Damián J. Fuentes ha escrito «Matallana», su primera novela. Un «thriller» trepidante en el que «el malo» es un guardia civil que ha dado el salto al «lado oscuro» y «el bueno» un policía nacional que va tras sus pasos, con todo el peso de la ley. Es de esas novelas que te atrapa y te obliga a avanzar a toda velocidad página tras página, ideal para estas vacaciones.
Pero «Matallana» es, sobre todo, un texto «canónico», entendiendo el término como un relato que se ajusta tanto legalmente como, desde el punto de vista policial, a lo que debe de ser. Porque Fuentes, antes de ser escritor, fue eso, investigador policial. Conoce muy bien el percal sobre el que trabaja literariamente.
Durante 9 años trabajó en la Policía Científica, en la Comisaría General de Información y en la Unidad de Delitos Violentos, la famosa UDEV, de la Comisaría General de Policía Judicial. Recibió formación en Estados Unidos, con el FBI y las agencias de policías locales. Y fue feliz, pero se desencantó con algunos jefes, que miraban más por sí mismos que por la Policía Nacional.
Por eso, cuando tuvo oportunidad, dio el salto a la privada, excedencia previa, Dios mediante; se dedicó a la investigación en el mundo de la propiedad intelectual.
A Fuentes, sin embargo, le ocurre lo mismo que a los sacerdotes o a los guardias civiles. Aunque esté fuera, seguirá siendo policía hasta que le llegue la hora. De hecho, su círculo de amistades lo conforman policías, jueces, fiscales y personas de la seguridad privada. Fue ese círculo el que le empujó a reunir las mejores historias de las que habían sido testigos o personajes principales, pero la cosa cobró vida por sí misma. Y no tuvo más remedio que materializarla.
De esta novela hablamos en la entrevista. La historia de un agente encubierto de la Guardia Civil que se entrega al «lado oscuro» para hacer un negocio cuyos beneficios le permitirán vivir sin problemas el resto de su vida. Las cosas, sin embargo, salen mal y…
¿El hecho de que el malo de su novela sea un guardia civil no tiene nada que ver con su procedencia?
No, en absoluto. Tengo un amigo que es general de la guardia civil y me echó una bronca cariñosa por ese motivo. Ha sido algo circunstancial.
Era el tema de la descripción de un agente encubierto.
Según tengo entendido, la actividad de los agentes encubiertos, que se infiltran en grupos mafiosos y terroristas, tiene que estar autorizada y supervisada por un juez.
Dentro de las corporaciones hay unidades que son de encubiertos.
Que tienen documentación ‘doblada’, documentación auténtica pero falsa.
Tiene que estar autorizada por un juez para determinadas operaciones, pero ellos están encuadrados en esas unidades de encubiertos.

¿Y van tan de por libre, como el malo de su novela?
En este caso lo he llevado a un nivel extremo. Los encubiertos no son un descubrimiento de hace tres días. Ya en la transición, en los grupos de extrema derecha, como los de Cristo Rey, o de extrema izquierda, había agentes encubiertos que manejaban información.
Los encubiertos normalmente operan desde la Comisaría General de Información…
En estos momentos también hay agentes encubiertos en la policía judicial tanto de la Policía Nacional como de la Guardia Civil. Cuando hablamos de grupos terroristas sí que dependen de la Comisaría General de Información o, en su caso, del Centro Nacional de Inteligencia, porque los asuntos tienen que ver seguridad nacional.
Esa gente tiene que meterse en la estructura y cuanto más arriba suban la información que obtienen es de mayor calidad.
Tienen que ser mimados. Porque un encubierto pierde su identidad, su manera de vivir el día a día, su estructura familiar. Tiene que desvincularse, de alguna manera.
El proceso de adaptación es similar al que se somete un actor, ¿no es así?
Tiene que asumir otro rol en el cual tiene que ser un tío muy fuerte para saber dónde está en cada momento o l que tiene que hacer. Y no saltar esa línea imaginaria que salta el antagonista de la novela. Que llega a la extenuación.
