Después de pasar los 48 últimos años de su vida en la cárcel, Charles Manson, de 83 años, inductor de los asesinatos de la actriz Sharon Tate y seis personas más en 1969, ocurridos en Los Ángeles, falleció ayer domingo en el hospital Mercy de Bakesfield, de esa ciudad californiana.
Manson fue declarado culpable, en 1971, del delito de conspiración para cometer esos siete asesinatos, que llevaron a cabo por un grupo de sus seguidores en dos días consecutivos. Los primeros cinco tuvieron lugar en la casa de Beverly Hills de Sharon Tate, esposa del director de cine Roman Polanski, la cual estaba embarazada, y los dos restantes al día siguiente. Las víctimas fueron Leno y Rosemary LaBianca.
Fue sentenciado a muerte pero fue conmutada automáticamente a cadena perpetua cuando en 1972, cuando la Corte Suprema de California eliminó temporalmente la pena de muerte en el estado.
Manson no cometió materialmente ninguno de los crímenes por los que fue condenado. Sin embargo, fue su capacidad manipulación sobre otros lo que indujo a un grupo de ‘hippies’ miembros de su clan, conocidos como la «Familia Manson», a cometer los crueles asesinatos.
Leslie Van Houten, la miembro más joven de ese clan, explicó en su momento que Manson les había «lavado el cerebro» con sexo, LSD, lecturas constantes de pasajes de la Biblia, repetidas escuchas del disco ‘White Album’, de The Beatles, y otros textos sobre su deseo de lanzar una revolución.
Según la Fiscalía, la intención del grupo era incitar una guerra racial apocalíptica entre blancos y negros en el marco de las fuertes tensiones raciales vividas entonces en Estados Unidos.
Durante su estancia en prisión, Manson amenazó y asaltó al personal de la cárcel. Además fue acusado de estar en posesión de armas y teléfonos.