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¿La tecnología es un factor de discriminación?

Javier Puyol es el socio director de Puyol Abogados, una boutique legal especializada en el mundo de las nuevas tecnologías y el cumplimiento normativo. Confilegal.
| | Actualizado: 12/09/2016 23:07

Tal como señala Reyes Krafft[i], la sociedad de la información y del conocimiento está transformando el mundo en el que vivimos, gracias a las tecnologías de la información y de las comunicaciones, nos encontramos ante una nueva revolución, la del conocimiento. Esta nueva revolución basada en el conocimiento, se basa en compartir y transmitir la información y conocimientos con la finalidad de hacernos más competitivos y productivos.

Se ha demostrado que las tecnologías de la información son ya una herramienta fundamental en las nuevas economías del conocimiento y que las mismas pueden ser utilizadas como un medio para mejorar la productividad y competitividad.

No obstante, si bien las tecnologías de la información y las comunicaciones pueden ser un habilitador y herramienta para acceder a la sociedad de la información, también se pueden se convertir en un excluyente para la población.

La tecnología no constituye un hecho aislado, sino que está en función del resto de elementos de influencia en nuestro entorno social. La discriminación por razón de género es sin lugar a dudas, uno de los elementos más ilustrativos de dicha “brecha digital”.

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Por ello, uno de los fenómenos sociales más relevantes de nuestro tiempo, y que sirve como botón de nuestra, de las cada vez más patentes desigualdades existentes en nuestra sociedad, es la llamada “brecha digital de género”.

En este sentido, debe valorarse que la tecnología es un evidente signo de progreso social.

Una sociedad más tecnificada, es sin lugar a dudas, una sociedad más desarrollada. Pero el avance tecnológico y social está presentando manifiestas carencias que se materializan en las desigualdades en lo que se refiere al acceso a los medios tecnológicos en general, y un buen reflejo de ello es el ya citado fenómeno conocido como “brecha digital”.

BRECHA DIGITAL

Se entiende por brecha digital la distancia en el acceso, uso y apropiación de las tecnologías tanto a nivel geográfico, a nivel socioeconómico y también en las dimensiones de género, en articulación con otras desigualdades culturales.

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La brecha digital se encuentra en relación con la calidad de la infraestructura tecnológica, los dispositivos y conexiones, pero sobre todo, con el capital cultural para transformar la información circulante en conocimiento relevante.[ii] Y de acuerdo con Eurostat, la brecha digital hace referencia a la «distinción entre aquellos que tienen acceso a Internet y pueden hacer uso de los nuevos servicios ofrecidos por la World Wide Web, y aquellos que están excluidos de estos servicios».

Este fenómeno social se caracteriza por la manifiesta separación que introduce entre las personas que poseen este acceso a los medios tecnológicos, y que los integran como un elemento habitual y común en el ámbito de su vida, de aquellos otros que o bien carecen de los mismos, o que incluso, teniendo la posibilidad de acceder a las Tecnología de la Información y comunicación, no saben efectivamente el modo de utilizarlas, ni de integrarlas cotidianamente en el desarrollo de sus vidas para la satisfacción de sus necesidades.

Este término también posee otros significados que lo caracterizan, Por ejemplo, a través del mismo se hace referencia a las diferencias que hay entre grupos según su capacidad para utilizar las TIC de forma eficaz, y ello debido a los distintos niveles de alfabetización y capacidad tecnológica.

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Del mismo modo, el concepto de “brecha digital” se utiliza también en multitud de ocasiones para hacer referencia y señalar las diferencias existentes entre aquellos grupos que tienen acceso a contenidos digitales de calidad, y aquellos que si bien tienen acceso a los mismos, tales medios poseen una dudosa calidad técnica.

Históricamente, si hacemos un ejercicio de memoria colectiva, puede recordarse un ejemplo que todos hemos vivido con relación a dicha desigualdad.

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El hecho de disponer de una línea de teléfono fijo en su domicilio, o lo que conllevaba en sus primeros momentos, el acceso a la telefonía móvil, que suponía un hecho de distinción o de discriminación social, circunstancias todas estas, que marcaban profundas diferencias entre aquellos que tenían acceso a las mismas, de los demás.

De aquella incipiente diferenciación entre disponer de dichos medios o no tenerlos, se ha pasado a otro concepto de brecha digital, que pone su especial énfasis, en conocer su funcionamiento, usar dichos medios, e integrarlos en la vida ordinaria de cada persona.

Por todo ello, se puede afirmar que intentar reducir las desigualdades que tiene el impacto de la tecnología entre los ciudadanos, favoreciendo un mayor acceso a dichos medios, y a su mayor conocimiento supone, a la postre no sólo favorecer dicha igualdad, sino favorecer e impulsar el desarrollo económico y social de los pueblos, y todo ello implica una responsabilidad colectiva de los países y las sociedades más ricas, sobre las menos prósperas o favorecidas, pero sobre todo lo que implica es la existencia de una responsabilidad de todo el colectivo humano en pro de un avance hacía un mundo más equilibrado y justo.

