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Enrique Lillo, primer abogado sindical que se alza con el premio ASNALA 2016, al laboralista del año

Enrique Lillo, premio al Laboralista del año que concede la Asociación Nacional de Laboralistas.
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De trabajar en la clandestinidad a ser pieza clave de cualquier despacho. Los abogados laboralistas son claves en cualquier bufete. La Asociación Nacional de Laboralistas (ASNALA), organización de referencia de estos profesionales acaba de adjudicar a Enrique Lillo, abogado de Comisiones Obreras (CC.OO.),  el premio al Laboralista del año.

En el próximo Congreso de la entidad se le hará entrega del preciado galardón.

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Hablamos con Martín Godino, presidente de la asociación para localizar al bueno de Enrique, toda una institución en el mundo de las relaciones laborales.

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Para este experto letrado “hablamos de un profesional inteligente y honesto al que tuve que enfrentarme en los juzgados muchas veces. Buen compañero y extraordinario abogado de estrados”, apuntó al pedirle su opinión sobre este jurista con el que ha compartido más de un pleito.

El jurado de ASNALA ha tenido en cuenta a la hora de galardonar a Lillo su trabajo en la creación y desarrollo de los servicios jurídicos de CC.OO. desde aquel 1977, en plena transición y por ser una referencia en el mundo de la abogacía del trabajo.

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“Desconocía que soy el primer abogado sindical que logra este premio. Estoy orgulloso que esta entidad haya reconocido mi trabajo”, son sus primeras palabras.

Hay que darse cuenta que este prestigioso galardón lo han obtenido personalidades del mundo laboral como Luis Enrique de la Villa, Aurelio Desdentado o Juan Antonio Sagardoy entre otros prestigiosos juristas.

El premio está abierto a los abogados laboralistas, graduados sociales, miembros de la Judicatura, catedráticos y profesores de la Universidad.

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Este manchego que ha superado la sesentena lleva “trabajando toda la vida por los trabajadores”. Después de estudiar Derecho en la Complutense y participar en diferentes actividades franquistas, llegó al mundo laboralista, primero en un pequeño despacho y luego en el propio sindicato CC.OO.

40 AÑOS DE PROFESIÓN

En estos casi cuarenta años de ejercicio profesional Enrique Lillo reconoce que ha cambiado bastante el mundo de las relaciones laborales, donde la relación entre empresario y trabajador desde su punto de vista es más desigual que nunca: “La situación es mala. No se respeta la legislación laboral y los problemas de finiquito siempre han estado ahí».

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A su juicio, el incumplimiento de las normas laborales se ha recrudecido en estos años de tanto desempleo.

Para este “abogado de izquierdas”, que así se considera, se ha echado en falta planteamientos claros en los políticos de cara a mejorar la reforma laboral.

«Al poner en marcha esta reforma laboral se tenía que haber creado un filtro para evitar los despidos colectivos que ha generado. Debería haberse quedado el control administrativo previo para que no se hubiera masificado como así ha pasado estos años», explica.

A su juicio hay que recuperar este mecanismo “o un laudo arbitral que controle esta práctica. Al mismo tiempo, no creo que se pueda abaratar más el despido y configurar más causas. En muchos casos ha habido despidos que fueron arbitrarios y no responden a la lógica económica en muchas empresas”.

También reclama que vuelva el subsidio para mayores de 52 años y otras prestaciones sociales.

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Lillo alza la voz cuando hablamos de la temporalidad en la contratación.

“Son numerosos los contratos fraudulentos temporales que hay en este país, muchos de ellos sin causa legal. Creo que la situación nos está desbordando en estos momentos”.

Para este letrado los fallos del Tribunal de Justicia de la Unión Europea dejan claro que hay una utilización excesiva de la temporalidad. “Siempre habrá contratos temporales, aquellos que se justifiquen por la situación”.

NECESARIO LUCHAR CONTRA EL FRAUDE DE LA TEMPORALIDAD

Nuestro interlocutor, como ya lo hiciera el profesor De la Villa en otra oportunidad, reclama más medios para luchar contra el fraude laboral.

“Los inspectores de trabajo están desbordados, pero creo que tiene arreglo. Hay que elevar las cuotas de la Seguridad Social y penar un despido de un contrato laboral fraudulento sea nulo. De esta manera la empresa estaría obligada a la readmisión y abono de salarios de tramitación o a pagar una indemnización importante”, cuenta.

Para Enrique Lillo resulta del todo modo lamentable que la Administración, a diferentes niveles, sea el principal usuario de los contratos temporales en fraude de ley.

“En la última etapa de máxima austeridad del país y control de déficit público apenas se ha convocado la habitual oferta pública de empleo. Se recurre a este tipo de contratos fraudulentos para paliar las necesidades de personal”, dice.

Sobre el futuro de los miles de interinos que hay en las Comunidades Autónomas y organismos públicos, nuestro entrevistado augura que “habrá que poner en marcha oferta públicas de empleo y los que no accedan a través de estas tendrán que continuar como interino. Y si se les retira por una causa lícita de su puesto, tendrán que indemnizarles con veinte días por año trabajado. Si se hace de forma ilícita habrá que aplicar la doctrina del despido nulo o improcedente”.

El nuevo premio ASNALA se sincera con este periodista y reconoce que los sindicatos no pasan por su mejor momento en la actualidad “la crisis económica nos ha afectado mucho. Se han recortado las subvenciones públicas y la filiación ha disminuido notablemente. La situación es mala pero lo los sindicatos son fundamentales en cualquier esquema de relaciones laborales. Sin organización los trabajadores no pintan nada”.

Enrique Lillo muestra su preocupación cuando oye al ahora Gobierno en funciones hablar tanto del emprendimiento en detrimento del trabajo por cuenta ajena.

“Es un error cambiar de modelo de forma radical. Muchos autónomos y emprendedores están con negocios ruinosos y sobreviven a duras penas. No creo que sea lógico el fomento de una actividad que puede ser ruinosa. Hay que apostar por crear empleo asalariado estable”, afirma con rotundidad.

En opinión de este abogado sindicalista, la nueva medida tomada desde diferentes tribunales y a nivel legislativo del registro de la jornada de trabajo es importante. “Es fundamental este registro de la jornada y de cada hora. Hay casos a nivel temporal de trabajadores contratado temporalmente que trabajan más horas de las cotizadas”.

Recuerda además que el citado registro se encuentra en el artículo 35.5 del aún vigente Estatuto de los Trabajadores.

Hablar de Lillo es hacerlo de muchos casos mediáticos. El más reciente el que tiene que ver con Coca Cola y su secuela de sus fases procesales le han convertido en un referente en la lucha contra las multinacionales.

Su victoria en este asunto a nivel jurídico rompió la estrategia creada por los abogados de aquella empresa empeñados en recortar los derechos de aquella plantilla “Siempre me gustó trabajar. Estoy orgullo de lo que he hecho hasta ahora y por eso prefiero no destacar un asunto de otro”, apunta con modestia.

Para este sindicalista curtido en mil batallas hay que romper un mito que hacemos ahora, cuando acabamos esta charla con él.

“No es cierto que el juez en el campo laboral esté siempre del lado del trabajador. El juez es imparcial, lo que sucede es que muchas veces la empresa cae en el despido improcedente porque lo hace técnicamente mal”. Y señala que puede estar mal redactada la carta del despido o mal identificadas las causas del mismo. “A veces el despido es una decisión arbitraria y el trabajador no hizo nada”, concluye.