Quien gestiona este tipo de gente tiene que saber cuál es el momento de sacar a un encubierto del entorno del encubierto. Porque los encubiertos se queman.
Los agentes encubiertos no son un descubrimiento de hace tres días. Ya en la transición, en en los grupos de extrema derecha, como los de Cristo Rey, o de extrema izquierda, había agentes encubiertos que manejaban información
Llegado un momento, ¿pueden llegar a plantearse el por qué ellos no pueden disfrutar de todo eso de lo que están rodeados los malos? Me están pagando una birria de sueldo y estos nadan en dinero, se pueden preguntar.
Así es. Lo que no es lógico y normal es que un encubierto tenga un nivel de ingresos superior al que le da su estatus de funcionario. Ese es un tema que es obvio y evidente.
Si un encubierto tiene un yate de lujo que no ha sido facilitado por la organización en la que se ha infiltrado o por sus jefes de la Policía Nacional o de la Guardia Civil, es evidente que, de algún lugar, ha salido el dinero.
Los jefes de los encubiertos tienen que conocer muy bien a su gente y tener una gran complicidad.
En la novela mi antagonista es un encubierto quemado que tendría que haber sido detectado por su jefe de la Guardia Civil. Un encubierto no puede estar diez años trabajando de encubierto, en grupos de crimen organizado, saltando de uno a otro.
Al final, le ofrecen un determinado negocio en el que en un mes se ve rico y retirado, y da el paso.
Esto es como la integridad de determinados funcionarios que se ponen a hacer registros en sitios en los que cada cajón que abren se encuentran que está lleno de dinero. Hay que ser íntegro para no meter la mano en el dinero.
No es una cuestión de las corporaciones, es una cuestión de cada persona.
Esto es como con la judicatura o la fiscalía u otros colectivos. Hay gente que se lo cree y hay gente que está ahí como podría dedicarse a otra cosa, por un sueldo a final de mes.
Ya lo decía Alonso Martínez, es una cuestión de convicción, fe y patriotismo. A la hora de la verdad quien integra cualquier tipo de corporación si no se cree lo que está haciendo mal trabajo está haciendo.

La parte psicológica de su antagonista, de su malo, está muy trabajada. Es un psicópata desalmado que descubre que le pone matar y violar, lo que le transforma interiormente…
Lo descubre accidentalmente. Lo descubre porque se ve contra las cuerdas. Si él no hubiese entrado al negocio que le ofrecen al principio no lo hubiera sabido. Además, se cree que juega en Primera División cuando no es así. Hay gente muchísimo más mala que él.
Yo tengo la suerte de ser amigo de Fernando Guerrero, que hizo el tema de las mafias de la noche de Madrid, y vio que la gente de países del Este juegan a otro deporte. Son gente hiperviolenta. No tienen respeto por la vida.
Es como el terrorismo islamista. El terrorismo que nosotros conocíamos jugaban a preservar su vida y ahora a los islamistas les da lo mismo morir. Al contrario, están encantados de inmolarse llevándose con ellos cuantas más vidas mejor.
Esto es exactamente lo mismo. Este hombre se mete en un negocio fácil y por un hecho que no dimensiona pierde la mercancía y también el control. Y cuanto toca con la muerte, entra en una dimensión que, de otra forma, jamás habría experimentado.
Yo me centro mucho en el tema de que para él esto es más potente que el sexo.
Lo triste es que existen individuos como ese. Mentes perversas.
Yo creo que tenemos dos, tres o cuatro personalidades y mostramos cada una en función del entorno. Tenemos un paraguas general, pero en función del matiz, nos transformamos. Somos poliédricos o polimórficos.
Una sensación que la lleva a su relación con su exmujer.
En el momento en que descubre al monstruo que habita dentro de él no le importa nada el resto, salvo su hija.
Hasta la persona más bestia del mundo tiene un lado tierno. Todo el mundo tiene sus partes de luces y sus partes de sombras. Y hasta los mayores asesinos que han existido, han tenido una parte que les ata al mundo terrenal: los hijos, especialmente cuando son pequeños.