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SÓLO UN BAJO PORCENTAJE DE LA POBLACIÓN MUNDIAL SE HA BENEFICIADO

Todo ello, en palabras de Serrano y Martínez[iii], lleva a la conclusión de que las tecnologías de la información y comunicación han sido parte esencial de los recientes cambios dramáticos en la economía y en la sociedad.

Todas estas modificaciones han acentuado la separación de los sectores sociales de bajos ingresos con respecto de aquellos con mayores ingresos, y con posibilidades y opciones de acceso a la información.

Sólo un bajo porcentaje de la población mundial ha sido beneficiado las bondades de la tecnología, y sólo unos cuantos son los que tienen acceso a toda la gama de servicios que esta ofrece. Esta condición es conocida, tal como quedó indicado anteriormente como “brecha digital”.

El acceso a la información y al conocimiento se ha convertido, constituye una herramienta importante para que los países y grupos sociales evolucionen a mejores niveles de desarrollo.

Dicho lo anterior, la brecha digital necesita ser medida no sólo en términos de número de teléfonos, número de computadoras y sitios de Internet, sino también en términos de opciones, facilidades y costos adecuados para el acceso a la red y a programas de capacitación y educación que permitan optimizar el uso de la infraestructura instalada estos programas deben apoyar la población en la aplicación del conocimiento adquirido a las necesidades locales, que tiendan a mejorar la calidad de vida, en su propio contexto, y en el entorno cultural y social, en la que la misma se desenvuelve.

Por ello, es importante considerar que las tecnologías de la información y la comunicación no constituyen por si mismas, una fórmula mágica que pueda revolucionar la vida social, pero en la práctica si están contribuyendo de manera activa a mejorar la vida de todos los habitantes del planeta.

Todos somos conscientes que los usos y los hábitos sociales, especialmente desde la irrupción de internet y de los dispositivos móviles ha han sufrido un importe cambio, que se materializa en múltiples facetas de nuestras vidas.

Hoy en día se dispone de herramientas e instrumentos basados principalmente en el desarrollo de la tecnología, que como principal consecuencia harán avanzar la causa de la libertad y la democracia, y todo ello ha de concretarse en la generalización de toda clase de medios y dispositivos de esta naturaleza, que de manera primordial permitan adecuadamente propagar los conocimientos y facilitar la comprensión mutua entre los diferentes pueblos y sociedades.

VENTAJAS

Como una cuestión adicional en el examen de la tecnología como elemento de discriminación, deben tenerse en cuenta algunas de las ventajas que proporciona el acceso a los medios tecnológicos en nuestras vidas, y que se pueden concretar, entre otras muchas, en las siguientes características que se citan a continuación[iv]:

a). El acceso a Internet, al conocimiento y a millones de oportunidades.

b). El hecho de poder comunicarse mediante redes sociales y el entorno social media.

c). El teletrabajo, el cual permite darse a conocer a nuevos clientes y las ventajas del comercio electrónico.

d). El conocimiento de la informática y los periféricos que le rodea para facilitar las tareas diarias.

e). El acceso a las Redes de comunicaciones.

f). El hecho de poder comprar o vender en cualquier lugar del mundo.

g). La tele asistencia o video vigilancia.

h). La domótica e informática en el hogar para la accesibilidad de personas discapacitadas o ancianos.

i). La posibilidad de poder disfrutar de los equipos multimedia de imagen y sonido para el hogar.

j). La circunstancia de poder aprovechar todos los recursos para la educación.

Estas, entre otras muchas son las ventajas que nos proporciona la tecnología día a día.

Es evidente que en el desarrollo de las personas y de los pueblos, el hecho de contar con estos medios y poder disponer de estos servicios que se han descrito, se materializan en diferencias más que notables, que se concretan no sólo en el avance social, sino en hechos tan determinables como el acceso a la cultura, el desarrollo económico, o en cuestiones tan puntuales como el acceso al mercado laboral, o la igualdad de géneros, a los que es preciso y necesario hacer expresa referencia en estas reflexiones.

