El gobierno de Rajoy visto desde el cuento del maestro Zen

El gobierno de Rajoy visto desde el cuento del maestro Zen

31 / 10 / 2016 12:27

Actualizado el 31 / 10 / 2016 19:54

En esta noticia se habla de:

Hay un viejo dicho que dice que las opiniones son como las narices, todo el mundo tiene una (en la “versión original” se suele utilizar otro órgano que, por cuestiones de decoro, he cambiado por este).

Basta con encender la televisión, la radio o conectarse a Internet. Los opinadores -yo incluido- proliferamos como las setas.

Todos defendiendo nuestro punto de vista como si fuera la verdad absoluta y con un aplomo y seguridad similar al de la bruja Lola cuando hace sus predicciones. Pero con la desventaja de no poder amenazar a los contrarios con las velas negras de la vidente.

Ahora que el PSOE se ha abstenido y ha dado luz verde al gobierno en minoría de Mariano Rajoy las voces de uno y otro lado avisan ora con el cielo ora con el infierno.

El comienzo del capítulo primero de «Historia de dos ciudades», la novela del británico Charles Dickens, escrita en 1859, hace 157 años, viene al pelo para describir la situación que estamos viviendo en nuestra España hoy:

«Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación«.

«Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada; caminábamos derechos al cielo y nos extraviábamos por el camino opuesto. En una palabra, aquella época era tan parecida a la actual, que nuestras más notables autoridades insisten en que, tanto en lo que se refiere al bien como al mal, sólo es aceptable la comparación en grado superlativo».

¡157 años!.

Parece como si nada hubiera cambiado.

¿Nada?

Es una exageración. Porque las cosas jamás son blancas ni negras, como se están presentando. Nunca lo han sido.

Por eso me impresionó, desde el primer momento que lo escuché, el cuento del maestro Zen.

Se quedó en mi memoria grabado a fuego.

¿Por qué?

Porque lo evidente es lo que nadie ve hasta que alguien lo explica con claridad y el cuento es de una clarividencia meridiana.

Este cuento específico -porque hay otros muchos cuentos- fue utilizado por el director de cine estadounidense Mike Nichols en su celebérrima película “La guerra de Charlie Wilson”. 

Un «peliculón», si me permiten la exageración, con guión de Aaron Sorkin, el creador de «El ala oeste de la Casa Blanca» y «Newsroom».

«La guerra de Charlie Wilson» es la historia del final de la guerra de Afganistán y de la derrota de la Unión Soviética. Está interpretada por Tom Hanks, en el papel del senador estadounidense Charlie Wilson -recientemente fallecido-, quien consiguió cambiar el curso de la contienda propiciando que los muyahidines vencieran a los rusos y los echaran de su país -con armamento facilitado secretamente por EE.UU.-.

No es una película de clase B ni nada por el estilo. La «chica» es nada menos que Julia Roberts.

La escena sobre el cuento del maestro Zen se halla al final del filme.

Es una fiesta en Washington y están celebrando la victoria con el senador. En un momento se le acerca a Wilson el agente de la CIA, Gust Avrakotos, la pieza fundamental que consiguió canalizar todo el armamento a los afganos, hombre de confianza suyo. Entre los dos se produce un diálogo esclarecedor, en un aparte, de una terraza.

Gust: Escuche, no es por nada, pero ¿conoce usted la historia del maestro Zen y el adolescente? Había un jovencito que le regalaron un caballo cuando cumplió los 14 años. Y todo el mundo en el pueblo dijo ‘¡Qué maravilloso! El chaval tiene un caballo’.

Y el maestro Zen dijo, ‘ya se verá’.

Dos años más tarde, el joven se cayó del caballo y se rompió una pierna. Y todo el mundo en el pueblo dijo, ‘¡qué terrible!’.

Y el maestro Zen dijo, ‘ya se verá’.

Entonces se declaró la guerra, y todos los jóvenes tuvieron que ir a luchar, excepto el chaval que no podía porque tenía la pierna destrozada. Y todo el mundo en el pueblo dijo, ‘¡qué maravilloso!’

Y el maestro Zen dijo…

Wilson: ‘Ya se verá’.

Gust: Lo ha cogido.

Avrakotos convence al senador de que no se podía dejar Afganistán a su suerte. De que había que canalizar inversiones desde Estados Unidos para reconstruir un país formado por gente mayoritariamente joven.

Gust: Envíeles algún jodido dinero, Charlie. Puede empezar con carreteras. Pase a colegios y fábricas. Reabastezca los rebaños de ovejas. Déles trabajo, déles esperanza.

En descargo del senador Wilson hay que decir que trató infructuosamente de que el Congreso destinara fondos para esos fines, para la construcción de escuelas, de hospitales, de carreteras, de fábricas en ese país. Pero no lo consiguió.

Como consecuencia, los talibanes se hicieron poco después con el control de Afganistán, país del que Bin Laden hizo su base más tarde.

Luego sucedió el atentado contra las Torres Gemelas, la invasión de Afganistán, la segunda guerra del golfo y todo lo que estamos viviendo en estos momentos.

«La guerra de Charlie Wilson» eran los polvos de los lodos en los que nos hallamos inmersos actualmente.

La historia del nuevo gobierno de Mariano Rajoy comienza de la misma manera. Porque tiene los mismos desafíos: hacer frente al futuro de una manera eficaz.

Todo dependerá de lo que el presidente del Gobierno y su gente -acostumbrada a una mayoría de 187 diputados durante cuatro años- sean capaces de hacer con una minoría de 137 diputados y el apoyo de Ciudadanos y de una parlamentaria canaria.

De las voluntades que consigan concitar en el otro lado, entre peneuvistas o el propio PSOE, del esfuerzo que inviertan y desplieguen y también, por supuesto, de la suerte.

¿Serán capaces de cambiar, como se dice, el «chip»?

En las manos finales de Rajoy está que la historia se escriba de una manera, en plan catastrofista, como pregonan desde la oposición, o que la cosa se enderece.

Pero una cosa es segura: nunca lloverá a gusto de todos.

Jamás.

El futuro de España es, hoy por hoy, una página en blanco que le corresponde escribir a Rajoy y a los suyos. ¿Conseguirá devolver la esperanza y traer la prosperidad?

La pelota está en su tejado.

El ruido opinativo mediático y político no cesará. Al contrario. Arreciará. Con toda seguridad. Al ciento por ciento.

Tenemos que convencernos de que ese es, precisamente, el sino de la democracia y de su libertad de opinión y de información.

Es «La historia de dos ciudades» que se repite como un bucle sin fin.

Por eso, lo saludable y lo sano es acordarse del maestro Zen, que desde la sabiduría decía aquello de ¡ya se verá!. Porque no hay otra.

Lo último en Firmas

CDL

Opinión | CDL: Los jueces españoles ya cuentan con la ‘anti-suit injunction’ y probablemente muchos aún no lo saben (II)

Junceda en un quirófano

Opinión | ¿Cámaras en los quirófanos?

fraude

Opinión | Firmas, mentiras y dinero público: así se cocina el fraude en las ayudas en España

Policía UDEF en Ferraz

Opinión | La Justicia no es fango

1975-2026 carrera

Opinión | El mundo de anteayer: lo que veían los ojos de un joven en 1975 y lo que ven los de hoy