Los tipos que llevaron a cabo las matanzas de Srebrenica [Bosnia-Herzegobina], cuando volvían a sus casas eran amantísimos padres de familia.
Son los contrastes de la vida. El Ying y el Yang. Tú a la hora de la verdad te enfrentas a las cosas más crueles en la calle pero llegas a tu esfera de confort y cambias el chip.
Yo creo que tenemos dos, tres o cuatro personalidades y mostramos cada una en función del entorno. Tenemos un paraguas general, pero en función del matiz, nos transformamos. Somos poliédricos o polimórficos. Y nos adaptamos a las situaciones en función de lo que requieran.
Cada uno, en un momento determinado, en una situación de estrés, se puede convertir en una persona cruel, mientras que en una situación de confort puedes ser la persona más amable, atenta y cariñosa del mundo. Todo depende de lo que tengas enfrente.
Usted es muy exquisito con la cosa legal. Incluso, hiperlegal: El comisario de la UDEF habla continuamente con el fiscal, en vez del juez de instrucción.
Afortunada, o desgraciadamente, todos los personajes están basados en personas reales. Con algunos de ellos, yo tengo relación personal y amistad. Muchos de ellos son héroes anónimos.
Igual que soy crítico con la Corporación por determinadas cosas que pasan, creo que todo funciona gracias al esfuerzo de unos cuantos héroes que están pegándose ahí todos los días.
Cuando un grupo de policía judicial va a pedir un mandamiento de entrada y registro va directamente al juzgado de guardia de Plaza de Castilla, cuando en realidad debería pasar, de forma obligatoria, según lo dispuesto en la Ley de Policía Judicial, por el fiscal de guardia.
Esto me pasó en un foro en el centro de estudios jurídicos, de la Administración de Justicia, cuando conté el procedimiento y las frustraciones del investigador, a la hora de pedir un mandamiento. Me reprendió un fiscal del Constitucional. Me dijo que estábamos obligados a acudir al fiscal para que éste pidiese el mandamiento al juez.
Yo le contesté que el fiscal de guardia era como Spiderman. Existía sobre el papel pero cuando ibas a buscarlo no lo encontrabas. Allí había algunos fiscales que dijeron que efectivamente, los fiscales de guardia se dedicaban a menores y dejaban el resto de las atribuciones.
Decía recientemente un conocido periodista en este diario que había jueces propolicías y jueces antipolicías. ¿Está de acuerdo?
En el caso del asesino del naipe, el Grupo V de la Policía Judicial de Madrid, fue a pedir un mandamiento de entrada y registro para coger el arma de la casa del sospechoso. Estaba de guardia un juez determinado que lo denegó. Y tuvieron que esperar hasta el día siguiente.
Las cosas son así. Hay jueces y fiscales extremadamente buenos y otros que no lo son tanto.
¿La Justicia es una lotería, para incluso la policía, entonces? ¿Depende del juez que te toque?
Pues desgraciadamente así es. Para la policía la justicia también es una lotería. Si todo funcionase como tiene que funcionar, dos hechos calcados en juzgados diferentes tendrían que tener el mismo resultado. Y tienen resultados diametralmente opuestos. Con lo cual entra en la percepción subjetiva del juzgador, que tiene que interpretar la ley. En ocasiones no es nada afortunada.
En mi novela he intentado ser legalista y ceñirme a la realidad más absoluta. Todos los procedimientos que describo en Matallana se hacen así en la realidad, o deberían hacerse.
Hay jueces y fiscales extremadamente buenos y otros que no lo son tanto
En su novela introduce también tramas secundarias, como en las series de televisión. Tramas que ayudan a conocer a los protagonistas pero que nada tienen que ver con la principal.
Sí, son hechos que realmente han sucedido. Lo que intento es acercarme a la realidad del policía judicial. En las películas los policías siguen una investigación, desde su comienzo hasta su fin, de forma exclusiva, y no es verdad. En la vida real, siguen entrando asuntos y vas priorizando.
