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¿De dónde surge el término pucherazo?

pucherazo

La felicidad de cualquier pueblo reside en la estabilidad de su Gobierno y en que éste gobierne por consenso de todos. Y este consenso sólo se obtiene a través de la celebración de unas elecciones en la que impere el juego limpio y la transparencia.

Por el contrario, la mejor receta para la desestabilización, el enfrentamiento y los conflictos consiste, precisamente, en no respetar las reglas del juego impuestas a priori.

De esto conocemos mucho los españoles. De hecho, la práctica continua y constante de la manipulación de las elecciones, por parte de unos y de otros para hacerse con el poder, dio lugar a un término que se ha quedado entre nosotros. Se trata del pucherazo.

Pucherazo, como ustedes saben, viene de puchero. ¿Y qué tiene que ver un puchero con la celebración de unas elecciones, cualesquiera que sean?

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La respuesta es muy simple. Cuando, a finales del siglo XIX, tenían lugar las elecciones generales o locales en zonas rurales, las papeletas de los electores jamás se introducían en urnas de metacrilato o de cartón, como las que disponemos hoy día. No existían. Entonces se utilizaban los pucheros, que por un día se transformaban en primitivas urnas.

Ese es el origen de la palabra pucherazo porque dependiendo del resultado que se pretendiera obtener, se quitaban o se añadían papeletas, como si de un guiso se tratara, hasta alcanzar el resultado esperado.

Había otros métodos de manipulación de la voluntad popular, como los llamados lázaros, que eran los votos de los fallecidos que, resucitaban ese día como el Lázaro de los Evangelios, o los llamados cuneros, que eran electores que se inscribían de un modo irregular en una circunscripción que nos les correspondía.

El término pucherazo acabó englobando todas las manipulaciones electorales, cualquiera que fuera la modalidad.

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Lo grave del pucherazo es que se convirtió en algo normal y admitido como método de manipulación electoral, principalmente, durante el periodo de la Restauración borbónica en España, a finales del siglo XIX. Con él se garantizaba la alternancia entre el Partido Liberal y el Partido Conservador, lo que se denominó turnismo.

Sin embargo, la práctica continuó hasta, al menos, 1936, cuando tuvo lugar en Galicia el llamado “Santo Pucherazo”, que así ha pasado a la historia. Fue, en concreto, el 31 de mayo de 1936. Ese día los gallegos votaron su primer estatuto en referéndum. Y para que fuera aprobado era necesario contar con el voto afirmativo de los dos tercios del censo electoral. La misión parecía imposible, a la vista de las deficiencias del censo y del tradicional abstencionismo gallego de entonces.

Pero ocurrió el milagro, si se puede denominar así. Resulta increíble que del 1.343.00 electores, acudieran a votar algo más de un millón y de esos, 993.351 lo hicieran a favor, 6.161 en contra y 1.451 votaran en blanco. El Estatuto salió. Un estatuto que no entró en vigor debido a la Guerra Civil. Se dice que por él votaron hasta los muertos, por eso, lo de “santo pucherazo

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Hoy, en España, los pucherazos y santos pucherazos son historia. Todos los procesos electorales, ya sean elecciones municipales, autonómicas, generales o europeas, así como los referéndums, están vigilados por los jueces, a través de las Juntas Electorales. Es decir, ellos, los jueces, verifican la limpieza de las elecciones. Y ellos son los que tienen poder para impugnar cualquier resultado que se produzca por una irregularidad, por ejemplo, en los votos por correo. Es una lección que hemos aprendido… bien.

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