En este sentido, Everett Rogers, en su libro «Difusión of Innovations» (2003)[v], define la pauta de distribución de las innovaciones como una curva de Bell, en cuyo seno es posible diferenciar hasta cinco grupos de individuos, a partir de sus características socioeconómicas y demográficas, así como de sus actitudes:

a). Un primer grupo, minoritario, al que se conoce como el de los “innovadores”, engloba al conjunto de personas capaces de tomar iniciativas y correr riesgos.

b). En un segundo grupo se encuentran aquellos individuos conocidos como early adopters, normalmente líderes sociales con un alto nivel educativo.

c). El tercer grupo (early majority), más numeroso y caracterizado por la prudencia de sus integrantes, así como por su amplia red de contactos sociales.

d). Un cuarto grupo igualmente numeroso (late majority) está formado por personas escépticas, tradicionales, con bajo estatus socioeconómico.

e). Finalmente, en el grupo de los “retardados” se sitúan aquellas personas que o bien se mantienen en un nivel muy tradicional, o bien están aisladas en su sistema social. Las primeras tienden a no confiar en las innovaciones. Las segundas, por el contrario, carecen de interacciones sociales que potencien la percepción de beneficios y estimule en el uso de la innovación y, por lo tanto, se ven permanentemente privadas de sus ventajas.

Este conjunto de perfiles humanos completamente diferenciados, determinan en todo caso, y de manera trascendente unos accesos, usos y capacidades y capacitaciones completamente diferenciadas de los usuarios frente a dichos recursos tecnológicos, y sus potenciales aplicaciones, lo que aumenta la desigualdad entre los individuos.

CAMBIA LA FORMA DE PENSAR

Por ello, la brecha digital tiene su marco natural en la Sociedad de la Información que se caracteriza, tal como refleja un estudio de la UGT sobre la desigualdad postergada[vi], por el hecho de haber cambiado nuestra forma de pensar, de vivir y de relacionarnos con lo que nos rodea.

Una de sus principales características es el acceso instantáneo, omnipresente, ubicuo, interoperable y multidisciplinar al conocimiento y a la información. Una información a la que solo se puede acceder mediante Internet y que se difunde únicamente por medios digitales. Este fenómeno no es casual, es fruto de nuestra capacidad para desarrollarnos como civilización. Tampoco constituye un hecho compartimentado o elitista, ya que una de sus principales características es la libertad y la pluralidad.

Es global, nos afecta a todos de forma directa o indirecta y, sin ninguna duda, ya no tiene vuelta atrás.

Pero como cualquier otro avance significativo en la historia de la civilización, tiene su envés, su contrapartida: el riesgo de exclusión, el peligro de diferenciar a aquellos que pueden acceder de forma cómoda y rápida a este nuevo paradigma social de aquellos sectores de la población que no pueden y, por tanto, se quedan fuera de esta innovación, de esta nueva forma de comprender la vida, de la nueva realidad, del futuro.

Finalmente, otro aspecto ciertamente importante en el que se materializa la brecha digital, y las desigualdades generadas al amparo de la tecnología, y al que se hizo referencia anteriormente, es el que se refiere a las diferencias por razón de género que se producen el acceso y uso de las tecnologías de la información y la comunicación.

Las innovaciones tecnológicas no se difunden de manera regular en el sistema, y debe constatarse que son múltiples los factores que afectan a las mujeres de manera discriminatoria, entre los que se encuentran los roles de género, la propia educación, y la propia distribución del trabajo en el marco de las sociedades, que determinan como principal conclusión, que el acceso de las mujeres a las nuevas tecnologías, siempre lo sea en un grado menor que el de los hombres.

Ello constituye en la actualidad un difícil reto, que además no tiene una inmediata solución, pero sin duda la misma estriba en que las mujeres tengan las mismas oportunidades personales y profesionales que los hombres, y que su acceso a las nuevas tecnologías sea similar al que realizan los hombres, como lo sea también su capacitación y su conocimiento en el uso de las mismas.

[i] Cfr.: REYES KRAFT, Alfredo Alejandro. “Acceso a Tecnologías de la Información y Comunicaciones” en Sociedad y Economía Digital. México.

[ii] Cfr.: WIKIPEDIA. Concepto de brecha digital.

https://es.wikipedia.org/wiki/Brecha_digital

[iii] Cfr.: SERRANO SANTOYO, Arturo, y MARTINEZ MARTINEZ, Evelio. “La brecha digital”: mitos y realidades”.

http://www.labrechadigital.org/labrecha/LaBrechaDigital_MitosyRealidades.pdf

[iv] Cfr.: COACHING TECNOLOGICO. “¿Qué es la brecha digital”.

¿Qué es la brecha digital?

[v] Mención llevada a cabo por CASTAÑO COLLADO, Cecilia en su artículo “La segunda brecha digital y las mujeres”

http://www.mujeresenred.net/spip.php?article1567

[vi] Cfr.: UGT. “La brecha digital en España”. Estudio sobre la desigualdad postergada”.

http://www.ugt.es/publicaciones/brechadigital_web.pdf

por Javier Puyol.

Javier Puyol es abogado, socio director de Puyol Abogados, magistrado excedente, exletrado del Tribunal Constitucional, exdirector de la Asesoría Jurídica Contenciosa del BBVA, consultor en tecnologías de la información y comunicación, administrador concursal, árbitro y mediador civil y mercantil, profesor universitario y académico de la Real Academia de Jurisprudencia.
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