Encima de tu mesa van cohabitando veinte investigaciones y tú vas tirando de una y de otra, en función de los funcionarios que tengas, de los apoyos que te den, de la urgencia que haya, de lo caliente que esté un asunto o de si te ha requerido el juzgado para que le des respuesta a algo.
Y después entra el factor humano, que va más allá del profesional, que alguien te llama porque ha sucedido algo y quiere ver si le puedes ayudar.
El comisario que lleva a cabo la investigación es un bueno de película. Un tipo inteligente y admirado. ¿Cuántos como ése te has encontrado en la vida?
En la Corporación hay gente buenísima. La jefa de la provincia de León es un cañón. Y no es una cuestión de conocimiento. Es una gestora brutal. Sabe tratar muy bien a la gente.
¿Por qué eligió el planteamiento de hombre contra hombre?
La segunda del policía judicial es una mujer. De hecho, la investigadora en la que base el personaje se enfadó conmigo porque me dijo que tenía que haberle dado un perfil mucho más cañero. ‘Aquí tenía que haber sido una sex machine’, me dijo [se ríe].
En mi promoción sólo hubo un 10 por ciento que eran mujeres. Y ahora está entre el 15 y el 20 por ciento.

Recientemente me contó un comisario principal que las investigadoras tenían una visión diferente que los investigadores. En su opinión, las mujeres se fijaban mucho más en los detalles concretos y los hombres tenían una visión general. Y la combinación de los dos era muy positiva. ¿Está de acuerdo?
Yo creo que va más allá del género. Depende del perfil personal de cada uno. Lo que sí es verdad es que ellas sacan más punta de cualquier cosa, para bien y para mal.
Son mucho más metódicas, más ordenadas, eso sí. Pero, a veces no merece la pena analizar el barro. El barro es barro. ¿Para qué vamos a seguir?, ¿me entiende lo que le quiero decir?
Eso sí, cuando dan con el hilo bueno, desgranan la madeja por completo.
¿El factor humano es siempre determinante en las investigaciones policiales?
El factor humano es determinante en la vida real, siempre. En todo.
Por mucho protocolo que exista, las cosas funcionan por las personas, porque las personas que lo forman hacen todos los esfuerzos necesarios. Son puentes invisibles que hacen que las investigaciones avancen.
Por mucho protocolo que exista, las cosas funcionan por las personas, porque las personas que lo forman hacen todos los esfuerzos necesarios
Usted ha sido formado en Estados Unidos, con el FBI y con las policías locales. ¿Qué diferencia encuentra con respecto a nuestros Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado?
Cuando viaje a formarme a Estados Unidos a recibir formación con el FBI, AIS y con las agencias de policía locales me volví decepcionado. ¿Por qué? Porque ellos lo someten todo a protocolo. ¿Cuál es la gran ventaja del CNP? Que hay muchísima imaginación.
En España los investigadores policiales trabajan con una precariedad brutal. Mi primer destino fue la Brigada de Policía Científica en Navarra y nuestra campana de cianocrilato era una caja de cartón forrada de plástico.
La gente se cree que aquí la Policía trabaja con los medios de la serie de CSI y no es verdad. Es lo mínimo de lo mínimo.
En su tiempo como miembro del CNP, ¿ha dejado algún caso sin resolver? ¿Le ha obsesionado?
Sí. Hubo un malo que era un gran defraudador y quedó ahí. Yo me marché de la policía, pero los confidentes me seguían contando cosas. Lo cómodo habría sido mirar para otro lado. Yo esa información la canalicé.
Alguna gente, que me sucedió, pasó de esa investigación porque decía que era difícil. Afortunadamente, con el paso de los años, llegó un perfil super potente, que está ahora en la Comisaría General, retomó determinadas investigaciones y esa, en concreto, la judicializó en la Audiencia Nacional y dio muy buen resultado.
Fue un éxito de una persona que forma parte de la corporación, no de la Corporación.