abogados & Partners–, en Boadilla del Monte y en su casa veraniega de Sanxenxo, en Pontevedra, Galicia.

Allí ha reproducido exactamente lo mismo que tiene en su casa de Pozuelo de Alarcón, en Madrid.

Javier Puyol ha multiplicado por varias veces su productividad gracias a la tecnología, en la que fue un pionero desde sus comienzos como juez de primera instancia. Foto: Confilegal.

«Como está todo en la nube, me conecto desde cualquier sitio. Incluso cuando me llevo el portátil», apunta Puyol. Para los juicios, alterna la presencia física con la conexión telemática. Y para sus entrevistas profesionales o para sus ponencias a distancia usa indistintamente Zoom, Microsoft Teams, Google Meet o Skype.

La idea de trabajar así, cuenta, no nació de un capricho tecnológico sino de la observación de otro jurista: un catedrático de Derecho Procesal de la Universidad Complutense, ya fallecido, que trabajaba con varias pantallas cuando la tecnología aún no facilitaba esa opción.

«Me pareció fantástico», recuerda Puyol, aunque en aquel momento montar varias pantallas exigía aparatos intermedios que hoy ya no son necesarios gracias a la conexión en la nube.

Pionero en la tecnología, como juez

«Como está todo en la nube, me conecto desde cualquier sitio. Incluso cuando me llevo el portátil», apunta Puyol.

Para los juicios, alterna la presencia física con la conexión telemática. Y para sus entrevistas profesionales o para sus ponencias a distancia usa indistintamente Zoom, Microsoft Teams, Google Meet o Skype.

La idea de trabajar así, cuenta, no nació de un capricho tecnológico sino de la observación de otro jurista: un catedrático de Derecho Procesal de la Universidad Complutense, ya fallecido, que trabajaba con varias pantallas cuando la tecnología aún no facilitaba esa opción.

«Me pareció fantástico», recuerda Puyol, aunque en aquel momento montar varias pantallas exigía aparatos intermedios que hoy ya no son necesarios gracias a la conexión en la nube.

Su relación con la tecnología viene de mucho antes. Como juez en servicio activo -entre 1984 y 1995- se topó con un problema práctico: sus funcionarios perdían mucho tiempo pasando a limpio sentencias repetitivas y otras resoluciones, que él escribía previamente en una máquina de escribir.

Corría 1986 y apenas existían soluciones informáticas accesibles. Puyol montó una por su cuenta: un ordenador Sinclair con un sistema de tratamiento de datos que se cargaba por casete, una impresora matricial de papel continuo y un televisor que tomó prestado de sus padres para usarlo como monitor.

«La memoria era de 15 K, metía un ruido tremendo y era lentísimo», admite, pero el sistema funcionaba. Javier Puyol grababa la sentencia en el Sinclair y la imprimía en papel continuo.

Luego el funcionario la fotocopiaba con papel de oficio, y se notificaba de inmediato, sin que tuviera que transcribirse en la máquina de escribir.

El experimento le costó una inspección del entonces Consejo General del Poder Judicial, que llegó a cuestionarle, según su propio relato, por qué redactaba sentencias por ordenador.

Él mismo lo resume hoy con ironía y mucho humor: fue «una inspección en toda regla por prácticas diabólicas con la informática».

En 1995 pasó al Tribunal Constitucional como letrado, a las órdenes del magistrado Enrique Ruiz Vadillo, una eminencia jurídica y su mentor.

Allí encontró un sistema informático ya mucho más avanzado, con acceso a los pronunciamientos del propio tribunal para localizar doctrina aplicable.

En 1998 dejó la judicatura. Argentaria lo fichó como director de su Asesoría Jurídica Contenciosa, cargo que revalidó tras la fusión con el BBV en 2000, convirtiéndose en lo que es hoy, Grupo BBVA, y hasta 2014. Una función centrada en la dirección de los asuntos judiciales y litigiosos de la entidad.

Tras dejar el Banco pasó dos años (entre 2014 y 2016) por ECIX Group, cuya alma mater es Álvaro Écija, una firma especializada en nuevas tecnologías.

Jamás confiar en que lo que hace la IA es perfecto, afirma Javier Puyol. La foto está tomada desde las pantallas superiores. Foto: Confilegal.

