«La fatalidad existe y hay que afrontarla». Con esa frase resumió hoy Óscar Puente su decisión de seguir al frente del Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible, dos días después del choque de dos trenes de alta velocidad en Urda (Toledo), que ha dejado al menos 69 muertos.
El ministro compareció en rueda de prensa en la sede del departamento, bajo una presión que no ha dejado de crecer desde el miércoles. Es el segundo accidente ferroviario grave en menos de un año, y entre ambos suman más de un centenar de fallecidos.
Su respuesta a quienes le piden que se vaya fue que su manera de asumir responsabilidades, «la conocen ustedes bien, es dar la cara».
La comparecencia llegó tras una oleada de críticas. Es el segundo accidente ferroviario grave en menos de un año bajo su mandato, y entre ambos suman más de un centenar de víctimas mortales.
Según el ministro, los indicios disponibles apuntan a un fallo en el centro de control de mando de Adif como causa principal del siniestro, en el que dos convoyes circulaban por la misma vía.
Se trata, por ahora, de una hipótesis de trabajo: la investigación sigue abierta y el propio Puente reconoció que continúan analizando qué ocurrió, cómo pudo producirse y si hubo deficiencias en los procedimientos de control.
El trabajador de Adif, en el centro de la polémica
Sindicatos y oposición han acusado al ministro de señalar al empleado de Adif,, de 48 años, que dio la orden de continuar al tren que terminó colisionando.
Puente salió al paso: «No voy a utilizar a ningún trabajador como escudo ni a perjudicar responsabilidades antes de que concluya esa investigación, pero tampoco voy a permitir que se confunda la exigencia de responsabilidades con la necesidad de encontrar rápidamente culpable».
Calificó de «inequívoca» su confianza en la plantilla de Adif, aunque añadió una matización: «Nadie es infalible».
Sobre su propio papel, sostuvo que no le correspondía estar en el centro de mando el día del accidente, pero que ahora sí es su deber «estar al mando». «No me voy a esconder detrás de nadie, entre otras cosas porque no tengo nada que esconder».
Ceses condicionados a la investigación
El titular de Transportes vinculó cualquier depuración a lo que acredite la investigación. Si se demuestran «fallos en los controles o en la organización», dijo, se exigirán responsabilidades individuales «por los cauces correspondientes».
No concretó qué órganos ni qué procedimientos.
Respecto a las peticiones de dimisión, afirmó respetarlas, pero defendió que esa decisión debe valorarse a partir de los hechos «y no exclusivamente a la presión del momento, que evidentemente es muy grande».
«Mi obligación ahora no es dedicarme a hablar de mi continuidad, sino resolver el problema, esclarecer lo sucedido y ofrecer explicaciones claras», insistió.
Confirmó contar con el respaldo del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Si este considerase mejor su salida, aseguró, nunca sería «un problema». Pero descartó irse por exigencia del PP: «Si me tengo que regir por lo que dice la oposición, habría dimitido hace muchísimo tiempo».
Precampaña y víctimas
Con las elecciones generales convocadas para el 29 de noviembre y la campaña a menos de dos semanas, Puente admitió que prevé un «calvario» de «insultos» y «descalificaciones». Lo fácil, reconoció, sería salir del Gobierno, «pero ni es eso lo que va con mi carácter, ni tampoco es lo que el presidente me ha pedido».
Preguntado por si su marcha podría reconfortar a las familias de las víctimas, respondió que se trataba de una cuestión «muy delicada» porque implica situar en una decisión suya el consuelo de quienes han perdido a un familiar. «No sé si es relevante, sinceramente», concluyó.
Angrois como contraste
El ministro comparó las críticas que recibe con la actitud del PSOE tras el descarrilamiento de Angrois (Santiago de Compostela) en 2013, que causó 80 muertos.
Según su versión, los socialistas, entonces en la oposición, no pidieron la dimisión de la ministra de Fomento, Ana Pastor, y la única comparecencia parlamentaria de esta fue «de guante blanco».
Eso, a su juicio, es lo que hace «la gente decente» ante una tragedia así, «y no utilizar las vidas humanas para hacer carnaza política».