El fallido intento de ejecución por inyección letal de Christa Pike en el Estado de Tennessee y la polémica en torno al posible fusilamiento, que se pretende retransmitir en directo en el Estado de Texas han reavivado el eterno debate sobre la pena de muerte, cuyos métodos de ejecución a lo largo de la historia han sido de lo más variado y de una crueldad desmedida, que se han ido suavizando con el transcurso de los tiempos, siendo el método de la guillotina el que, en su momento, más contribuyó a “humanizar” este cruel castigo de la pena capital.
Métodos de ejecución de la pena de muerte a lo largo de la historia
A lo largo de la historia de la humanidad, la pena de muerte ha sido aplicada mediante una gran variedad de procedimientos orientados, tanto a la retribución pública, como al castigo ejemplarizante.
Es ese carácter ejemplarizante de la ejecución de esta pena capital el que ha determinado que los métodos de ejecución hayan sido, precisamente, de lo más crueles.
Tal es el caso de la crucifixión y el empalamiento, utilizados por el imperio Romano y el Otomano, respectivamente, para provocar muertes lentas por colapso y asfixia; la quema en la hoguera o el hervido, métodos frecuentes en la Europa medieval e institucionalizados para castigar delitos políticos, religiosos o de brujería; el desmembramiento, ejecutado habitualmente mediante tracción animal (caballos) para casos de alta traición; la lapidación, donde una multitud lanza piedras al condenado hasta causarle la muerte; el aplastamiento por animales (elefantes) método habitual de ejecución en el sur y sudeste de Asia hasta el siglo XIX, etc.
Como procedimientos que aún siguen vigentes podemos citar algunos como son: la inyección letal, considerado el método principal en los Estados Unidos y empleado también en naciones como China y Vietnam; la horca, uno de los métodos tradicionales más persistentes, que se mantiene activo en países como Japón, Irán, Pakistán, Egipto y Singapur; el fusilamiento, ampliamente extendido en legislaciones militares y utilizado por regímenes de países como Corea del Norte, China e Indonesia; la decapitación, que se mantiene de forma oficial y pública en Arabia Saudita, ejecutada mediante sable; la silla eléctrica, restringida en la actualidad como un método secundario u opcional en un número muy reducido de estados dentro de los Estados Unidos y la hipoxia de nitrógeno, como la innovación más reciente en el sistema penitenciario estadounidense (aplicada por primera vez en 2024 en Alabama) que provoca la asfixia del reo mediante la inhalación de nitrógeno puro.
En España el método del garrote vil, una especie de collar de hierro que mediante un tornillo rompía el cuello del condenado, fue utilizado como método de ejecución hasta la abolición definitiva de la pena de muerte.
Por qué la guillotina se consideró un método de ejecución “humanitario”
El nombre de este método de ejecución se debe al médico y diputado de la Asamblea constituyente francesa Joseph Ignace Guillotin, que propuso su utilización en el año 1789.
Sin embargo, Guillotin no fue su inventor, el mecanismo fue ideado por el cirujano Antoine Louis, que lo diseñó para llevar a cabo ejecuciones de manera rápida y, en teoría, menos dolorosas, siendo encargada su construcción al fabricante alemán Tobias Schmidt.
Este método nació durante la Revolución Francesa con la intención humanista e igualitaria de abolir los suplicios crueles del “Antiguo Régimen”, pues a pesar de que Guillotin hizo la propuesta de aplicar este método, él era contrario a la pena de muerte, pero creía que un método de ejecución más humano y menos doloroso debería ser el primer paso hacia una abolición total de tales castigos.
Y es que antes de la adopción oficial de la guillotina, los métodos de ejecución en Francia dependían estrictamente de la clase social del condenado, perpetuando la desigualdad incluso en el cadalso.
Los aristócratas tenían el «privilegio» de ser decapitados con espada o hacha, un método rápido si el verdugo era habilidoso, pero propenso a terribles fallos que prolongaban una atroz agonía del reo.
Por su parte, el pueblo llano sufría muertes lentas y agónicas mediante el ahorcamiento, la hoguera o el desmembramiento en la rueda, acompañadas estas ejecuciones, frecuentemente, de torturas públicas que nunca se aplicaban a los aristócratas.
Para resolver esta barbarie, Guillotin defendió en su propuesta el principio fundamental de la igualdad ante la ley,ya que el método de la guillotina garantizaba que todos los ciudadanos, sin importar su origen social o título, recibieran exactamente el mismo castigo; «los delitos del mismo género se castigarán con el mismo género de pena, sean cuales sean el rango o condición del culpable»,decía el propio Guillotin.
Este principio, que ahora parece natural, era revolucionario en la Francia de aquella época.
La propuesta de Guillotin pretendía, también, la supresión del dolor físico de la ejecución, pues el mecanismo automático de la guillotina, a través de la caída libre de su pesada cuchilla angular garantizaba una decapitación instantánea y limpia del condenado.
Según el criterio médico de la época, reducía el sufrimiento al mínimo absoluto; el propio Guillotin declaró ante la Asamblea Nacional que: «En un parpadeo, se decapita a la persona y no siente más que una ráfaga de aire fresco».
demás, esta automatización del proceso de ejecución eliminaba el factor del posible error humano del verdugo, evitando prolongar innecesariamente la agonía del reo.
La guillotina se utilizó por primera vez en París el 25 de abril de 1792, con un condenado por robo a mano armada, Nicolas-Jacques Pelletier, que se convirtió en el primer ejecutado mediante este nuevo mecanismo.
La guillotina, todo un símbolo de la Revolución Francesa
A pesar de su origen compasivo, la guillotina se convirtió en el símbolo de la política de terror que la Revolución Francesa desencadenó contra sus enemigos, lo que desvirtuó por completo su imagen humanitaria.
Su extrema eficacia permitió ejecuciones masivas en cadena, cobrándose la vida de 16.594 personas en apenas dos años, entre ellas, la del propio rey de Francia Luis XVI y su esposa María Antonieta, lo que transformó este supuesto símbolo de progreso científico y humanitario en el mayor icono de horror estatal de la historia contemporánea.
No obstante, terminada la Revolución Francesa, la guillotina no cayó en desuso, ya que se mantuvo como el mecanismo de referencia de ejecución judicial en Francia durante casi dos siglos, registrándose su última utilización el 10 de septiembre de 1977, en el patio de la prisión de Baumettes, en Marsella, antes de la abolición definitiva de la pena de muerte en este país en el año 1981, bajo el mandato del presidente François Mitterrand.