En 2016 se independizó y fundó su propio despacho, Puyol Abogados & Partners -firma especializada en derecho mercantil, litigación, cumplimiento normativo, protección de datos y nuevas tecnologías-.

A lo largo de esta trayectoria el doctor Puyol ha publicado 160 obras jurídicas, 20 de ellas monografías centradas específicamente en Compliance, y ha compaginado el ejercicio profesional con su trabajo como consultor internacional en protección de datos, nuevas tecnologías y cumplimiento normativo, y la docencia en universidades como Harvard, Barcelona, Salamanca, la Autónoma de Madrid, la Complutense, la Carlos II, el CEU, el IE Business School y ESADE.

Esa misma inquietud tecnológica se traduce hoy en el uso simultáneo de tres herramientas jurídicas especializadas –GenIA-L, el asistente de investigación y gestión del conocimiento legal de Lefebvre; Vincent AI, la plataforma de vLex para análisis jurisprudencial con procesamiento del lenguaje natural; y SOFIA, la herramienta de Tirant lo Blanch para el análisis y la redacción de escritos procesales- más, en sus versiones de pago, los grandes modelos generalistas del mercado: Claude, ChatGPT, Gemini, Perplexity, que compara entre sí para quedarse con la respuesta más completa.

Verificar siempre lo que produce la IA

Las utiliza para mejorar requerimientos legales, generar resúmenes de reuniones o redactar en su propio estilo, y le han permitido escribir artículos, preparar ponencias y redactar dictámenes en una fracción del tiempo que antes le habría exigido semanas, a veces meses.

Sin olvidar NotebookLM, de Google, otra de sus favoritas. Todo ello corriendo sobre la plataforma Windows. El Mac nunca fue de su gusto.

Pero insiste en una idea que repite como principio de trabajo: hay que creer en la tecnología, hay que dominarla, – el control humano no es un aspecto negociable-, sacarle hasta el último rendimiento, y supervisarla sin descanso.

Jamás confiar en que lo que hace es perfecto. «Es importante que tú domines a la inteligencia artificial, no que la inteligencia artificial lleve el peso. El control humano es absolutamente básico, fundamental. Cuando un tribunal descubre que un recurso está plagado de citas de jurisprudencia inexistente, o cuando un juez dicta un auto basándose en el escrito de un fiscal que no ha verificado convenientemente su contenido es porque no han cumplido con esa verificación», explica.

Según advierte, las respuestas de la IA pueden perder de vista la estrategia procesal a medida que el procedimiento avanza, momento en el que resulta insustituible el criterio profesional del abogado.

Del Sinclair prestado de sus padres a las ocho pantallas conectadas en la nube, la trayectoria de Puyol resume un cambio de época en el ejercicio del derecho: la tecnología como multiplicador de tiempo y de perspectivas, nunca como sustituto del juicio profesional.

Noticias relacionadas:

Rosario Jiménez: “Los Registros Mercantiles no solo recopilan información, sino que la califican, la custodian y responden de su veracidad”

Alfonso Martínez-Echevarría, decano de la Facultad de Derecho del CEU, cuenta el secreto de por qué han pasado de 1.122 a 1.519 alumnos

Opinión | Informe del Banco de España 2025: Aparente solidez, riesgos reales

Una abogada recibe un disparo de un calibre 32 en El Ejido de un cliente insatisfecho

Isabel Perelló cierra filas con la carrera judicial frente a las «críticas constantes» al recoger el Premio Legálitas

Opinión | Treinta años de justicia gratuita: virtudes de una ley, fracturas del sistema

Lo último en Profesionales

Antonio Agúndez López - Abogado Penalista - Boutique Penal

BP – Boutique Penal ficha a Antonio Agúndez López

Héctor Jausàs, Talmac Bel y Rodrigo Martos (2)

Fieldfisher roza los 400 millones de libras de facturación en un año marcado por la expansión en Europa y el pulso de la IA

Rosario Jiménez

Rosario Jiménez: “Los Registros Mercantiles no solo recopilan información, sino que la califican, la custodian y responden de su veracidad”

Fernando Santiago Ollero

Fernando Santiago Ollero, presidente de los Gestores Administrativos, nuevo vicepresidente de CONPYMES

Alfonso Martínez-Echevarría

Alfonso Martínez-Echevarría, decano de la Facultad de Derecho del CEU, cuenta el secreto de por qué han pasado de 1.122 a 1.519 alumnos