La oratoria es el arte del buen hablar; es poder transmitir con orden, elocuencia, elegancia y compostura una idea para que sea recibida de la mejor manera posible por el oyente. Por ello en la abogacía la oratoria es una herramienta fundamental para hacer valer con mejor precisión y eficacia los derechos e intereses de nuestros clientes.
Las técnicas en la oratoria forense son varias y la mayoría de ellas complementarias entre sí. Sin embargo algunas de ellas se pueden circunscribir:
1.- No hay buena oratoria sin una mejor preparación. La improvisación es el mejor amigo del fracaso y por ello es fundamental tener preparado todas las partes orales del juicio: desde las cuestiones previas, a los interrogatorios y el informe final. Es importante además tener preparados los posibles argumentos del contrario y, en su caso, construir un argumento para rebatirlos.
2.- Es necesario tener bien preparado el discurso. Todo buen discurso se basa en una afirmación, se razona y se evidencia. Es decir, todo buen argumento debe estar compuesto, de una afirmación que este fundamentada, con un ejemplo lógico y un dato externo que así lo corrobore.
3.- Todo buen discurso tiene que ser elaborado con tres ingredientes claves: emoción, razón y personalidad. En primer lugar, se debe trasmitir la realidad emocional del problema del cliente. Por otro lado, es fundamental exteriorizar de manera clara y precia la razón que sustenta el fundamento jurídico. Por último, es necesario transmitir el mensaje con personalidad, con el toque característico de elocuencia del propio orador. Todo discurso jurídico que se precie debe tener un tono sutil, un estilo rico en vocabulario y adjetivos, pero claro con su pretensión.
4.- El informe o el alegato nunca se lee: se interpreta. Por ello, es necesario hacer énfasis en el principio del mismo; durante el cuerpo se puede suavizar el tono pero siempre es importante evidenciar y terminar con los mayores datos objetivos posibles que soporten tu pretensión.
5.- La expresión corporal: El rostro no es neutro por ello, es necesario tener una expresión que transmita seriedad y la vez comprensión con el oyente. Las manos “hablan” por sí solas por ello usémoslas como guías o para evidenciar, resalta o apoyar alguna expresión. La postura acompaña el mensaje, de ahí que la misma deba estar pensada para convencer. Por último no podemos olvidar la mirada: tiene que ser nuestra “aliada” para conectar con el testigo en las testificales, con el fiscal o el abogado contario en su informe y con el juez cuando intervengamos.
La oratoria es un elemento más, pero no es cualquier herramienta: es una fundamental. No se ganan los juicios con ella pero sí se pueden perder en su ausencia; utilizada correctamente es nuestra mejor aliada para, desde el don de la palabra, transmitir y defender los intereses de nuestros clientes.
“El objetivo de la oratoria no solo en la verdad, sino la persuasión” (Thomas Macaulay).